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El idioma de los canteiros

Era un idioma muy raro. Una mezcla entre el euskera y el gallego con algunas influencias de otras lenguas

Existían hasta no hace mucho diversas lenguas gremiales. Las tenían los albañiles, los tejedores, los marineros e incluso algunas bandas de música. Hablamos de jergas, dialectos y en algún caso idiomas que sólo conocían los pertenecientes al gremio. La más extendida fue sin duda la de los canteiros, llamada latín dos canteiros o verbo das arginas, aunque en otras zonas de nuestro país eran conocidas por otros nombres.

Prácticamente todas aquellas lenguas gremiales fueron extinguiéndose y con ello perdimos un inmenso patrimonio cultural irrecuperable casi en su totalidad. El latín dos canteiros sobrevivió hasta bien entrado el S. XX. Alguna fuente hablaba en 1919 de más de 20.000 hablantes. Dicen que hay quien lo sigue hablando, aunque yo no conozco ningún caso. En la Escola de Canteiros de Pontevedra leí por ahí que se sigue enseñando, imagino que más por mostrar al alumnado la tradición del oficio que para que consigan hablarla.

Era un idioma muy raro. Una mezcla entre el euskera y el gallego con algunas influencias de otras lenguas. Sobre su origen hay discrepancias. La notoria presencia del euskera sugiere a algunos estudiosos un origen prerromano. Me parece a mí mucho suponer. Yo para estas cosas siempre me fío más de Filgueira Valverde que de nadie, y Filgueira propone el origen de la jerga en la época inmediatamente posterior a la Gran revolta irmandiña, cuando la nobleza no encontró en Galiza suficientes canteiros para reconstruir sus castillos y fortalezas, que habían sido derruidas a cientos por los irmandiños, y recurrió a mano de obra vasca, concretamente vizcaína. Sería por tanto una lengua de origen medieval, época en la que la construcción masiva de iglesias y el lío de los irmandiños convirtió al gremio de canteiros en uno de los más poderosos.

Aunque su mayor área de influencia se encontraba en la actual provincia de Pontevedra, se hablaba en lugares tan alejados de ésta como Cabana de Bergantiños, en A Costa da Morte. Lo explica muy bien Francisco Javier Varela Pose, que escribió un ensayo estupendo sobre este asunto. El latín dos canteiros, como todas las lenguas o jergas gremiales era secreto y sólo se hablaba y se transmitía entre miembros del gremio. La utilidad era variada: en primer lugar se evitaba que nadie salvo ellos pudieran entenderlos. Ni proveedores, ni contratistas ni el carpintero que estaba ahí al lado poniendo el marco de una ventana. Y reforzaba el sentido de pertenencia a un grupo diferente y en este caso poderoso y privilegiado. Por eso, dice Varela Pose, se les relacionaba con la masonería, lo que en unos casos, eso lo digo yo, sería cierto.

A pesar del hermetismo que practicaban sus hablantes, en 1843, no sé si en primera edición, se publicó un diccionario escrito por un tal Luis de Usoz y Río, un erudito y filólogo de gran renombre en sus tiempos. Pues es una pena que se hayan perdido tantas lenguas . Esto sólo es bueno para quienes piensan que con hablar inglés y castellano uno llega al fin del mundo. Lo que ocurre es que hay mucha gente, como usted y yo que no queremos ir al fin del mundo para hablar en inglés o en castellano, y que lo mismo que los canteiros tenían su lengua que para ellos era la más útil de todas, para otros esa es el gallego, pongo por caso. Yo lo hablo a diario, mientras que el inglés sólo lo chapurreo cuando un turista alemán me pregunta por la basílica de Santa María.

No sé si quedan documentos sonoros en los que podamos escuchar el latín dos canteiros, pero sí tenemos un diccionario, creo que hasta dos, pues por ahí se dice que hay otro anterior al de Usoz y Río, con eso y un poco de conocimiento de la gramática, algún filólogo o filóloga podría hacernos un gran favor si dedica un par de años al estudio de esa lengua, que en nuestro país tuvo mucha más importancia que el inglés, el español o el griego clásico.

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