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No disimulen

Ahora sí comienza el verano, pero los políticos tendrán que esperar por las vacaciones

Elena Candia y Darío Campos. SEBAS SENANDE (AEP)
Elena Candia y Darío Campos. SEBAS SENANDE (AEP)

Se les nota en la mirada. Es como un ligero deje de suficiencia. Ellos lo saben. También saben que los demás lo sabemos. El próximo lunes algunos de nuestros compañeros no se presentarán a trabajar. Ya huelen a vacaciones. Apestan a ese tufillo que se nos mete en el cuerpo ante la perspectiva de unos días de asueto. Lo encuentran agradable aquellos que lo desprenden. Más bien agrio aquellos otros que se quedan a bordo de la nave. La maquinaria no puede pararse. Es el mundo que nos ha tocado vivir.

No me hagan caso. No es más que envidia. De la cochinísima. Por más que nos cuenten milongas, la sana no existe. Solo el talento ajeno debería provocar pelusa entre los seres humanos, pero desgraciadamente no es la virtud que más desean los envidiosos. Por regla general, somos más banales, demasiado primarios después de unos cuantos siglos de evolución. Da lo mismo. Unos se van y otros nos quedamos. Eso es lo que importa. Eso es lo que lo que realmente escuece. Los niños han terminado el colegio y la próxima semana entramos de cabeza en el mes de julio. Comienza el verano. Ahora sí.

Por aquí, la vida sigue igual. Ha pasado más de un mes de las elecciones locales, pero todavía no tenemos fecha para la constitución de la Diputación y tampoco se ha celebrado el pleno de organización en el Ayuntamiento de Lugo. Eso no quiere decir que la vida política esté parada. De eso nada. Han sucedido muchas cosas en las últimas semanas, algunas realmente sorprendentes, en el fondo y en las formas. La más llamativa posiblemente ha sido esa especie de purga que ha llevado a cabo el PSdeG en la institución provincial. De la actual corporación, solo sobrevivirán en el grupo socialista los diputados en funciones Pilar García Porto y Pablo Rivera.

Serán personas diferentes las encargadas de negociar ahora un gobierno de coalición con el BNG. Al todavía presidente, Darío Campos, le han cortado la cabeza política sin miramientos. Primero iba a ser el único candidato, después uno de ellos y, finalmente, ni siquiera ocupará plaza en el Paraninfo de San Marcos. No parece preocupado. Da la impresión de que nunca le tuvo demasiado apego al cargo. Lo peor, seguramente, ha sido la humillación. Innecesaria, sin duda, y probablemente inmerecida. Asumió una pesada carga, y en un momento difícil, a causa de una situación que él no había provocado. No resulta fácil de explicar la tendencia cainita de esa organización, incluso cuando gana. Cuerpo a tierra que vienen los nuestros.

Al final, al menos de forma pública y contundente, solo Álvaro Santos salió a defender a Campos. También Elena Candia. La presidenta provincial del Partido Popular dijo que "no se merecía un final así". Como dejó dicho Federico Trillo: "Manda huevos". En honor a la verdad, algún alcalde socialista también reconoció, con la boca pequeña, que "Darío no sobraba" en la Diputación. Ahora bien, nadie le tiró un cabo lo suficientemente fuerte para ayudarle a remontar cuando la corriente lo arrastraba fuera de San Marcos. De meterse en el agua para salvarlo ya ni hablamos. Lo dijo Baltar cuando se montó el lío con José Cuiña: "Se me tiro ao río con el, afogamos os dous". O algo así.

Sea como fuere, nuestros cargos electos tendrán que esperar para marcharse de vacaciones. Aún tienen asuntos pendientes. Sucede en las mejores familias. No hay que ser picajosos. Además, el verano pasa muy rápido.

Al final, a los adultos nos ocurre como a los niños. Cuando llega septiembre ya nos apetece un poco volver a clase para ver a nuestros amiguitos. Por lo menos a algunos. A otros les deseamos cada año que se enamoren de su lugar de recreo estival. Para que acaben por fijar allí su residencia. No disimulen, seguro que también lo han pensado.

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