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"Vas caer"

Las celebraciones navideñas han dado paso a más casos de coronavirus y a nuevas restricciones

"Vas caer". Seguro que no he sido el único que ha escuchado esa advertencia de boca de su abuela. En realidad, ahora me pregunto, seguramente de forma retórica porque ya conozco la respuesta, si era un aviso para evitar el porrazo o, simplemente, la constatación de un hecho que, por su inminencia, era ya prácticamente inevitable. Casi estoy convencido de que muchas veces la observación llegaba cuando ya me había estampado de morros contra el suelo. Como una especie de amonestación por mi propia inconsciencia. Como una manera de afear mi notable predisposición a ignorar el peligro que ella apreciaba con la clarividencia que dan los años.

Pasadas las fiestas de Navidad, al comprobar cómo siguen subiendo los casos activos de coronavirus en nuestra provincia, tengo la impresión de que la autoridad sanitaria, en concreto el conselleiro del ramo, también nos dijo antes de las celebraciones: "Vas caer". No sé si ya era consciente de lo que podía pasar o simplemente lo intuía, pero trató de avisarnos, como también lo hizo el Gobierno de España. Algunos escucharon, otros oyeron lo que quisieron oír y los demás hicieron lo que les vino en gana. Como siempre.

A pesar de que la Xunta de Galicia abrió la mano y apeló a la responsabilidad de los ciudadanos para evitar una tercera ola de la pandemia y un rebrote de los casos de covid-19 en enero, esa moción de confianza iba acompañada de una advertencia nada velada. En la rueda de prensa posterior a la reunión en la que el comité clínico propuso las medidas para evitar la propagación del virus durante las celebraciones, Julio García Comesaña nos invitó a "no hacernos trampas al solitario". A no engañarnos a nosotros mismos con triquiñuelas que podrían poner en riesgo nuestra salud y la de aquellos a los que queremos o apreciamos. Prohibir reuniones y desplazamientos sería muy impopular, después de un año realmente complicado, y seguramente tendría también unas nefastas consecuencias económicas para sectores ya muy castigados. Es probable que por ello, a pesar de las dudas y reservas por parte de los expertos sanitarios, se nos diese un voto de desconfianza.

Pasada la reválida, llega la evaluación. Es el momento de preguntarnos si hemos hecho bien las cosas. Si realmente hemos asumido con responsabilidad la situación que estamos viviendo como consecuencia de la pandemia. Lo más fácil, seguramente, es culpar ahora a la administración de todo lo que está sucediendo. Echarle en cara que no hubiese adoptado medidas más restrictivas que muy pocos hubiesen apoyado antes de las celebraciones navideñas. Sin embargo, a lo mejor la respuesta más coherente y honesta se aproxima un poco a lo que dijo el ministro de Sanidad cuando fue cuestionado por el comportamiento de la población. "La inmensa mayoría" de la gente fue prudente, dentro de un orden, pero hubo "casos en los que no". Sucede, como decía estos días un epidemiólogo, que para quemar el monte hace falta un solo pirómano. Una vez encendido el fuego, se propaga solo, a pesar del esfuerzo de muchas personas y de los recursos empleados para frenarlo.

Ahora nos vemos inmersos en nuevas restricciones. Lugo vuelve a estar cerrado perimetralmente, la hostelería tiene que echar el cierre a la seis de la tarde, el toque de queda se adelanta a la diez de la noche y no se permiten las reuniones de más de cuatro personas que no convivan bajo el mismo techo. Las medidas son incluso más duras en lugares como Xove, Vilalba o Viveiro, donde los clientes no pueden acceder al interior de bares y cafeterías en pleno invierno, cuando aún tenemos el vello de la nuca erizado por el gélido aliento de Filomena. Veremos si al menos esas decisiones son suficientes para frenar la pandemia.

Sectores como el de la hostelería quedan muy tocados después de un año desastroso. Con estas nuevas restricciones, su presidente, Cheché Real, daba casi por perdido el primer semestre del que acaba de comenzar. Decía que no es fácil discernir en estos momentos "la luz al final del túnel". Seguro que existe. Está ahí, pero visto lo visto, parece que aún nos queda un largo camino en la oscuridad y algunos están ya muy cansados, prácticamente agotados, para seguir caminando. 

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