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La noche

El comercio padece como pocos sectores la irrupción de nuevos hábitos de consumo

La jornada del jueves fue más larga de lo habitual para los comerciantes de Lugo. Al menos en lo que se refiere a las horas de atención al público. Casi un centenar de tiendas se sumó a la conocida como Noite Aberta. Esta décima edición coincidió, precisamente, con la apertura del recinto ferial de las patronales de San Froilán y de las tradicionales casetas del pulpo. Para atraer la atención de los potenciales clientes, los profesionales del gremio ofrecieron regalos, sorteos, talleres infantiles, algunos hasta un servicio de catering, una verbena de fin de fiesta y, por supuesto, interesantes descuentos para incentivar las ventas al inicio de la campaña de invierno. Y todo con un horario prolongado, porque los establecimientos permanecieron abiertos hasta bien entrada la noche. Una iniciativa más para fidelizar a la parroquia de consumidores. Un día al año para recordarnos a todos la importancia de mantener vivo el comercio de proximidad.

No corren buenos tiempos para este sector. La preocupación va en aumento entre los comerciantes de Lugo. No es para menos. Después de la longa noite de pedra de los años más duros de la crisis, no acaba de clarear. Más bien todo lo contrario. Los nubarrones son cada vez más densos, compactos y amenazadores para el futuro inmediato de un gremio que está padeciendo, como pocos, la irrupción de nuevos hábitos de consumo y, sobre todo, de la venta a través de internet. Ha dejado de ser una moda. El comercio online ha venido para quedarse y las consecuencias para la economía local son todavía impredecibles.

Esta nueva forma de comprar y de vender lo está cambiando absolutamente todo. El cliente encuentra toda la oferta posible, a cualquier hora del día y con todas las promociones habidas y por haber. El cebo y el anzuelo están siempre en el agua. Póngase cómodo. No se moleste. Pida y nosotros se lo llevamos a casa. No es necesario que le veamos la cara, ni nosotros necesitamos vérsela a usted. Simplemente queremos su dinero. Un número de tarjeta de crédito. Todo parecen ventajas. Se abre la puerta, eso sí, a la eliminación de todo lo singular que ofrece el comercio de proximidad, a la supresión del factor humano en el trato y a la desertización social de las propias ciudades.

En los últimos meses varias franquicias han cerrado sus establecimientos en las principales calles comerciales de la ciudad. Tanto en la Rúa do Progreso como en la Rúa da Raíña se pueden ver bajos comerciales cerrados a cal y canto. Emplazamientos codiciados hace solo unos años que hoy permanecen sin actividad, al igual que otros locales ubicados en la Praza de Santo Domingo o en la de Armanyá, en el corazón del casco histórico. La enfermedad no está ni mucho menos localizada. Se trata de una patología peligrosa y, al menos de momento, totalmente descontrolada. La metástasis amenaza con extenderse a todos los ámbitos. Es posible que este sector padezca primero los síntomas, pero no podemos olvidar que es el comercio local quien insufla vida a las ciudades. Sin tiendas, las calles se convierten en meros lugares de paso. Lo peor, quizás lo más difícil de asimilar, es que no está nada claro cuál puede ser el tratamiento. Si es que realmente existe alguna forma de parar algo que a día de hoy parece no tener freno. Del centro se han marchado marcas tan conocidas como Pull & Bear, Oysho, Amichi o Ana Sousa. Mala cosa.

Dicen los que saben de esto que el comercio de proximidad tendrá que aprender a convivir con la venta a través de Internet. No sé. Ojalá que den con la tecla. Si no es así, como cantó Luis Eduardo Aute, "presiento que tras la noche, vendrá la noche más larga".

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