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El príncipe de Bel-Air

Si analizamos la trayectoria de Podemos, vemos que un buen número de los votos que consiguió en sus inicios provenían de aquellos que el duque de Bedford presenta en su ensayo El libro de los snobs, que vienen del marxismo, no de Marx, sino de Mark & Spencer, la cadena de moda inglesa. Una buena parte de esos votos se han perdido, por el cambio de barrio, seguro, por los dineros no declarados, claro, por la tarjeta de Dina, sin duda, por sus chanchullos, por supuesto.

Pero, sobre todo, porque nada molesta más a un esnob de izquierdas que el líder le supere en esnobismo y condición social. Se sentían felices de presumir de voto mientras invitaban a cerveza en bares de barrio con la paga de papá, pero que ahora tengan más dinero y mejor chalé, eso sí que no.

Pablo Iglesias es como esos "políticos-narciso" que describía Rafael Jiménez Asensio que "proliferan en los escalones altos del poder, que emulan al Rey Sol y hacen de la manoseada y burda comunicación política, no de la gestión eficiente, su medio de subsistencia". Es la historia interminable de la cultura del pelotazo que nos trajo empresarios que hicieron fortuna con el ladrillo y otros que la han hecho con la política.

Representa la tradición castiza del jeta de profesión que busca la oportunidad de no trabajar, incluso cuando el puesto no podría estar mejor pagado. Y aunque parezca una contradicción, no trabajar es un trabajo muy laborioso y hay que esforzarse lo suyo para que a lo largo de 14 meses en La Moncloa en su agenda no haya habido ni 10 actos al mes.

Que un político sea más o menos rico no debería ser objeto de debate y probablemente en una sociedad normal no lo sería. Pero el caso de Iglesias es distinto, ya que se presenta como el "defensor de los de abajo frente a los poderosos" y señala con el dedo acusador a los que, como Luis de Guindos, se compraban una casa de 600.000 euros, por integrar una élite financiera que defendía solo sus intereses y era incapaz de ponerse en el lugar de las personas de bajos ingresos. Se mire como se mire, ahora forma parte ahora del colectivo de privilegiados, que está mucho más cerca de ese top 10 del que tanto hablaba (los ricos que se lo está quedando todo) que del español medio.

Me pareció conmovedor ver cómo alguno se afanaba en alabanzas al considerar que su decisión de salir del Gobierno era prueba evidente de que no pretende vivir siempre de la política, cuando es justo lo contrario. Evitar la desaparición del partido en Madrid es un medio no un fin para salvar los muebles y garantizarse una retribución pública que mejore el sueldo de profesor. Cada vez tengo más claro que la serie que le ha inspirado estos años no es Juego de tronos, ni House of Cards, sino El príncipe de Bel Air y todo eso de sacar pecho sobre el barrio, pero desde uno donde las casas son más grandes y el servicio mejor

El príncipe de Bel-Air
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