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El gasóleo y la banca

El impuesto a la banca repercutirá en los miles de pequeños accionistas y en los clientes, que pagarán más intereses por los créditos y más comisiones por los servicios que demanden

CUANDO LA ministra Teresa Ribera anunció mayor fiscalidad al diésel que "tiene los días contados", convulsionó este segmento de la automoción, causó preocupación a los ciudadanos propietarios de vehículos diésel y estaba anticipando el aumento de precios de los productos que llegan a los puntos de venta en transporte que en su mayoría funciona con este carburante.

En la Adega da Muíña situada en el compostelano barrio de San Lázaro, hay un letrero con la leyenda "nesta adega fai cinco anos que non se suben os prezos", una muestra de solidaridad del tabernero hacia la clientela durante la crisis. Ahora, este hostelero advierte a sus clientes que tendrá que revisar los precios porque la anunciada subida del gasóleo va a encarecer los vinos, el café, las magdalenas, las cervezas, refrescos y demás productos que llegan a su establecimiento en vehículos movidos por ese combustible.

El impuesto a la banca repercutirá en los miles de pequeños accionistas, —igual que el impuesto de Sociedades a las cotizadas— que recibirán menos dividendo, y en todos los clientes que pagarán más intereses por los créditos y más comisiones por los servicios que demanden. Afectará también a la creación de empleo, ya menguante en las entidades financieras, y no descarten el cierre de oficinas que en Galicia acentuará la exclusión financiera.

¿Quiere esto decir que el Gobierno no puede acometer la reforma y adecuación de la fiscalidad? En absoluto. El Gobierno tiene la obligación de recaudar recursos con impuestos progresivos —que pague más el que más tiene— para redistribuirlos en una política de transferencias a las personas y clases sociales más desfavorecidas y a las regiones más necesitadas. Así es la solidaridad equilibradora de nuestro modelo de Estado social.

Pero la fiscalidad no es la única vía para sostener la agenda social. Hay otras formas de obtención de recursos, entre ellas el recorte de gastos que en nada contribuyen a mejorar el bienestar ciudadano. Eso requiere adelgazar las administraciones que pueden prestar el mismo servicio los ciudadanos, pero este Gobierno, que creó seis nuevos ministerios, igual que los anteriores que volverán a gobernar, no están por la labor. Deberían saber que la actual estructura de gastos es insostenible, salvo que quieran seguir aumentando la deuda y dejar hipotecadas  a las generaciones futuras.

Deberían saber también que mas carga impositiva es insoportable en esta sociedad precarizada.
 

El gasóleo y la banca
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