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Un eterno problema

¿QUÉ HA de primar en Ferrol o Cádiz, la condena política a Arabia Saudí o los miles de puestos de trabajo locales? Con independencia de la cuestión ética que hay de fondo, ni el mayor de los pragmatismos puede negarlo, supone en este momento el aterrizaje sobre la realidad, por encima de las ideologías, para los políticos alternativos de las dos ciudades. De una ministra de Defensa, que aceptó el cargo voluntariamente, no cabría esperar que su discurso se caracterizase por dar primacía a la utopía de convertir las espadas en arados o, como si no tuviese responsabilidades de gobierno, negar la relación con los malos. ¿Supondría algún avance para la paz el gesto? ¿Qué dice en este caso una ética de la responsabilidad para un gobernante concreto?

Abrir enfrentamientos
Es lamentable, y suficientemente indicador, que el vídeo que recoge el encuentro y diálogo de dos excombatientes, por un bando y el otro, de la batalla del Ebro moleste a alguna formación política y a algunos líderes que se autoproclaman superadores de las políticas de la Transición. Ese malestar ante la normalidad de dos ciudadanos que lucharon forzosamente en bandos diferentes muestra más una marcha atrás, un desandar caminos de concordia, que una superación. Ese malestar no es una recuperación de la historia si por tal se entiende dignificar a las víctimas de la contienda civil: víctimas en los dos bandos. No cabría sospechar que volviésemos a este punto, tras la España reconciliada de la Transición, cuarenta y tres años después de la muerte del dictador y casi ochenta del final de la guerra civil. Una lectura de Chaves Nogales en A sangre y fuego o de Tres periodistas en la revolución de Asturias debería vacunar frente a la intolerancia que acaba en violencia.

Un eterno problema
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