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Feliz año

La investidura de Pedro Sánchez y la formación de Gobierno deberían activar la agenda lucense
Obras en la autovía Lugo-Santiago. SEBAS SENANDE (AEP)
Obras en la autovía Lugo-Santiago. SEBAS SENANDE (AEP)

NO SÉ SI NOS pasa a todos. A mí desde luego me asalta a veces la duda. Esta misma semana, sin ir más lejos. Han pasado diez días desde la entrada en este 2020. Me pregunto hasta cuándo resulta apropiado desearles "feliz año" a nuestros semejantes. Supongo que en algún momento habrá que parar. En ningún caso podemos sentirnos molestos porque alguien exprese a viva voz su deseo de que el bienestar nos acompañe durante los próximos meses de nuestra vida. Aun así, creo que todo el mundo puede coincidir conmigo en que determinadas expresiones, pasado un tiempo, resultan cuanto menos extemporáneas. Estaría fuera de lugar hacer uso de esa locución en pleno mes de agosto. Podrían pensar que el sol nos ha fundido los plomos si nos dedicamos a saludar al personal en el chiringuito de la playa con amonestaciones a favor de una venturosa anualidad. También es recomendable no repetir tan cortés fórmula con la misma persona. Ante la duda, lo mejor es recurrir a palabras o frases más atemporales: "Que te vaya bien, suerte, cuídate o póngame a los pies de su señor/señora". Cualquier individuo se sentiría inquieto en nuestra compañía si le deseamos veinte veces una dichosa añada. Yo me acongojaría.

Creo que aún estamos a tiempo de desearnos unos a otros feliz año. Cuesta poco y no compromete a nada. Al menos si quien pronuncia la frase carece de responsabilidades sobre el bienestar de los demás. No es el caso, por ejemplo, de nuestros políticos. En su mano está, en parte, que los doce meses que nos quedan por delante del recién inaugurado calendario sean más o menos llevaderos para los sufridos administrados. Además de expresar un deseo, que está muy bien y queda realmente aseado, de su trabajo depende que se acerque a la realidad. A ver qué pasa. El personal anda algo inquieto por la investidura del nuevo presidente del Gobierno y los pactos que le han permitido superar la condición de interino, por lo menos desde un punto de vista formal. Seguramente, en este momento, lo recomendable es el sosiego. Como sucede a veces con la ciencia médica, lo mejor es esperar a ver cómo evoluciona el paciente. Un diagnóstico precipitado o un tratamiento precoz podrían estar contraindicados.

Llegados a este punto, lo más sensato sería abandonar los discursos incendiarios y recobrar la serenidad. No será fácil. La necesaria tregua choca con dos visiones políticas, o más, diametralmente opuestas. Tristemente, no esperamos mesura por ninguna de las partes. Nos encontramos frente a frente a los apocalípticos y a los integrados, por citar a Umberto Eco. Seguramente asistiremos en este mandato al enfrentamiento bronco entre aquellos que expresan algún tipo de actitud rebelde y los que se adaptan con gusto o indiferencia al estado de la cosas. En este segundo grupo, parece, se ha colocado el BNG. Su portavoz nacional, Ana Pontón, no dudó en afirmar que un diputado nacionalista había conseguido más en un mes que Feijóo en diez años. Lo hizo nada más conocerse que habría un Gobierno de coalición, segura de que el voto de su partido servirá para activar la llamada agenda gallega. En otoño hay elecciones, veremos si los votantes le dan la razón.

En esa lista de demandas "irrenunciables" figuran varias reclamaciones con sello lucense, como la finalización de la autovía Lugo-Santiago, prevista para el año 2022; mejorar la seguridad en la N-VI o incrementar las frecuencias ferroviarias. También buscar una solución a la difícil situación de Alcoa, que es la principal empresa de nuestra provincia. El comité ya avisaba estos días. El futuro de la fábrica pasa por una rebaja del precio de la energía sin demora. Mañana puede ser tarde. De ese primer compromiso depende que miles de familias puedan decir «feliz año» a 31 de diciembre.

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