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El debate sobre la fecha electoral es ahora tan absurdo como estéril

COMPARTO la reflexión que hizo la alcaldesa de Lugo en los últimos días en relación con las autonómicas que, finalmente y si nada lo impide, se celebrarán el próximo 12 de julio. Decía Lara Méndez que lo importante no es "el cuándo" sino "el cómo". Después de que la emergencia sanitaria provocada por el coronavirus obligase a suspender los comicios, previstos inicialmente para el día 5 de abril, creo honestamente que no existe una fecha ideal. Con las restricciones previstas en el estado de alarma todavía en vigor y un montón de dudas sobre lo que puede suceder en un futuro más o menos inmediato, sería incapaz en este momento de defender la idoneidad manifiesta de celebrar las elecciones en un día concreto, al menos con la convicción suficiente para plantear argumentos sólidos. Si descartamos agosto, que es el período vacacional por excelencia en nuestro país, las posibilidades se reducen considerablemente. Podríamos acudir a votar antes o después. Ninguna de las dos soluciones es perfecta. No hace falta esforzarse demasiado para encontrar en ambos casos razonamientos a favor o en contra. 

Celebrar las elecciones en julio conlleva un riesgo. Es evidente que lo sucedido en otros países invita a la prudencia y a no bajar la guardia en lo referente a las medidas de precaución para evitar nuevos contagios del Covid19. Poco a poco, la situación va mejorando, pero todavía no se puede dar la batalla por ganada. Sigue habiendo muchas personas enfermas, hay todavía pacientes en la UCI y se siguen produciendo fallecimientos a causa del coronavirus. De hecho, aún tenemos restricciones importantes a la movilidad y la economía doméstica sigue funcionando al ralentí. En todo caso, convocarlas para septiembre u octubre no garantiza absolutamente nada. No manejamos indicios sólidos que nos hagan pensar en que la situación puede ser mejor entonces. De hecho, existe la sospecha más o menos fundada de que en otoño puede producirse un rebrote y, si la cosa vuelve a ponerse fea, otra vez todos para dentro. En este asunto, al menos de momento, certezas muy pocas. Está claro que vamos sobre la marcha y, cada día, conocemos nuevos datos e informaciones que no siempre ratifican lo que sabíamos la jornada anterior. 

Es evidente que la campaña será diferente en esta ocasión, pero tampoco podemos olvidar que antes de la situación de emergencia sanitaria ya llevábamos un tiempo en precampaña. Eso sin olvidar que la maquinaria electoral de los partidos está, o debería estar, engrasada después de las sucesivas convocatorias del año pasado. Además, aún faltan casi dos meses para los comicios, tiempo que debería bastarles a unos y a otros para matizar aquello que todavía no está suficientemente explicado. Por otra parte, el plazo es igual para todos, para los que están en el gobierno y para aquellos otros que aspiran a moverles la silla. Tampoco está de más mencionar que los actos masivos que antes organizaban las distintas formaciones políticas están en claro declive. Todos, unos más y otros menos, tienen dificultades para movilizar a sus simpatizantes y concentrarlos en esas manifestaciones de ciega adhesión. Citas a las que solo acuden los muy convencidos o los obligados. 

La reacción de los grupos de la oposición a la convocatoria fue la esperada. Sin sorpresas. Hiciese lo que hiciese Feijóo, la crítica estaba asegurada. Es la política del regate corto, esa que no nos conduce a ninguna parte. Si hubiese anunciado los comicios para septiembre, hubiesen dicho que es un temerario por ignorar los avisos sobre un posible rebrote del virus. Es posible que incluso lo acusasen de aferrarse al poder. Al fijar la fecha para julio, dicen que es "un irresponsable", que sigue "una agenda oculta" y que elige este momento porque el viento sopla a su favor. Lo del Partido Socialista es para nota. Defiende una cosa en el País Vasco y una diferente en Galicia. 

El debate sobre la fecha electoral es tan absurdo como estéril. Además, parece totalmente artificial. En algún momento tendremos que acudir a las urnas. El riesgo cero no existirá hasta que los científicos encuentren una vacuna que permita inmunizar a la población frente al coronavirus. Eso no va a suceder ni en julio ni en septiembre. Tampoco en octubre. Por lo tanto, volvemos a la reflexión que hizo la alcaldesa de Lugo. Lo importante no es "el cuándo". La administración autonómica tendrá que adoptar las correspondientes medidas de precaución, todas las necesarias, para que la gente pueda votar con la mayor seguridad posible para su salud y para que todas las personas que necesariamente tienen que participar en ese proceso se sientan también protegidas. Tiene razón Lara Méndez. "El cómo" es lo verdaderamente relevante. Lo demás es circo. Hablar por no estar callado.

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