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La prudencia de las serpientes y la simplicidad de las palomas

Una paloma. JAVIER CERVERA
Una paloma. JAVIER CERVERA

ÚLTIMAMENTE me voy volviendo experto en obispos de Lugo. Me persiguen. Cada vez que me distraigo, tengo a mi lado a uno o varios obispos de Lugo. A veces me rodean. No sé por qué, si yo nunca me he metido con un obispo, ni de Lugo de ninguna otra diócesis. Pero es así, yo voy por la calle tranquilamente y cuando me doy cuenta camina junto a mí un obispo de Lugo. El otro día me desperté y a mi lado dormía plácidamente un obispo de Lugo.

Ayer mismo estaba yo buscando documentación sobre el resurgimiento nefasto de la heroína en Galiza y en la pantalla se me apareció Hipólito Sánchez Rangel, quien fue obispo de Lugo durante el primer tercio del siglo XIX, exhibiendo orgulloso su pastoral número 51. Cierto que este señor no tiene nada que ver con las drogas, mejor aclararlo de una vez, pero de alguna manera acabó frente a mí, y como soy un apasionado lector de pastorales, dejé la heroína y me sumergí en el texto, muy estiloso, que viene tan a cuento en nuestros días.

La pastoral 51 se titula así: "Sobre la prudencia y simplicidad de los cristianos en tiempo de guerra y revolución". Esto se escribió en 1835, cuando España había perdido todas sus posesiones en América y estaba enfrascada en guerras internas y externas. Reinaba Isabel II pero dada su minoría de edad, ejercía como regenta su mami María Cristina de Borbón-Dos Sicilias. Debe ser que por aquella época había más de una Sicilia y eso es una tontería.

Bien, vivía España tiempos convulsos, como ahora, e Hipólito estaba muy preocupado, así que escribió esta pastoral para indicar a su rebaño el camino que a su entender era el correcto. El hombre, defensor a muerte de la unidad de España, que creemos que está amenazada ahora pero lo ha estado siempre, abre su pastoral con un consejo: «El remedio único de nuestros males es la prudencia de las serpientes y la simplicidad de las palomas». Luego Hipólito nos desarrolla la frase.

De las serpientes, dice, debemos imitar su costumbre de esconder la cabeza y dejar el cuerpo a disposición de los enemigos. No sé yo si las serpientes hacen eso y puede que el obispo tampoco lo supiera, pero imaginemos que sí y que eso de esconder la cabeza es prudente. De la paloma y su simplicidad, nos explica que cuando una paloma se ve acechada por un gavilán, si puede escapar lo hace, y si no, se deja comer, pues esa es la voluntad de Dios.

La cristiandad se fundó porque un rebelde no se sometió al poder político

Lo que propone es practicar la sumisión. Luego se extiende en ejemplos de personajes bíblicos o históricos que fueron prudentes o imprudentes, simples o no, y nos explica que a los sumisos les fue bien y a los otros fatal. Un discurso que hoy asume mucha gente en estos tiempos en los que España se nos llena de Hilarios que nos dicen lo que hay que hacer y lo que no. La diferencia es que a nuestro Hilario le preocupaban la tranquilidad y la seguridad de sus fieles, a quienes aconsejaba no meterse en líos políticos, no rebelarse, y llegado el caso, esconderse prudentemente como las serpientes o dejarse comer como las palomas. Bien, son consejos paternalistas de quien se siente responsable de las almas de sus parroquianos.

Hilario no buscaba un término medio entre la sumisión total y la rebelión abierta. Pensaba que la cristiandad debía someterse a sus gobernantes y preocuparse únicamente de la salvación eterna. No sé si fue un buen consejo, pero a España no le iba demasiado bien entonces y no le va mucho mejor ahora, salvando las distancias obvias, que son principalmente temporales, sociales y tecnológicas. Ya faltaría que estuviéramos como en tiempos de nuestro obispo. No le ha ido bien a la España sumisa, pues ha sido masacrada con cierta periodicidad. También lo ha sido la España insumisa, pero al menos ha librado sus luchas.

Ni la prudencia de la serpiente ni la simplicidad de la paloma han servido de remedio. A fin de cuentas, lo que proponía Hilario era incapacitar a un pueblo para tomar decisiones, que es lo que se viene llamando ejercer la democracia. Los pueblos deben ser siempre rebeldes e insumisos, nunca cobardes. La cristiandad la fundó un rebelde que no se sometió al poder político de Roma y que según se dice murió por no comportarse como una serpiente ni como una paloma.

Hoy tenemos a otros próceres de la Iglesia, como el cardenal Cañizares, pidiéndonos lo mismo que pedía Hilario, ser serpientes o palomas. Es lo más cómodo y lo menos cristiano, dicho sea de paso, y lo digo como no creyente. Que desahucian a tu vecino, escóndete; que te viene a comer un gavilán, acéptalo. Yo soy más del Cristo que la emprendió a latigazos con los mercaderes de un templo. La rebeldía es una virtud y la insumisión una actitud necesaria. Serpientes y palomas no traen paz ni concordia: fomentan el odio y la supremacía del gavilán y la aniquilación del que se somete.

La prudencia de las serpientes y la simplicidad de las palomas
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