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Caerse de la burra

Los conversos apestan a oportunismo, son más de fiar los Saulos
Carmen Cariciolo. EUROPA PRESS
Carmen la Conversa. EP

Yo me he caído un par de veces del caballo. Hablo de caídas nada metafóricas, con el caballo panza arriba y mis costillas presionando mis pulmones para cortar el suministro de aire de raíz. Unas hostias como Dios manda, de esas que te duelen en el cuerpo una semana y en la cabeza cada vez que vuelves a intentar que el caballo pase por donde no quiere. Que por algo no querrá, seamos serios, no le voy a enseñar yo a un caballo a andar por el campo.

Luego he tenido más, de manera regular. En algunas épocas, casi constantemente. Pero son caídas diferentes, de las que duelen por dentro, más adentro que las costillas, de las que te enseñan a andar por la vida. Una caída de la burra en condiciones, con su buena hostia de realidad, me convence mucho más que una simple conversión. Siempre he sido más de Saulos que de conversos. Por muy converso que sea, no deja de tener ese punto de oportunismo, de arrastrar la duda.

Carmen lamenta que "veía en Abascal una cosa y al final ha sido otra". Perspicaz, lo que se dice perspicaz, no es

Una conversa es Carmen Cariciolo, hasta hace unos días portavoz de Vox en el Ayuntamiento sevillano de Bormujos. Ha dejado el partido, que no el acta de concejal, porque dice que se ha dado cuenta ahora de que es "autoritario" y que ampara a "cargos que vienen de la ultraderecha". Carmen lamenta que "veía en Abascal una cosa y al final ha sido otra".

Perspicaz, lo que se dice perspicaz, no es. Y más teniendo en cuenta que se metió en Vox mientras trabajaba en un centro de acogida de menores inmigrantes y mantenía una relación sentimental con otra mujer, también migrante, con la que se va a casar. Leo las entrevistas que ha dado y ni siquiera ella acierta a explicar el motivo por el que acabó en un partido ultra cuyo principal y casi único discurso se construye sobre la homofobia y la xenofobia.

Mi problema con Carmen la Conversa es que tampoco comprendo por qué abandona ahora el partido y reniega de su ultrafé, porque Vox no ha cambiado. Me pregunto si ella tampoco habrá cambiado, no me quito la duda de encima, huelo un rastro de oportunismo.

Prefiero por eso a los Saulos, como Xavier Novell, una persona que asume su caída con una entereza silenciosa, un conocimiento de sí mismo envidiable y una coherencia abrumadora. No quedan dudas sobre su mudanza espiritual y corporal.

Se ve que a la Iglesia católica, por lo que sea, no le quedó claro lo de este tipo de caídas pese a que se lo explicó un tal San Pablo

El que todavía es obispo de Solsona —se ve que a la Iglesia católica, por lo que sea, no le quedó claro lo de este tipo de caídas pese a que se lo explicó un tal San Pablo— renunció al ministerio para irse a vivir con una escritora de novelas eróticas y satánicas. Lo hizo sin dar una voz más alta que la otra y honrando el que posiblemente era el único voto capaz de no violar: el de silencio.

Poco a poco, pero no por él, se ha ido sabiendo que se mudó a vivir con ella, que está embarazada y que están esperando unos papeles para contraer matrimonio civil. Una aplastante congruencia que ahora completa con su nuevo trabajo en Semen Cardona, una granja especializada en inseminación de cerdos con semen de alta calidad. Cardona los cría y él los junta.

Es este tipo de arrepentidos al que yo quiero siempre subidos a mi burra, siempre en mi equipo. Personas que viven sus caídas no con la boca grande y el alma oscura de los conversos, sino con la radical fidelidad a uno mismo y la intensidad vital de quien no tiene tiempo que perder en justificaciones. Dios las bendiga.

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