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El mejor homenaje a Maradona

Sevilla amaneció revolucionada el domingo 13 de septiembre de 1992. Camino del hotel me cruzo con numerosos jóvenes con camisetas y bufandas blancas. lo que me hizo pensar que —a las 06.00 a.m. las ideas más que agolpárseme me golpean— «grandes los Biris que ya preparan el Sevilla-Deportivo de hoy». Y me fui a dormir.

La verdad la conocí a la hora de la comida oficial, con las disculpas de presidente y directivos. Estaba claro, los miles de hinchas acudían a recibir el jet de Maradona y los directivos elegían la comida con Diego a la oficial con Lendoiro. Lo entendimos todos, hasta los hermanos Álvarez, directivos ‘castigados’ a cumplir con el Depor.

Y llegó la hora de conocer al mítico personaje. Sentado en Nervión, a un metro de mi butaca, respondió al espectacular recibimiento como si de Arza, Araújo o Navas se tratase. Al ‘Diego, Diego, Diego’ de 50.000 almas contestaba orgulloso con una bufanda sevillista al aire. La gente se volvía loca, mucho más pendiente del Pelusa que de lo que ocurría en el campo, donde nacía el liderazgo del Súper de Bebeto, Mauro Silva... en uno de los mejores partidos que yo recuerdo del Deportivo. Por el Pizjuán hacía negocio ese día un líder de los despachos, mi amigo Minguella, que me facilitó fichar a Kostadinov y casi a Ronaldinho, al que conocí en Huelva siendo un crío de 18 años, él directivo culé y yo presidente, en un, no se me rían, Barsa-Ural del Campeonato de España Infantil.

Pocos meses después, José María me contaba cómo había hecho un gran negocio con ‘El 10’ y sin un duro. La imaginación al poder. «Tras el OK del Nápoles a 5m/€ lo ofrecí, a través de Bilardo, a Cuervas, que declina. No tiene un duro». «Luis, pago yo a cambio de seis amistosos». Lleno en el debut contra el Bayern y éxito brutal de Antena 3 en el inicio de las privadas. Valerio Lazarov se encapricha y contrata para Tele 5, a precio de oro, los otros cinco amistosos. Con ‘El 10’ el negocio era seguro.

Por eso le pido a Fifa que le devuelva algo a Diego, cuando todavía se escucha el eco del AD1OS del gran representante del fútbol de la calle y por el que, dice Jorge Valdano, ‘llora hasta la pelota’. Que lo homenajee aprobando una ‘vacuna 10’ que frene el anti fútbol, a quien nos hizo partícipes de su sin par alegría disfrutando como nadie de ‘la pelota’. Una palabra que suena especial en boca de Maradona.

Una ‘vacuna 10’ —lástima que ‘El Pelusa’ no hubiese encontrado la que él tanto necesitaba— en recuerdo del que sufrió las dos peores caras del anti fútbol: las lesiones y las drogas, que ayude a terminar con la pérdida de tiempo.

Si no pudimos parar el reloj para disfrutar en el campo más de ‘El 10’, sí podemos detenerlo ahora y disfrutar más de los Messi, Cristiano, Neymar, Mbappe... Son todas ventajas. Sin costes ni efectos negativos; frena la violencia, castiga al infractor... y su llegada la celebrarán toda la comunidad futbolística. Aire puro.

Acabemos con el fraude al juego limpio y al espectador. Ya está bien de pérdidas deliberadas de tiempo, que en numerosas ocasiones provocan la violencia de los aficionados. El tiempo efectivo de juego es imprescindible para curar el fútbol.

Igual que la covid puso al descubierto carencias importantes de nuestro sistema sanitario público y la urgente necesidad mundial de una vacuna... Fifa también la precisa. Ya no puede mirar más para otro lado. Se tiene que parar el reloj del fútbol., igual que ya hace años lo detuvieron el basquet, fútbol sala, hockey sobre patines... y con él las discusiones. Nadie duda si la cesta o el gol entró en el tiempo reglamentario, mientras en el fútbol nadie sabe ni cuando va a finalizar el partido, ni si el árbitro permitirá lanzar una falta o terminar una jugada peligrosa.

Las estadísticas son demoledoras. De las grandes competiciones europeas donde más se juega es en Champions, 61 minutos, y donde menos en LaLiga, 54 minutos. Los espectadores españoles son los que más sufren. Pagan por 90’ y le ofrecen 54’. ¡Le defrauda un tercio del tiempo que abonan! Basta ya de trampas. Otro dato espeluznante se da en el famoso Deportivo-Fuenlabrada. El árbitro fijó 5 minutos de prolongación, que, por pérdidas, amplió a 7 minutos. ¿Cuánto tiempo de juego real se disputó? ¡¡¡Un minuto y medio de juego efectivo!!! ¿Se puede tolerar eso?

Las culpas recaerán siempre en el árbitro, que no solo tiene que controlar las reglas del juego sino que se le exige sumar mentalmente los minutos perdidos para prolongar el partido. ¿Se imaginan lo complicado que es acertar ese tiempo extra?

Algo parecido le pasó a mi amigo Lolo Gantes al preguntarle su  jefe, José María García, sobre el número de aficionados que se encontraban en el estadio herculino y el % que representaba del aforo. El histórico plumilla coruñés se lio con los números, lo que permitió a García exagerar y preguntarle con sorna: ‘por lo que dices ¿Riazor puede albergar casi 50.000 espectadores?’. Cansado de tantas preguntas y repreguntas el pícaro Lolo le contesta con una frase para la historia: «Mira, José María, a ver si por lo que me pagas también voy a tener que saber matemáticas».

Pues lo mismo deben pensar los árbitros. «A mí me pagan por lo difícil que es aplicar bien el reglamento. Para medir la pérdida de tiempo ya existen los relojes».

¿La fórmula perfecta? Dos periodos de 30 minutos de juego real... y todos observarán ¡oh, milagro! cómo desaparecen los calambres, las lesiones del portero, los retrasos en los saques... del equipo al que le favorece el resultado. Se trata de luchar contra el anti fútbol y en favor de árbitros y aficionados. Fifa, sonó el despertador. Actúe.

PD: Mi recuerdo emocionado para ese gran hombre del deporte que se nos ha ido, Juan de Dios Román, amigo y admirado compañero de pelea por un balonmano mejor y mi total indignación porque es intolerable que ayer se cumpliesen seis años de la muerte ‘televisada’ del deportivista ‘Jimmy’ y aún no conocemos al asesino.

El mejor homenaje a Maradona
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