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Pequeñas cosas

A veces son los detalles los que hacen que una ciudad sea más amable para la vida

Partido de baloncesto entre funcionarios y políticos. XESÚS PONTE
Partido de baloncesto entre funcionarios y políticos. XESÚS PONTE

Ya se cuentan las horas para el final de una campaña que se ha hecho eterna. En realidad, la refriega electoral comenzó hace más de un año, con la moción de censura que se llevó por delante el gobierno de Mariano Rajoy, o incluso antes. A partir de la medianoche estamos en la jornada de reflexión. Desconozco si hay mucha o poca gente que decide el sentido de su voto el día antes de las elecciones. Los sondeos electorales publicados en las últimas semanas presentaban, al igual que sucedió antes de las Generales, un elevado porcentaje de indecisos. Soy bastante escéptico con el sentido que se le da en las encuestas a ese concepto. Siempre he pensado que a lo mejor es cierto que muchas personas no tienen muy claro por cuál opción decantarse a pocas horas de que abran sus puertas los colegios electorales. Yo mismo me he visto en esa circunstancia en más de una ocasión. Sin embargo, también opino que el personal sí sabe a quién no va a votarle bajo ningún concepto. Los extremos no seducen a los moderados y los más radicales no comulgan con las posturas más templadas. El centro tampoco es un punto equidistante en el ideario de los individuos. Siempre está más cerca de la derecha o de la izquierda en función del pensamiento de cada persona.

Estos días se habla mucho de política. Las locales son unas elecciones complicadas. No es fácil hacer pronósticos. Cada candidato concurre a estos comicios amparado o castigado por unas siglas. En el ámbito municipal, el político es un individuo cercano, un tipo o una tipa que camina a diario por las mismas calles que los votantes. Es un vecino más. Qué tiene más peso entonces a la hora de decantar el voto, la persona o la organización política con la que comulga. Es una pregunta difícil de responder. Esta misma semana dos buenos amigos me contestaban a esa cuestión de forma totalmente diferente. Uno de ellos me aseguraba que jamás apoyaría a un aspirante que no militase en alguno de los partidos de su espectro ideológico. El otro, en cambio, defendía que es el perfil de los pretendientes el que debe guiar la elección de concejales y, por extensión, del alcalde de turno.

Hay otra variable que añade nuevas incógnitas a la ecuación. Todos podemos coincidir, aunque no nos pongamos de acuerdo con los nombres, en que hay excelentes candidatos que, en cambio, nunca llegarán a ser buenos gestores y, en consecuencia, tampoco alcaldes o concejales medianamente útiles a la cosa pública. Sin embargo, hay individuos de aspecto más gris, carentes de aquello a lo que habitualmente nos referimos como carisma, que podrían desempeñar ese papel de una forma más o menos aseada, en algunos casos incluso de manera brillante. El problema reside en que para alcanzar el poder primero hay que ganar las elecciones. Pasar la reválida. En este caso concreto, no siempre la superan los más preparados o los más capaces. En un entorno tan volátil como el que rodea a la política, a veces vale más caer en gracia que ser gracioso.

Me gustaría que los lucenses acertáramos el domingo. Que elijamos a un alcalde o alcaldesa que sea capaz de mejorar esta ciudad. Que tenga la sensibilidad suficiente para hacer de ella un espacio amable y confortable para la vida. Una persona que sepa escuchar a la gente y que acumule buenas ideas para solventar sus problemas. Que tenga en mente grandes proyectos y capacidad para llevarlos a buen término. Pero también a alguien que aprenda a pararse en los detalles.

Que no descuide los pormenores del día a día. Que mire y que sepa ver las pequeñas cosas que lo cambian todo. Esas que para los ciudadanos nunca son cosas pequeñas.

El baloncesto conciliador del día de Santa Rita

Funcionarios y políticos se enfrentaron el día de Santa Rita en un conciliador partido de baloncesto, en el que salieron victoriosos los primeros (50-46). En el encuentro intervino un cabeza de lista, Carlos Portomeñe (Ace), gran aficionado a este deporte de toda la vida. También estaban los populares Antonio Ameijide y Ángel Trabada. En la imagen puede verse a los tres intentando frenar un ataque de Alfonso Orol.

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