Opinión

Y en esto llegó la Unesco

QUE UN BIEN sea declarado Patrimonio de la Humanidad, al margen de ser un reconocimiento planetario otorgado por una institución supranacional de prestigio, como la Unesco, tiene unas beneficiosas consecuencias económico-sociales y de conservación, pero muy pocas veces la materialización de estas connotaciones positivas del título es tan inmediata como la que se ha producido con los caminos Norte y Primitivo a Santiago de Compostela. Recibieron el visto bueno del comité de expertos el pasado domingo y sólo cuatro días después, el jueves, en el primer Consello da Xunta, ya se aprobó un conjunto de actuaciones que permitirá su promoción. El Gobierno gallego reaccionó de forma inmediata, pero fue así porque ya tenía constancia desde hace años de las notables deficiencias que sufrían ambas rutas jacobeas -falta de alojamientos, mala señalización, pésimas condiciones de seguridad vial, abandono del trazado ....-, pero no hizo nada, salvo fijar polémicos trazados, hasta que los ojos del mundo se fijaron en esos caminos.

Las rutas Norte y Primitiva eran, hasta el momento, las hermanas pobres de la francesa, a pesar de que, realmente, son el origen de las peregrinaciones a Compostela en el siglo IX y de que fueron las principales vías a Santiago hasta que, avanzada la Reconquista hacia el sur, en el siglo XI, tomó el relevó el Camino Francés. A pesar de esta condición de secundarias, las sendas del Norte han ido creciendo en número de caminantes en los últimos años. La ruta costera, que entra en Galicia por Ribadeo, ya registró en lo que va de año 4.634 peregrinos, lo que supone un incremento del 4,57% respecto al mismo periodo del año pasado, mientras que la que accede por A Fonsagrada tuvo 3.808, con una subida del 3,76%. Ambas vías ya registraron el año pasado un mayor incremento de peregrinos porcentual que las otras sendas que concurren en Compostela.

La Xunta ignoró los caminos Primitivo y Norte hasta que fueron declarados bien mundial

El aumento de caminantes se produjo a pesar de las notables deficiencias de infraestructuras, denunciadas reiteradamente por algunos alcaldes, por las asociaciones culturales o relacionadas con los caminos y por los propios sufridores, los peregrinos. De hecho, construir un albergue en la Casa Pasarín, en A Fonsagrada, como acaba de anunciar la Xunta, no es algo nuevo. El antiguo edificio, en pleno centro histórico de la villa, ya fue adquirido por el Gobierno bipartito (PSOE-BNG) en el 2009 con la intención de crear un nuevo alojamiento en la localidad, donde entonces ya se demandaban más plazas para los caminantes. Había proyecto e incluso licencia, pero el nuevo Gobierno de Feijóo dejó los planes en un cajón. Llovió mucho desde su adquisición y nunca mejor dicho, porque el edificio se ha ido deteriorando progresivamente y, en la actualidad, a pesar de que es Bien de Interés Cultural (BIC), se encuentra en tal estado que el Ayuntamiento de A Fonsagrada amenazó con declararlo en ruina. Ahora, que llegó la Unesco, Feijóo recuperó la idea, que, por lo visto, va a materializarse en breve.

En cuanto al otro albergue anunciado por la Xunta, todavía no se sabe dónde se va a construir, salvo que será en el Camino Norte a su paso por la provincia de Lugo. El día que el Gobierno gallego anunció el plan de actuaciones, llegó a plantearse que las nuevas infraestructuras se harían en el municipio de Friol y, de hecho, así se comunicó en la nota de prensa, pero, al parecer, todavía no se ha concretado la ubicación. Este albergue resulta totalmente imprescindible, porque en el Camino Norte, desde Baamonde no hay otro alojamiento para peregrinos hasta llegar a Sobrado dos Monxes.

Ahora, que los caminos Primitivo y del Norte se han hecho visibles y están a la altura del Francés, por lo menos en titulación internacional, las instituciones implicadas habrán de velar por ellos, no solo en el aspecto material, como parece que ya va a hacer la Xunta, sino también procurando que no pierdan su carácter más íntimo y espiritual. Al margen del paisaje -que tanto en el del interior como en el de la costa son incomparables-, las rutas Norte y Primitiva a Santiago tienen el atractivo especial para los peregrinos de que no están masificadas. La senda que atraviesa Castilla y entra en Galicia por Pedrafita se convierte en algunas épocas del año en una auténtica autopista de caminantes, con los consiguientes atascos en los finales de etapa, donde es prácticamente imposible encontrar una cama en la que dormir. Hacer lo mismo con las rutas recién declaradas Patrimonio de la Humanidad podría ser un error que acabase por matarlas de éxito.

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