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Bellas artes

Las precampañas electorales sirven para fomentar la inspiración y alientan la creatividad de nuestros políticos

NO CABE duda. La proximidad de una convocatoria electoral incentiva, como poco, la inspiración de nuestros representantes públicos. Alienta su creatividad y alimenta su motivación para hacerse notar entre aquellos que tienen en la mano su futuro inmediato. Es el momento de moverse para destacar en esa foto fija de la clase política que los ciudadanos han ido revelando en un cuarto oscuro de promesas incumplidas, corrupción, irresponsabilidad y mucha cara dura. Es fundamental para hacer carrera que los potenciales votantes lleguen a comprender que ni mucho menos son todos iguales. Convencerlos de que realmente han estado trabajando en los últimos años por sus intereses y para incrementar su bienestar. Que no se dedican solo a lo suyo y que, por encima de cuestiones partidistas, está su compromiso con la gente y con el territorio al que representan. Explicarles que tienen buenas ideas y proyectos de futuro para que todo mejore. También voluntad y tesón para sacarlos adelante. Se trata, en definitiva, de vender aquello que se ha hecho y, si realmente hay poco género en el escaparate, tratar de ilusionar al menos con la esperanza de lo que podría venir. 

En noviembre estamos llamados de nuevo a las urnas y el año que viene habrá elecciones autonómicas. La campaña para las generales será concentrada e intensa. Llegan las prisas. Es el momento para las bellas artes. Proliferan normalmente antes del período de sombra que establece la ley electoral, ese tiempo en el que los políticos no pueden destinar recursos públicos a cantar la inmensidad de su gloria. Es el momento de bocetos, maquetas, infografías, anteproyectos y demás concesiones a la creatividad. Como diría algún escéptico: "O papel terma do que lle poñen". 

No hace mucho, en marzo, vino a Lugo el ministro de Fomento, José Luis Ábalos. Eran tiempos de precampaña para las elecciones generales de mayo. Se acercó para presentar el "anteproyecto" de la estación intermodal, prueba viviente según los gobiernos de turno de que nuestra provincia no se quedará fuera de las redes de alta velocidad. Entonces le llovieron palos hasta en el carné de identidad. Según el Partido Popular, "vino a presentar cuatro rayas pintadas sobre un papel". Hace apenas unos días que el Gobierno ha adjudicado la redacción del proyecto, que tendrá que estar listo en un plazo de quince meses. También están en marcha obras importantes en la línea Monforte-Ourense. Las cosas de palacio van despacio, como el propio tren, pero al menos parece que algo se mueve. Aunque sea a ritmo caribeño. 

Esta semana fue la conselleira de Infraestruturas, Ethel Vázquez, antes del apagón electoral, la que se acercó a Lugo para presentar su dibujo. Vino a explicar que el gobierno gallego pretende derribar la vieja estación de autobuses para hacer en ese solar una enorme plaza pública y un intercambiador de buses urbanos que conectará el centro de la ciudad con la futura intermodal. Puso sobre la mesa una idea, poco más. Un par de bocetos sobre dos caballetes de madera. Bellas artes. Dijo que la redacción del proyecto saldrá a contratación en el plazo de un mes. De momento no sabemos por dónde se desviará el tráfico si se peatonaliza A Mosqueira, qué pasará con los negocios que hoy ejercen su actividad en la vetusta terminal, cuánto dinero habrá que invertir, quién va a ponerlo y, sobre todo, cuánto tiempo habrá que esperar para disfrutar de ese nuevo espacio. Habrá que aguardar para disipar todas esas dudas. 

La tormenta de ideas solo nos ha dejado el concepto, que diría Manquiña. Imprescindible, pero insuficiente. No queda otra que conformarse y tener fe. Mucha.

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