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La reunión de este lunes

Dice un proverbio oriental deliciosamente irónico que profetizar es arriesgado sobre todo con respecto al futuro. Por eso no me atrevo a pronosticar si la reunión de este lunes entre el presidente del Gobierno y el líder de la oposición certificará sus viejos desencuentros o si servirá para acercar posturas y llegar a acuerdos para hacer frente a los problemas de España. 

Las vísperas no invitan al optimismo. El sábado el presidente tendía la mano al PP y, al tiempo, vertía graves acusaciones y reproches a este partido. A la vez, subalternos populares pedían a los barones socialistas que cantaran las cuarenta a su jefe por las cesiones al independentismo y la deriva bolivariana del Gobierno. Da la impresión de que, a falta de ideas, viven mejor en el enfrentamiento.

Pero cabe pensar que son conscientes del momento delicado de confusión política e incertidumbre económica que vive España que tiene serios problemas pendientes a causa del largo bloqueo y ahora, con el nuevo gobierno, sigue paralizada por la rebelión institucional de Cataluña que contamina la acción política. 

Si se refugian en el lenguaje mitinero para justificar la falta de entendimiento habrán demostrado que solo son unos 'chiquilicuatres' de la política

La búsqueda de soluciones a esos problemas, que determinan el futuro del país y el bienestar ciudadano, justifica el encuentro del presidente y el líder de la oposición que están obligados a hablar y entenderse en las grandes cuestiones del Estado. Como son la política internacional y el papel de España en Europa, América Latina y la relación con Estados Unidos; la financiación autonómica y la recuperación de la legalidad en Cataluña, que requiere algo más que diálogo; el modelo de crecimiento y el mercado laboral; el pacto educativo, la sostenibilidad de las pensiones; el relevo en el Poder Judicial, Tribunal Constitucional, RTVE, la regeneración institucional… Sin olvidar la revisión de la Constitución que tendrá que esperar por un tiempo más sosegado. 

Nadie les pide que se besen, pero sí que superen sus fobias y dialoguen hasta llegar a acuerdos para sacar al país de tanta confusión y tenebrismo político. Encauzar estos problemas no es de izquierdas, ni de derechas, son los grandes desafíos que el Gobierno no puede resolver en solitario, necesita la colaboración leal del primer partido de la oposición y ha de buscar la de más fuerzas políticas. 

Seguro que saben que en la reunión de este lunes, además de la gobernanza de España, está en juego su prestigio. Si se refugian en el lenguaje mitinero para justificar la falta de entendimiento habrán demostrado que solo son unos chiquilicuatres de la política, pero no tienen capacidad para gobernar el destino del país.

La reunión de este lunes
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