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El cisne negro

Pedro Sánchez y Don Felipe en Zarzuela JUAN CARLOS HIDALGO
Pedro Sánchez y Don Felipe en Zarzuela JUAN CARLOS HIDALGO

HACE UN millón de años, concretamente en 2007, el matemático y pensador libanés Nassim Taleb formuló la Teoría del cisne negro. El nombre de la cuestión es metafórico. Resulta que los ingleses utilizaban al cisne negro para expresar la imposibilidad de que algo sucediera. Algo parecido a nuestro "cuando las ranas críen pelo" o "cuando los elefantes vuelen". Lo hacían hasta que James Cook llegó a Australia y se supo que existían los cisnes negros. Nassim Taleb los utilizó para nombrar a su teoría, que más que una teoría es una certeza.

Según Taleb y su descripción del fenómeno, el cisne negro se da bajo tres circunstancias: una, que un suceso no sea previsto ni previsible; otra, que no haya ocurrido anteriormente; y la tercera, que tenga consecuencias notables. Los atentados del 11-M, por ejemplo, son un cisne negro. Tampoco tiene por qué ser algo malo siempre que reúna las tres condiciones. Gandhi fue un cisne negro y sólo trajo cosas buenas.

El nuevo Gobierno de Sánchez es un cisne negro en la nueva era democrática. Nunca había ocurrido desde Franco que España la gobernara una coalición, nunca un entendimiento entre socialistas y comunistas apoyados por independentistas; no era algo esperado, toda vez que Sánchez nos llevó a unas segundas elecciones precisamente bajo la excusa de que no podría dormir aliándose con Iglesias. Y en cuanto a las consecuencias, ya las ha tenido y ni siquiera han formado gobierno todavía.

Dure lo que dure este experimento y salga bien o mal, sienta un precedente positivo. Nos demuestra que hay otras formas de hacer las cosas. Que hay fórmulas por explorar y que España no tiene que estar necesariamente gobernada en exclusiva por uno de los dos grandes partidos. Hay ahora mismo mucho pinfloi sosteniendo que esto va a suponer el fin de España. Un pinfloi es un yeyé sin gafas de sol. Pues hay muchos y muchas empeñadas en que España vive sus últimos días. Que se acaba la monarquía, que Catalunya y Euskal Herria se van y que en pocos meses las estanterías de los supermercados se vaciarán como en Venezuela porque los aliados bolivarianos de Sánchez nos llevan a la ruina.

No lo veo. La monarquía, por desgracia, es una institución sólida y bien valorada, toda vez que Felipe VI luce una barba canosa que le confiere un aire de gran respetabilidad. Catalunya y Euskal Herria no se irán a ningún lado en breve plazo. Si algo no puede hacer Pedro Sánchez es dar la razón a quienes le llaman vendepatrias. Eso es seguro. Jamás consentirá ni promoverá un referéndum que pueda dar la independencia a ninguna de esas dos naciones. Y nuestras estanterías no se vaciarán porque, por mucho que se empeñen algunos, España no es Venezuela, donde por cierto había muchos más pobres antes que ahora.

Hay mucha gente esperando que esto fracase, aunque casi nadie repara en lo que de verdad importa ahora mismo. Andalucía ha recortado millones y millones de euros a la lucha contra la violencia machista, al fomento de la igualdad o las asociaciones que defienden los derechos de los colectivos LGTBI, y eso es un enorme cisne negro que casi nadie quiere ver. No es algo que pueda suceder, sino algo que está ocurriendo hoy mismo y que es escandaloso aunque nadie se escandalice.

Hay tanta gente preocupada por España que nadie se interesa por la suerte de tantos y tantas españolas que sufren a diario desahucios o mueren de pobreza energética, varios esta misma semana intoxicados por tratar de calentarse sin electricidad. Tampoco se habla demasiado del drama de tantos inmigrantes que mueren tratando de pisar suelo español. Habrá que ver si el nuevo Gobierno aborda estos asuntos con inteligencia y valentía. Malo sería que traten de demostrar que nada va a cambiar para que no se les asuste el pueblo.

El gran cisne negro de España es ahora mismo Vox, mucho más que el nuevo Gobierno. Son dañinos y están como cabras. Aparecieron de repente y ahí están, liderando la oposición ante un Casado perplejo que no sabe dónde colocarse para tener protagonismo mientras su partido cede terreno a Vox, principalmente en los territorios que gobierna con su apoyo. Las cesiones de los populares a la ultraderecha le van a costar mucho al PP. No es tan nociva la alianza del PSOE con Unidas Podemos como la del PP con Vox. Lo saben en el PP gallego, que tiembla ante la influencia que el escenario estatal pueda tener en las próximas autonómicas que se celebrarán en unos meses.

Y es que aunque los titulares vayan por un camino la realidad va por otro, y la gente piensa, aunque algunos no lo crean. Si el nuevo Gobierno no lo hace del todo mal, se valorará la realidad desde el prisma más simple que existe: viendo lo que hay delante. En una esquina, un PP entregado a la ultraderecha por media España, suprimiendo derechos y recortando gastos sociales; enfrente un PSOE , un BNG y un En Marea entendiéndose allá y aquí y tratando de dialogar con Catalunya para rebajar la tensión. Así que el próximo cisne negro puede ser gallego.

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