Opinión

Ya no le veo la gracia

Yo de mayor quería haber sido Santy Gutiérrez. Cada mañana abro el periódico y me parece que en un dibujo y dos frases ha logrado clavar lo que pasa en el mundo, ponerle humor y dejar muy claro por dónde respira muchísima gente. Te canta las cuarenta o te suelta verdades universales en dos trazos.

Pero no me tocó la lotería de ser tan aguda como el dibujante de El Progreso, así que no me queda otra que aguantarme y asumir que no hay manera, de que ni en tres mil caracteres voy a ser capaz de hacer un análisis tan certero y gracioso como cualquiera de los suyos.

A veces pienso que lo que me pasa es que intento en vano ser tan retorcida como quienes nos gobiernan y aspiro a adivinar esos dos pasos por delante que nos llevan. Me imagino los escenarios a los que nos quieren llevar sin que nos demos cuenta y lo que me sale es un arranque de mal humor, en lugar un enfoque sarcástico que al menos me permita una sonrisa.

Me acaba de volver a pasar. Andaba yo queriendo ver todo con gracia y convencerme de que va a ser mejor que nuestros representantes se entiendan por señas, que, oye, a lo mejor así les salen leyes más pasables y nos evitamos bodrios como los que permiten dejar a violadores en la calle, y de repente me saltó la noticia del último trágala que vamos a tolerar para conseguir tener gobierno.

Parece que en la escalada de chantaje en la que estamos instalado, la nueva exigencia (que seguro que no será la última) es que entre todos le paguemos a escote a los independentistas catalanes 450.000 millones de euros, una cifra tan mareante que una no puede casi ni imaginarla. Y claro, con sobresaltos así no hay forma de verle la gracia al asunto. Yo, por lo menos, he intentado reírme y no ha habido manera. Se me ha congelado la mueca y hasta el aliento. A ver si viene mañana Santy, me salva de esta crisis y logra que me dé la risa. Si no, lo mismo me tengo que ir a otro país que tenga más gracia.


 

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