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Un referente político femenino

LA PERCEPCIÓN y opinión que tuvimos de Angela Merkel va camino de girar 180 grados. La dama inflexible, el martillo de la Europa del Sur, obsesiva con el déficit y la estabilidad presupuestaria, aparece como una líder de principios, coherente entre el discurso y la práctica política. Cuando dentro de un año se retire puede acabar junto a los grandes nombres, entre ellos varios alemanes, que figuran en el frontispicio de la catedral europea. 

Angela Merkel calificó de imperdonable el pacto de la democracia cristiana (CDU) con la extrema derecha (AfD) para colocar de presidente a un liberal, Thomas Kemmerich, en el land de Turingia. La fuerza más votada fue la izquierda Die Linke. Turingia está en el territorio de la antigua Alemania comunista. Ahí crece la ultraderecha nacionalista desde hace años. 

Merkel, en su inflexibilidad germana y en coherencia con sus principios, hizo que Europa transitase por lo más profundo de la crisis sin que se desmoronase todo el edificio. Esta canciller de mano de hierro abrió en 2015 las puertas de Alemania a una oleada de un millón de emigrantes o refugiados. Era una cuestión humanitaria y una respuesta a una necesidad en su país de población y mano de obra cualificada. Supuso un gran coste político dentro de sus propias filas y en votos. 

La crisis en la CDU por el pacto de Turingia se abre por la coherencia de la señora Merkel con su propio discurso: hay que poner puertas a la ultraderecha nacionalista. Lo dice y lo practica. A un año de una cita electoral federal, su partido se queda sin cabeza que le suceda y sin candidato. Solo un político con personalidad y liderazgo claro se atreve a optar por una vía así. Es "imperdonable" pactar con la ultraderecha nacionalista para colocar en la presidencia a un socio liberal. La crisis abierta lleva a la dimisión de Annegret Kramp-Karrenbauer, que le había sucedido al frente de la CDU, y es ya excandidata para las elecciones del próximo año. No supo imponerse frente al pactismo que suma ultranacionalismos a la derecha social y a los liberales. 

El pilar alemán es fundamental para mantener la construcción europea y alejar viejos fantasmas cuando crecen los nacionalismos. Ese pilar tiene ahora varios retos en la CDU: ganar tiempo al tiempo ante las elecciones, ganar credibilidad y encontrar una figura que asuma un liderazgo aceptado. 

Merkel construyó la 'gran coalición' con la socialdemocracia (SPD) para dar estabilidad a la política alemana, para aplicar las medidas frente a la crisis, y marcar límites a los populismos y extremismos. Tomó nota de los avisos del electorado en Alemania y en Europa: no basta con la obsesiva política antiinflacionaria o la estabilidad presupuestaria. El paro, el desmantelamiento del estado de bienestar o los salarios de miseria minan la estabilidad política y la del sistema. Saber y atreverse a hacer política coherente en ese mar revuelto, que agitaban sus socios bávaros de la CSU, y con los populismos y nacionalismo a la pesca libre del malestar social, hace que la imagen de Merkel crezca.

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