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María Piñeiro, redactora de El Progreso, especializada en sanidad, chinista y autora de la sección El Portalón.

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Soltero con Gato se ha enamorado y yo soy una damnificada de su entusiasmo
Ilustración para el blog de María Piñeiro. MARUXA
Ilustración para el blog de María Piñeiro. MARUXA

SOLTERO CON GATO me pregunta si estoy contenta, si creo que tal persona del trabajo está contenta, si la camarera de aquella cafetería a la que vamos a veces estará contenta. Está de repente muy preocupado porque todo el mundo esté contento y, si alguien no lo está, porque haga por estarlo de una vez, sin quedarse atrás. Exige una coordinación internacional, global; es más, universal, para que nuestro estado anímico coincida con el suyo y todos le dejemos disfrutar en paz de la circunstancia de que está enamorado. Si estamos todos contentos -hagamos eso por Soltero con Gato, qué nos cuesta- él ya se puede despreocupar de nosotros y de nuestras vainas y vivir a tope de felicidad, pulmón hinchado, cadera bailonga, brazos que se le van al cielo solos. Clavelito reventón de contentura. "María, ¿tú estás contenta?", me dice, y me dan ganas de arrearle con el bolso.

Ilustración para el blog de María Piñeiro. MARUXASoltero con Gato no reniega de su nombre, con el que sigue sintiéndose identificadísimo. Está soltero y tiene un gato, pero, debo advertir que está menos Soltero con Gato que nunca. Menos soltero por el amor y menos gato porque jura y perjura que el felino obeso con el que vive ha adelgazado 200 gramos. "O así", añade enseguida, curándose en salud. Yo he visto ese gato y, háganme caso, sigue igual de redondo que un queso de bola. Le hace vídeos saltando de la mesa a la silla solo para probar mi error, para acusarme de gordofobia felina, pero a mí no me la da. La agilidad no niega la anchura. Soltero está a cinco minutos de decir que lo que le pasa a su gato es que tiene el hueso ancho, que retiene líquidos, que luce cartucheras. Las luce, doy fe.

A Soltero con Gato le gustaba salir de vez en cuando en esta columna porque creía que le ayudaría a ligar, ilusión que se hacía pese a que sabe que de nada ha servido nunca a esta arriba firmante aun siendo quien la escribe. Soltero con Gato llegaba a ponerse realmente pesado con Soltera con Columna y esta, o sea yo, le advertía cada vez de que tuviera cuidado con lo que deseaba, no se fuera a cumplir. Pero desde que se ha enamorado ha abandonado toda lucha en ese sentido porque vive de la ilusión, baja a la calle con ganas de bailar claqué y suspira cada dos pasos y medio con verdadera hondura, incapaz por un momento más de aguantar dentro el peso del aire, que le quita espacio a su burbujeante entusiasmo.

Total, que ha sido perder el interés por aparecer y yo lo he ganado súbitamente. Lo que quiero aquí es contar mis padecimientos porque Soltero con Gato no se ha enamorado de cualquier desconocida misteriosa y afrancesada que pasara por ahí, se ha enamorado de una de mis más queridas amigas y ahora tengo a dos personas preguntándome por dos líneas telefónicas distintas si estoy contenta. Esto no se puede soportar.

Mi amiga vive en otra comunidad por lo que todo ha pasado como manda el siglo XXI y la pandemia, a distancia. Ese detalle les obliga a seguir con fruición las noticias covídicas de dos gobiernos autonómicos diferentes y a poner la cabeza loca a su común amiga, periodista sanitaria, Soltera con Columna. El guión es "María, ¿estás contenta?" y, acto seguido, "María, ¿cuándo abrirán Galicia?".

Pasan horas al teléfono y cuando cuelgan me llaman a mí. Mi amiga, Joven Perimetrada, se apiada y suele pedirme que los mande a paseo si se hacen pesados. Soltero, sin embargo, me recrimina nada más descolgar que nunca antes le hubiera comentado que a Joven Perimetrada le gustaba Pulp, o Delibes o el hummus. Le ofende que no le haya informado pormenorizadamente de todo lo que a su amada interesa y me lo recrimina como si hubiera faltado a un juramento de lealtad retorcidísimo. Después anuncia que va a cambiar de tema y, en un esperado giro de guión, me espeta: "María, ¿tú crees que ella está contenta?".

Feijóo, por lo que más quieras, abre Galicia al amor. Dame algo de paz.

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