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Política e historias

MUCHO SE ha hablado de la llegada de Pedo Sánchez a la Moncloa y sobre su gobierno de celebrities, que destaca más por su efecto mediático que por su perfil ideológico o profesional. La sociedad ha cambiado y con ella la manera en la que los partidos se comunican con los electores. Si antes bastaba un cartel electoral y algún leitmotiv pegadizo, ahora los candidatos se ven obligados a dejar la tribuna para escuchar y conectarse con los ciudadanos, lo que fuerza a su vez a estos a ser más activos. 

En este contexto la ideología ha dado paso a las historias, y la capacidad y experiencia profesional de los candidatos decaen en favor de la búsqueda de los mejores perfiles públicos o mediáticos. Los partidos políticos han generalizado en sus campañas electorales el uso de una técnica de marketing denominada “storytelling”, que consiste en el arte de contar historias, como medio para formar, motivar o influir. Esto es una de las formas más poderosas de hacer que un partido cobre vida en la mente tanto de sus votantes actuales como de los potenciales. Si comprendemos que la política es un mercado y el candidato una marca, es fácil entender por qué las historias son tan valiosas.

Si repasamos el nacimiento de partidos como Podemos o Ciudadanos nos encontramos que ambos más que ideología venden historias. Todos estamos inmersos en una multitud de relatos y narraciones. La televisión, el cine o el teatro cuentan historias, los padres cuentan historias a sus hijos, lo mismo que los escritores, los periodistas, los publicistas y hasta los cantantes. Todos contamos historias, las escuchamos, y las necesitamos para comprender el mundo que nos rodea. Por eso cuando queremos transmitir una idea (o buscar votos), no hay nada mejor que contar una historia.

El PSOE se ha sumado ya a este carro y el que parece resistirse es el PP, tal vez por tener una estructura más rígida, un segmento de votantes muy fiel que por edad es menos receptivo a las nuevas plataformas de comunicación política, o porque parece haber tirado la toalla para llegar a los jóvenes.

La construcción de los nuevos mensajes políticos tiene en común que priman lo emocional en lo referente a aspectos morales, ya que los ciudadanos buscan líderes justos y honrados no basta con afirmar que se tienen esos valores, sino que es preciso exhibirlos estratégicamente mediante anécdotas, fotografías, videos, etc. Usan marcos familiares para los electores, porque para que la población los vea más cercanos, los políticos convierten su vida en verdaderos reality show, donde exhiben su vida íntima, pasado, familia, hobbies, etc. Las palabras que emplean evocan emociones, de ahí que acudan a eslóganes e historias personales con mensajes breves pero poderosos, aludiendo a conceptos como familia, esperanza, futuro, prosperidad, etc. Y por último las historias que cuentan tienen siempre héroes y villanos, donde el candidato es el bueno que busca la empatía de sus electores para enfrentarse juntos a los malos.

Hoy en día no basta reducir la vida política a marcos ideológicos como derecha, izquierda, república o monarquía. A los votantes se le llega por el corazón y por la emoción como receta frente a la desafección política. El mundo y los electores han cambiado y si los partidos más tradicionales no son capaces de acomodarse a esta realidad la biología de sus votantes (los mayores se irán muriendo) y el no saber llegar a nuevos, les acabará dando una buena lección.

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