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Una urna en el inicio de la jornada electoral. FERNANDO VILLAR (EFE)
Una urna en el inicio de la jornada electoral. FERNANDO VILLAR (EFE)

HAY DOS factores que van a condicionar el resultado de las autonómicas gallegas. Uno es de sobra conocido, casi una tradición: el candidato del principal partido de la oposición es otra vez como un legionario: novio de la muerte. ¿A cuántos candidatos socialistas que se hayan presentado contra Albor, Fraga o Feijóo recuerda usted? Pues eso. A ninguno. Yo tampoco. Gonzalo Caballero es como los anteriores, un Terminator que viene a arreglar el futuro, muere y el porvenir sigue hecho una porquería hasta que llega otro Terminator y vuelta a empezar. 

Pero en esta ocasión puede no ser todo igual. Primero, porque los socialistas gobiernan España y lo hacen con el apoyo de los rivales de Feijóo. España ha perdido el miedo a los comunistas, a los populistas y a los independentistas, alianzas con las que los gallegos convivimos desde hace décadas, que han gobernado y gobiernan las grandes ciudades sin que el cielo se haya desplomado sobre nuestras cabezas. Que esas alianzas hayan llegado a Madrid para gobernar es una gran noticia para la actual oposición gallega. 

El BNG, aliado natural de los socialistas, va lanzado. Con un diputado en Madrid que vale su peso en oro y con una candidata, Ana Pontón, que goza de credibilidad, que tiene discurso y cae bien, las perspectivas del Bloque son espectaculares. Desde los tiempos en los que Beiras era Beiras, el BNG no aspiraba a ser un partido realmente determinante. Lo de Quintana fue un desastre del que se empiezan a recuperar, como de la asamblea de Amio, que los nacionalistas ganarán por fin tantos años después. 

Pero hay otro factor con el que nadie cuenta, o del que los medios todavía no han hablado, porque salvo este periódico que usted lee, todos los demás, lo juro, están vendidos a los oligarcas, al Ibex35 y al Club Bilderberg. Hablamos del coronavirus. No se ría, señora, no sea loca. Decíamos al empezar que hay dos factores determinantes: que el primero es la baja calidad del candidato del principal partido opositor: pues el segundo es el coronavirus. El coronavirus determinará algo tan importante como la participación o la abstención, que vienen a ser la misma cosa. Me explico: la psicosis generalizada y totalmente injustificada que causa esta nueva gripe, que ocasiona por el mundo entero cancelaciones de grandes eventos; caídas de las bolsas, algo que debemos celebrar; desplome del turismo y todo lo que se le ocurra a usted, puede provocar el 5 de abril unos índices de abstención nunca vistos. Ojalá que no, pero si el asunto sigue por este camino, no votará ni Dios. 

No hay mejor momento ni lugar para infectarse que en un colegio electoral un día de elecciones. Imagínese. Colas en las que todo el mundo tose sobre los demás, saludos entre vecinos con besos, apretones de manos y abrazos; presidentes de mesas que cogen y devuelven carnés de identidad a ritmo de uno o dos por minuto. El Paraíso de un virus.

En Euskadi, desde donde Urkullu convocó las elecciones vascas y gallegas, hay un par de casos a fecha de hoy. En Galiza estamos rodeados. En Castilla y León, pasando el Padornelo ya hay infecciones y a nuestro país llegarán a lo largo del mes de marzo si todo sigue el curso normal. Si la histeria sigue por este camino, de aquí a las elecciones todos y todas las gallegas estaremos colapsando los hospitales. Nos encerraremos en nuestras casas, pagaremos una fortuna por una mascarilla que no sirve para nada y agotaremos las existencias de jabones y desinfectantes. 

De ser así, que será, los pocos que votemos nos pronunciaremos a favor de alguno de los candidatos o de la única candidata. Muchos de los que se abstengan votarán al coronavirus y nadie podrá reprochárselo. 

Sería bueno, aunque parece imposible, que los líderes vascos y gallegos, antes de pedir el voto, empezaran por decirnos la verdad: que el coronavirus no es más que un alimento mediático bien aprovechado, que no es otra cosa que una gripe que mata a menos gente que la gripe común; que en cosa de pocos meses para cualquier terrícola será cosa olvidada. Que ha matado a algo más de dos mil personas, muchísimas menos que las que han muerto en todo el mundo en el mismo tiempo de cáncer, o a causa de frikis que montan una matanza con armas de fuego, de mujeres asesinadas en crímenes machistas, de todo.

Lo veremos, créame. O mucho cambian las cosas o veremos a mucha gente absteniéndose que votarán al coronavirus por miedo a un contagio. Ojalá hubiera la misma gente absteniéndose por no votar al partido de Rato, a los amigos de Tejero o a los que montaron el GAL. Llevamos décadas votando a gobernantes víricos. Era hora de que lo hiciéramos de verdad, sin complejos.
 

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