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Otra vez Tezanos y el CIS

DICTAMINABA Borges que las democracias son un curioso abuso de la estadística; si hubiese podido extender más específicamente su diagnóstico a la democracia española, la habría definido como un prolijo abuso de las encuestas del CIS.

El llamado Centro de Investigaciones Sociológicas se ha erigido en oráculo y manipulador, por igual, de las preferencias políticas de las masas. Una mezcla de consultorio zodiacal y ránking de audiencias televisivas que trata de educar la conducta e ideología futura de los españoles, usando para ello sus barómetros amañados a modo de catecismo botarate del Gobierno. Del mismo modo que las predicciones borrascosas del hombre del tiempo nos disuaden de salir de casa, o los malos shares pueden condenar a un programa televisivo a su extinción, sus estimaciones buscan influir sobre nuestra "intención de voto".

Del descrédito de sus encuestas desde que Sánchez llegó al Gobierno y puso al frente del CIS a José Félix Tezanos había ya sobradas muestras. Pero lo perpetrado con el barómetro del mes de abril sobrepasa todos los límites. Además de predisponer a los encuestados con la formulación tendenciosa de preguntas, ha tenido también la desvergüenza de plantear como incompatible la crítica y la colaboración con el Gobierno.

Pero lo que se ha llevado la palma es plantear directamente que se puedan limitar y controlar las informaciones de los medios de comunicación. Un globo sonda intolerable e inadmisible desde un organismo estatal, que busca legitimar la censura y las restricciones a las libertades básicas que consagra la Constitución, que aunque parezca increíble tener que recordarlo a estas alturas no han quedado suspendidas tras la declaración del estado de alarma y, por tanto, deben ser protegidas y cuidadas por las instituciones públicas.

Tristemente las encuestas del CIS no son a la postre otra cosa sino turbios guisos de un negociado puesto al servicio del gobierno, para moldear en su beneficio la llamada "opinión pública"

Sánchez y su Ejecutivo socialcomunista piensan que todo vale con tal de imponer su versión de lo sucedido en nuestro país con la pandemia del coronavirus, convenciendo a los españoles de que su gestión de la emergencia sanitaria ha sido la adecuada y que la oposición por patriotismo debe alinearse con los mensajes teledirigidos de Moncloa.

La visión de la ciudadanía de Tezanos parece replicar a Camilo José Cela, que miraba la política española con una suerte de cinismo y repetía a menudo que "el español es por naturaleza cateto y arrimadizo al poder, con vocación de gozquecillo lamerón". Y estimado señor, no puede estar usted más equivocado al considerar de tal guisa a nuestros conciudadanos.

Como seguro que sabe cualquier alumno de primero de Sociología, toda encuesta basada en preguntas cargadas e inductivas (las que orientan a los encuestados a responder de un modo determinado) no constituye un sondeo propiamente dicho, sino una intolerable forma de intoxicación informativa, ya que el modo en el que planteas preguntas influye en la calidad de las respuestas que recibes. Además todo esto corre de cuenta del bolsillo del sufrido contribuyente.

Tristemente las encuestas del CIS no son a la postre otra cosa sino turbios guisos (con su aliño de manipulaciones) de un negociado puesto al servicio del gobierno, para moldear en su beneficio la llamada "opinión pública". Pues, como bien sabía Rousseau (y sobre esta convicción construyó su contrato social), nada hay más fácilmente manipulable que la opinión pública.

Otra vez Tezanos y el CIS
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