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La luna y la razón

HOY, QUE hay convocatoria extraordinaria para mirar al cielo, en particular a la luna y a marte, es citable el fenómeno social que produjo Iker Casillas. Al fubolista no se le conoce por ser un científico ni un teórico de la filosofía del conocimiento. Parece relevante, aunque sea con el pretexto de un eclipse, que Iker Casillas obtuviese 130.000 respuestas afirmativas en Twitter cuando escribió que él creía que la llegada del hombre a la luna había sido un montaje. Una mentira. Son 130.000 personas que espontánea y rápidamente se suman a esa postura y expresan su incredulidad en el hecho de que el hombre haya llegado a la luna. Esta masiva respuesta afirmativa al cuestionamiento de un suceso histórico, con constataciones posteriores varias y que parece empíricamente incuestionable con los recursos de la técnica, muestra la amplia receptividad o la predisposición acrítica que encuentran ciertas noticias o ciertas opiniones. El indicador vale tanto para la ciencia como para la política o para imagen de una persona. La cuestión, o el riesgo que supone, está en los efectos o consecuencias que produce. Lo saben bien, y en negativo, con las atrocidades que sufrieron y con las mentiras que se les atribuían como colectivo, en un antisemitismo tan ramplón que debería ser increíble, los judíos europeos y españoles, en este caso antes de que los expulsasen. Si volvemos sobre la luna, que hoy llama a estar atentos por curiosidad, parece que hay más facilidad para mirar al cielo con  el sentimiento que con la razón para ver o crear el misterio, sin saber muy bien cuál, en una luna roja o de sangre. Esos 130.000  apoyos a la duda de Iker Casillas sobre la llegada del hombre a la luna se producen precisamente en un soporte que marca la sociedad de la información, que nos sitúa como individuos en una red global. En plena, o eso creemos, sociedad de la información, hay amplio campo para la desconfianza, no sabemos si hasta para la primacía del conocimiento  y el pensamiento  mágico, frente a la razón y la ciencia.
 

La luna y la razón
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