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Preocupación

El CIS vuelve a pinchar: es imposible que los políticos sean el segundo problema de los españoles... ¡porque son el primero!

EL ÚLTIMO barómetro del CIS eleva la preocupación de los españoles por la clase política hasta niveles de hace 34 años. Las encuestas del Centro de Investigaciones Sociales no reflejaban una realidad así desde el año 1985, tiempos en los que el terrorismo solía encabezar el ránking de quebraderos de cabeza del país, seguido del paro. Y aunque todos los datos del CIS hay que analizarlos con la prudencia que merece cualquier encuesta, igual que los partidos se toman muy en serio los datos de la intención de voto, podrían activar la máquina de la autocrítica y empezar a asumir el hecho de que ellos ocupen el centro de preocupación de la ciudadanía.

Un tercio de los españoles —el 32,1%— cita a los políticos como uno de sus pricipales problemas, cuatro puntos más que hace un mes y muy por encima de los tiempos previos a la crisis económica, cuando este indicador solía moverse en torno al 10%. La política es, en su conjunto, el segundo problema más importante por detrás del paro, según refleja el último CIS.

Pero yo sostengo que aquí sí hay cocina por parte de Tezanos y que, visto el panorama que tenemos en este país, nuestros representantes públicos son hoy por hoy el principal blanco de la ira ciudadana. Porque la verdadera indignación de la gente es que a los políticos parece no preocuparles ni lo más mínimo precisamente eso: que ellos son la gran preocupación.

→ Consecuencias previsibles

La última vez que los niveles de preocupación por los políticos superaron esa barrera del 30% en el CIS fue en sendos picos en los años 2012 y 2013, cuando la recesión económica más golpeaba. Y no fue una cuestión menor, sino que ese escenario se convirtió en la antesala del nacimiento de la llamada nueva política. Ciudadanos y Podemos nacieron como proyectos aprovechando precisamente ese hartazgo de la política. Eran lo nuevo, lo fresco y partían ya de salida con un caladero de potenciales votantes del 30% del país, según reflejaba el CIS.

Más de un lustro después, la desafección entre la gente y sus representantes vuelve a niveles históricos. La crisis se amortiguó —que no desapareció del todo— y los partidos tienen más cuidado, al menos en público, con las cuestiones de la corrupción. Sin embargo, no consiguen que su imagen remonte ante la ciudadanía.

Es difícil de descifrar cómo se trasladará todo ese caudal de insatisfacción al tablero de juego político de nuestro país, pero parece lógico pensar que si la nueva política ya se hizo vieja en muchas cuestiones, queda espacio para alumbrar nuevos proyectos que canalicen un descontendo ciudadano que, según el CIS, parece no tener techo. Puede que el ecologismo abandere la próxima revolución política; o quizás el feminismo. Pero con los datos en la mano, a un partido le bastaría articular su discurso alrededor de lo malos que son los políticos y la política para hacerse un hueco. En el fondo, fue lo que hicieron en su día Podemos y Cs y que después todavía perfeccionó Vox: fomentar el odio hacia la política para vivir de ella.

Así que, mientras el divorcio entre la sociedad y sus políticos no remita, seguimos abocados a profundizar en la fragmentación de siglas, una situación de minifundismo que por ahora se está demostrando que somos incapaces de gestionar bien.

→ Sanidad, el otro mensaje del CIS

El avance del barómetro del CIS del mes de junio también deja otras pinceladas que requieren una reflexión por parte de los políticos. Por ejemplo, que al ránking del paro, políticos, economía y corrupción se suma con fuerza en el quinto lugar la sanidad. Un 15,8% de encuestados la considera como una de sus principales preocupaciones y eso es un 4% más que hace un año. Es un indicador que también acostumbraba a moverse alrededor del 10%.

Las consecuencias de los recortes y la austeridad aplicados durante la crisis empieza a aflorar en el área sanitaria, con plantillas ajustadas, falta de medios, precariedad... En Galicia, con elecciones en un horizonte relativamente cercano, seguro que todos toman buena nota de este dato. La Xunta, porque sabe que tiene por delante catorce meses para tratar de parchear una crisis sanitaria que, si se agrava, puede condenarlo en las urnas. Y la oposición, porque cree haber encontrado en la sanidad la vía de agua con la que hundir a Feijóo.

Villares

Movimientos que habrá que seguir a partir de ahora en el Parlamento

EL PLENO del Parlamento de esta semana, el último antes del parón estival, servirá para ver la puesta en escena del nuevo reparto en el hemiciclo, con En Marea y el grupo mixto ya separados y quién sabe si ya con el socialista Gonzalo Caballero calentando su escaño. Con el nuevo decorado, habrá que estar especialmente atento a dos movimientos. El primero es si los diez diputados que quedan en En Marea acabarán bien el mandato, dado que hay gente de EU, de Anova, independientes y de Podemos cuyo único nexo de unión hasta ahora eran las ganas de apartar a Villares. Y el segundo pasa por ver si hay algún acercamiento entre el grupo del propio Villares y el Bloque.

Cs Galicia busca líder, candidato y plan 

CIUDADANOS GALICIA sigue sin digerir sus decepcionantes resultados del 26-M, lo que sumado al mar de fondo que está generando el debate ideológico interno a nivel estatal empieza a tener consecuencias. Solo esta semana hubo purga de la dirección de Ourense y goteo de bajas, entre ellas Ángeles Fernández-Ramil y Olga Louzao. Merece especial atención la lucense, portavoz gallega del partido y que, aunque en los últimos tiempos no se prodigó mucho en su rol autonómico, sí fue la referencia a la que se agarró Ciudadanos en sus momentos más bajos, tras el batacazo de las generales de 2016. Hoy, ese papel lo asume el secretario de organización, Laureano Bermejo, el hombre que tiene conexión directa con Rivera. Pero a un año de las autonómicas la realidad es que Ciudadanos Galicia no tiene líder, ni candidato ni, y eso es lo peor de todo, proyecto diferencial para la comunidad. La receta que se aplica con mano férrea desde Madrid no sirve para todos los territorios. O al menos así lo siente la gente que se da de baja.

 

Educación, un ministerio de segunda
AFIRMABA ESTA semana en Santiago el periodista Fernando Jáuregui, responsable del proyecto Educa 20.20., que una de las grandes carencias del sistema educativo español partía de la propia raíz del Gobierno, que en los últimos años decidió reunir en la misma persona las responsabilidades de ministro de Educación y portavoz del Ejecutivo. Ocurrió en los años de Mariano Rajoy con Íñigo Méndez de Vigo y después Pedro Sánchez repitió el esquema con Isabel Celaá. Son hechos objetivos y, aunque pueden tener múltiples interpretaciones, es indudable que el mensaje que se traslada a la propia sociedad es que la educación es un ministerio de segunda categoría, cuando debería de ser, quizás, el más importante del gabinete. Si el trabajo de portavoz del Gobierno absorbe las energías de cualquier político, en los últimos tiempos de especial convulsión política y partidaria todavía más. Así, la dedicación y el tiempo que queda para las políticas educativas es menor. Es lo que hay... y así nos va, por cierto.

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