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La pornografía no educa

ÚLTIMAMENTE los medios de comunicación se han hecho eco de diferentes noticias sobre agresiones sexuales entre escolares lo que ha encendido todas las alarmas, y ha encontrado su reflejo también en la memoria de la Fiscalía General del Estado que ha constatado un incremento considerable de este tipo de delitos.

A la espera de estudios más precisos sobre la naturaleza y causas de este aumento, tenemos ya algunos indicios preocupantes sobre las deficiencias de la educación emocional y sexual de los chicos y las chicas.

Para muchos padres hablar de estos temas resultan embarazoso por lo que no es infrecuente que caigan en la tentación de no mantener con sus hijos conversaciones y opten por aplazarlas o eludirlas, lo que resulta un grave error.

La popularización de Internet ha provocado un cambio en la manera de relacionarse de los adolescentes a nivel afectivo y sexual, y si una persona responsable, no vendería una revista pornográfica o una película porno a un menor, en Internet no existe esa responsabilidad y la mayoría de los padres, que ni se imaginan qué ven o con lo que pueden encontrarse sus hijos en su ordenador, no filtran las webs en las que pueden entrar, por lo que los menores a menudo acceden al porno de una manera gratuita y sin tapujos, sin saber que eso que ven es una “caricatura” perversa de la realidad que sustituye a la educación sexual.

Los jóvenes en edades preadolescentes cada vez preguntan antes y, por supuesto, también buscan antes las respuestas. Acuden a amigos, internet o a las redes sociales y como Google no siempre muestra las respuestas más adecuadas su educación es insuficiente, errónea y mal explicada. En cualquier caso, a la temprana edad de 9 años un elevado porcentaje de niños ya se ha tropezado accidentalmente con contenido para adultos mientras navegan por la red. Una investigación reciente ha revelado también que el 20% de los niños de 11 y 12 años han practicado “sexting”, es decir, se han intercambiado fotos de contenido sexual.

La pornografía como decíamos, es la primera vía de acceso al conocimiento de la sexualidad para muchos jóvenes, y eso ocurre además a edades en las que carecen de madurez emocional para poder con-textualizar y gestionar lo que están viendo. Por tanto no es extraño, que en algún momento, lo aprendido a través de esas imágenes se traslade también a su comportamiento, donde un porno estereotipado incita a la violencia sexual y a la desigualdad.

El papel de la educación sexual de los padres hacia sus hijos adolescentes es clave e indelegable y debe incidir en educarlos en valores, formar en conceptos básicos (sexualidad, amor, respeto, responsabilidad, etc), responder a preguntas y dudas, desmitificar falsas creencias, educar su sensibilidad y autoconocimiento y a ser respetuosos con la otra persona. En definitiva, convertirse en sus aliados, no en sus enemigos.

La educación sexual de los hijos sigue siendo una asignatura pendiente de los padres y de especial importancia, para poder confiar y tener más seguridad en ellos y en su libre y responsable toma de decisiones. Los padres quieren lo mejor para ellos y que estén lo más protegidos posible, entonces, ¿por qué ignorar la sexualidad, una parcela de la vida tan natural y característica del ser humano?

La pornografía no educa
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