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Vulgaridad ministerial

Estos días, mientras se sigue dando vueltas a si la manifestación del 8 de marzo fue o no causa de la diseminación de la epidemia causada por el Covid-19, se ha difundido un vídeo en el que la ministra Irene Montero habla con una informadora a la que trata como ‘tía’ en el marco de una interlocución, que aunque fuera off the record, desde luego no es ni por la terminología ni por el tono la que, al menos algunos ciudadanos, esperamos de un miembro del Consejo de Ministros.

Como la Ley 3/2015, de 30 de marzo, reguladora del ejercicio del alto cargo de la Administración General del Estado, en su disposición derogatoria, apartado C, dejó sin efecto el acuerdo del Consejo de Ministros de 18 de febrero de 2005 presidido por Rodríguez Zapatero, por el que se aprobaba el Código de Buen Gobierno de los miembros del Gobierno y de los altos cargos de la Administración General del Estado, que determinaba en el artículo tercero apartado 8 de la orden que lo formalizaba, que «el tratamiento oficial de carácter protocolario de los miembros del Gobierno y de los altos cargos será el de señor/señora, seguido de la denominación del cargo, empleo o rango correspondiente. En misiones oficiales en el extranjero les corresponderá el tratamiento que establezca la normativa del país u organización internacional correspondiente ». Es decir, que está derogada la supresión oficialmente de los tratamientos de los altos cargos del Gobierno central y de la Administración General del Estado en España. Y merced a ello han vuelto los tratamientos de excelentísimos e ilustrísimos para los responsables del poder ejecutivo central y sus organismos dependientes.

Hay que decir que no afectó para nada al resto de los poderes, ni de las administraciones autonómicas y locales. Los diputados y senadores de las Cortes, los embajadores, magistrados del Supremo, generales, presidentes y consejeros de los gobiernos autonómicos, entre otros, mantuvieron el tratamiento de excelencia, y el de señoría ilustrísima los alcaldes de capitales de provincia y algunas ciudades, los presidentes de Diputación, los magistrados, los coroneles y muchos otros.

Lo cierto es que de hecho y de derecho, los ministros y altos cargos han recuperado sus tratamientos, y supongo que la citada ministra es hoy tratada como excelentísima señora.

Me ha parecido siempre que no es razonable en las monarquías constitucionales y parlamentarias que los Reyes traten de tú, sin más e indiscriminadamente, a los ciudadanos, que ya no son súbditos, y entiendo que esa costumbre debería ser revisada. A mí, que quieren que les diga, el tuteo regio no considero que distinga a los destinatarios. Lo veo como una cosa cortesana, y desde luego la Corte ha pasado a la historia en todas partes.

Considero a su vez que un miembro del Gobierno debe mantener con los ciudadanos un trato cortés. También con los periodistas, aunque tuviera la ministra, en el caso del referido vídeo, sin que sepamos por qué, confianza con la informadora.

La cortesía es una faceta de la buena educación, y expresa la consideración y respeto en las relaciones entre los gobernantes y los gobernados.

Lo chabacano, lo grosero y de mal gusto, según el diccionario de la Rae, no se puede aceptar en la interlocución de los cargos públicos con la ciudadanía. Con sus amigos e íntimos, ellos sabrán.

Nada cursa bien con modos y palabras groseras, ni tratando a los demás sin la debida y esperable cortesía. Lo vulgar, si se impone, se quiera o no, merma incluso la autoridad y dificulta su ejercicio.

Francamente, quien se jacta de prodigar como nadie ‘cuidados’ a la gente, no vendría mal que aludiera a las personas con más consideración. El trato expresa el reconocimiento de la dignidad de los ciudadanos. ¡A ver si se enteran!

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