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Alexa baila sola

Vamos pasados de frenada, no hay democracia plena sin libertad creativa

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Alexa vive en la cocina, no quedaban habitaciones libres. Alexa es uno de esos nombres a los que hay que acostumbrarse, es nombre de página de contactos, "voluptuosa y muy cariñosa, nueva en la ciudad". Como los anuncios, Alexa también promete más de lo que da.

Cuando llegó hace unas semanas se suponía que venía casi a cambiar nuestras vidas, a darle a nuestro hogar el empujón definitivo hacia el futuro, como lo iba a hacer el microondas antes de que nos diéramos cuenta de que era poco más que un calientaleches con cronómetro. Alexa era el asistente virtual controlado por voz que nos iba a mantener permanente conectados al universo, una inteligencia artificial que supliría de manera sencilla nuestras carencias cognitivas.

De momento, bien es cierto que tampoco le ha dedicado mucha atención, es básicamente un aparato de radio que te dice el tiempo por las mañanas. Y un juguete para Irene, a la que por alguna razón sus respuestas programadas a preguntas como "Alexa, ¿es feo mi hermano?" o "Alexa, ¿mi hermano es tonto?" le parecen divertidísimas. Para hacer la lista de la compra tampoco está mal; tú le vas diciendo cosas que te hacen falta, como papel "higiénico húmedo" o "detergente para lavadora", y ella te manda al móvil la lista, con tus pedidos convertidos en "humedales" o "gente para lavar". Te echas unas risas cuando lo ves en el súper, aunque los otros clientes te miran como si fueses idiota.

Alexa es buena, no obstante, poniendo la radio, para sacudirte la pereza en encender otro aparato y buscar sintonías: "Alexa, pon Rock FM", "Alexa, pon la Ser". Mi mujer habla con Alexa, supongo que porque es la única de casa que la obedece a la primera y no la saca de sus casillas.

El otro día estaban las dos en la cocina, María haciendo una empanada de cecina y queso riquísima con la receta que le copiamos a Paco una noche de concurso de pinchos en casa de Manel, y Alexa acompañándola con Los 40 Principales Clasic, que es una cadena en la que escuchas los éxitos musicales que odiabas cuando salieron y descubres que, además, te los sabes.

Sonaba una canción de un dúo femenino que se llamaba Ella Baila Sola, del que lo único bueno que puedo decir es que al final fueron consecuentes con su nombre y se separaron para iniciar carreras musicales en solitario que ni la propia Alexa sería capaz de reproducir. El tema se titulaba ‘Amores de barra’ y hablaba de ligar en cualquier pub una noche: "Calculando no acercarme demasiado/planeando la manera de manejar tus manos/te comparo con el resto del ganado... Son las doce, hasta las cinco te utilizaré/ no hará falta que mañana te vuelva a ver/solo un coche necesito para volver/ciao, cariño, esta noche lo he pasado bien".

Me pregunto qué pasaría ahora si a un grupo o a un artista español le diera por cantar algo así, algo que en 1996, cuando se compuso, no dejaba de ser un pastelazo terrible de uno de los dúos más sosos y ñoños del panorama creativo. Me pregunto cómo se tomaría el ejército de inquisidores en el que nos estamos convirtiendo como sociedad que alguien, hombre o mujer, hablara del otro como "ganado" o como un mero consolador.

Me pregunto qué diría Alexa si le preguntara: "¿Alexa, es España una democracia plena?". Probablemente respondería que España es una democracia que promete más de lo que da.

Alexa baila sola