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Travesuras

En esta precampaña eterna los partidos hacen uso con poco recato de las instituciones

No pasa nada. Tampoco hay que rasgarse las vestiduras. Son travesuras. Ingenuas chiquilladas en las que caen habitualmente los políticos cuando están en capilla antes de una convocatoria electoral. Supongo que hay mucha tensión en los partidos ante la inminencia de unas elecciones. La incertidumbre durante las semanas previas tiene que ser difícil de gestionar. Imagino que aquellos que están metidos en la pomada se pasan buena parte del día dándole vueltas a ideas propias y ajenas para diseñar y programar acciones que puedan contribuir a reforzar sus posibilidades y a horadar las de los rivales. Se juegan mucho. Algunos su propio medio de vida, porque no tienen más. En ese juego entran en escena, en un momento u otro, el talento o la ausencia del mismo.

Efectivamente, hay iniciativas que sorprenden y atraen, porque son frescas, diferentes y llegan a la gente. También hay maniobras absolutamente predecibles, manoseadas incluso, fruto de vicios adquiridos durante mucho tiempo. Estrategias rancias que no han evolucionado, en el mejor de los casos, o que representan un síntoma de involución, en el peor de los supuestos. Algunas son tan simples como ineficaces. Bien es cierto que su puesta en práctica es sencilla y no consume demasiados recursos cuando aquellos que las patrocinan mantienen el poder en alguna institución pública. Entiendo que la tentación a acudir a ese tipo de soluciones tiene que ser muy fuerte y soy consciente de que en determinadas ocupaciones algunas pulsiones son difíciles de controlar. La cabra tira al monte.

Comienza oficialmente la campaña para las elecciones generales. El ambiente está raro. Pasada la reválida del 28 de abril, sin solución de continuidad, entraremos en el período de calentamiento de los comicios locales, que son el 26 de mayo. Todo se mezcla. Vemos a candidatos al Congreso o al Senado que comparten actos con los aspirantes a las alcaldías en los distintos municipios lucenses. Aparecen casi a diario diferentes sondeos de opinión que, si bien hacen referencia al ámbito nacional, no dejan de soliviantar a unos y a otros en el terreno municipal. Nadie discute que lo que suceda en el primer escrutinio puede influir en la intención de voto de cara al segundo. Se percibe mucha tensión en el entorno político. Más de lo que viene siendo habitual, incluso, en estas circunstancias. Con un porcentaje casi inédito de supuestos indecisos y dos convocatorias casi consecutivas, resulta muy difícil hacer pronósticos. Cada uno confía, o eso dicen, en sus posibilidades, pero la incertidumbre genera nerviosismo. Insisto, todos se juegan mucho. Algunos el ser o no ser.

En ese ambiente se recrudecen las refriegas, no ya entre candidatos, sino entre instituciones públicas, que toman posición en función de quien gobierna en cada una de ellas. Los ciudadanos, y sufridos contribuyentes, tenemos que esperar a que terminen de jugar mientras vemos como la pelota va de un tejado a otro. El gobierno local de Lugo acusa al Partido Popular de intentar hacerle un "lavado de cara" a la gestión de la Xunta de Galicia después del "nulo" compromiso demostrado con la ciudad por el gobierno que preside Alberto Núñez Feijóo durante los últimos diez años. Balseiro acusa a los socialistas de paralizar inversiones de la administración autonómica por un importe que se acerca a los 22 millones de euros por su incapacidad para otorgar las correspondientes licencias de obra. Pim, pam, pum. Y tiro por que me toca.

En medio de todo este jaleo, aparecen las travesuras de siempre. Se confunden las instituciones públicas con los corrales de los partidos políticos. En algunos casos de forma sutil, como cuando se invita a un acto organizado por una administración de rango superior al candidato a la Alcaldía del mismo color político y se deja en casa al alcalde en ejercicio. Así se convierte un evento institucional en un acto de campaña. Otras veces, de forma más grosera, cuando se publican notas de prensa con titulares como "El PSOE financia con 2 millones mejoras en Barreiros" o "Los socialistas mejoran los accesos de cinco parroquias en Ribadeo". Resulta incluso pueril. Seguramente, a nadie se le escapa que esas obras no son amortizadas con cargo a la cuenta corriente de un partido. Es la Diputación la que paga la factura y nosotros, los de siempre, los que pagamos la factura de la Diputación.

Algunas trastadas reciben amonestación, aunque la mayoría se quedan sin la necesaria reprimenda. La junta electoral provincial ha apercibido en esta precampaña al Partido Socialista, al Ayuntamiento y a la Diputación de Lugo por las inauguraciones encubiertas del ascensor de Fontiñas, la Praza de A Milagrosa y la residencia de Pol ; pero también ha pedido información sobre una obra anunciada por la Xunta de Galicia hace pocos días. Todos quieren hablar de su libro.

Es evidente que ese tipo de travesuras va a continuar hasta el mismo día de las elecciones, cuando ya se produce la traca final y vemos denuncias cruzadas por unas cosas o por otras. Parece mentira que nos consideren tan simplones. A veces dan ganas de decir: a ver niños....

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