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Un pensador universal

Hans Küng fue la voz que luchó contra la "restauración" que se impuso en la Iglesia tras Juan XXIII

Señor director:

"He vivido relativamente feliz, hice todos los viajes posibles y he culminado mi obra" (suma 24 volúmenes en alemán). Era la confesión de Hans Küng en 2013 a la periodista Anne Will. Había cumplido 85 años y publicado el último volumen de sus memorias (Humanidad vivida). Esa entrevista televisiva era un anuncio de retirada del escenario, una despedida de quien fue hasta ese momento una personalidad pública internacional. Activó la posición de silencio quien había tenido una intensa presencia en los medios de muchos países. Sus libros están traducidos a más de veinte idiomas. El pasado día 6 la Fundación Ética Mundial daba a conocer la noticia de la muerte "tranquila" de este "pensador universal". 

Durante décadas ocupó la atención por sus opiniones, por los problemas con el Vaticano y con la aparición de sus libros. Los grandes medios europeos, americanos o australianos publicaban sus artículos sobre temas religiosos y en su última y larga etapa con su Fundación para una Ética Mundial: no habrá paz entre las naciones sin paz entre las religiones. Para el diálogo hay que investigar el fundamento de las mismas. A las tres religiones del Libro -judaísmo, cristianismo e islam-, les dedicó tres extensos trabajos que, como casi toda su obra, en España las publicó Trotta.

Contra la pesada maquinaria


¿Cómo consigue tal atención mundial fuera de los ámbitos eclesiásticos y de interés por la religión un teólogo, católico a pesar de todo, al que el Vaticano le retira la licencia para enseñar? El mismo día que se conocía su fallecimiento, Anna Soupa lo presentaba en L'Obs como un David que lucha contra el Goliat de la pesada maquinaria de la Iglesia, la que puso el freno ya con Pablo VI al espíritu renovador del Vaticano II. La encíclica Humanae Vitae (1968) marca simbólicamente la restauración preconciliar, con la visión que refleja de la sexualidad y la condena de los anticonceptivos en plena liberalización sexual. El Goliat, escribía la activista feminista cristiana, "no era el líder del ejército enemigo, sino el de su propio bando, la Iglesia católica, lo que hizo su lucha si no más difícil, al menos, más trágica". 

El conflicto, la persecución del pensador libre o la pretensión de censura atrae ciertamente la atención mediática. Juan Pablo II tenía en Küng una bestia negra. Küng le lanza más de un dardo cuando en Siete papas cuenta su relación con él. La Universidad Gregoriana, la más prestigiosa de Roma, rechazó al polaco como doctorando. "Esta traumática vivencia, según el profesor de Tubinga, debió de contribuir a su negativa actitud posterior como Papa hacia los jesuitas". Para quienes le acusan de soberbio también aporta él mismo material. Escribe que en el postconcilio, homogeneizado el pensamiento entre los obispos y acalladas las voces críticas, "quedo yo como casi la única voz teológicamente competente e internacionalmente influyente", lo que "el Papa en persona considera una amenaza". 

Es ese papel el que Nicolas Weil subrayaba en Le Monde. Desde su práctica y permanente lealtad a la Iglesia mantiene "su lucha permanente contra el espíritu de restauración, que se esforzó por revertir los avances del Vaticano II". Vatican News recogía de L'Obsservatore Romano unas declaraciones del cardenal Walter Kasper que lo calificaba como crítico, combativo pero hombre de diálogo. No se cuestiona su lealtad.

En su tiempo


La difusión de sus libros, la atención mediática, la audiencia y el respeto que encontró en ámbitos absolutamente distanciados de la religión -ateos, agnósticos, no practicantes o alejados sencillamente por un discurso eclesiástico obsoleto o de resistencia y oposición a la modernidad-, se explica fundamente porque Küng está situado existencial e intelectualmente en esta sociedad, en esta cultura y en este tiempo. Se atreve con las preguntas más elementales y que en algún momento todos nos formulamos. "¿Existe Dios?", "¿ Vida eterna?", "¿Tiene salvación la Iglesia?" o "¿Infalible?" son títulos de obras suyas . Las respuestas están formuladas en el lenguaje y el contexto cultural actual. Para el Frankfurter Allgemeine Zeitung la obra de Küng muestra que una persona de este tiempo puede decidirse racionalmente, sin violencia intelectual, por la fe. Visto desde la frontera, resulta bastante incomprensible la obsesión por silenciarlo, por acallarlo. En otro contexto histórico irían más lejos. Hans Küng representa el esfuerzo por conectar el cristianismo con la sociedad y la cultura actual. Ratzinger, que fue su compañero y que quedó parado ante la revolución del 68, cuando pasó a Papa emérito lo recibió en Castel Gandolfo y hablaron durante horas.

Las dudas sobre la calidad "doctoral" y la profundidad de su pensamiento teológico es intriga académica. La cuestión radica en que la exposición y el mensaje que se quiera transmitir se formule en lenguaje y lógica asumible para quien vive cultural y socialmente en el presente histórico, tal como sucede en Credo, Jesús o en su Historia de la Iglesia. Las memorias son la crónica de un tiempo de cambios.

Küng confesaba sus enfermedades en la entrevista con Anne Will. El párkinson que había llegado a su vida, las dificultades en las manos para escribir, la deformación de la mácula para leer y los problemas de vértebras. Le recordaba a la destacada periodista alemana que hay un tiempo para nacer, un tiempo para vivir y un tiempo para morir. Entraba en esta última fase y reivindicaba el derecho a una muerte digna: a "morir como hombre". No quería que le sucediese como a su amigo Walter Jens, que no tomó una decisión antes de que la demencia senil la hiciese imposible.

Se puede compartir o no su posición pero el razonamiento hay que escucharlo: el respeto hacia la vida implica la decisión sobre la muerte, no entendida como un suicidio arbitrario. Añade además para esa decisión del final la esperanza del creyente en el paso a una plenitud. Sobre esta cuestión, implanteable todavía dentro de la Iglesia, abre el debate en Morir con dignidad, una obra conjunta con su amigo Walter Jens, y en el opúsculo Una muerte feliz. La insistencia en el tema por parte de la prestigiosa entrevistadora que, por cierto, hace unos días mantenía en su programa de la 1 alemana una larga conversación con la canciller Angela Merkel, no gustó a algunas mentes "bienpensantes". Era el interés lógico en el contexto vital de Küng y por sus conocidas posiciones sobre la eutanasia.

De usted, s.s.s.

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