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La euforia no es el cambio de ciclo

La segunda entrega de 'Manual de resistencia' de Sánchez explicará cómo salvarse después de llevar el barco contra las rocas

Señor director:

La huida de Pablo Iglesias o las campanas que tocan a muerto por Ciudadanos son dos señales de final en las regionales de Madrid. Se esfuman unos liderazgos que se presentaron como alternativa al entramado de turnismo, PSOE-PP, que siguió a la Transición, y amenazaron las estructuras partidarias tradicionales. Más adelante le apuntaré unos matices. Si la aparición de Podemos y Ciudadanos y su rápido ascenso electoral respondían a la incapacidad de las formaciones tradicionales para dar respuestas a una situación de crisis económica y cambios sociales profundos, así se interpretó su eclosión, no han conseguido el objetivo ante el electorado que los aupó. Su participación en las instituciones y el poder —de la acampada en la Puerta del Sol a la vicepresidencia del Gobierno— no eliminó la metástasis que diagnosticaban en el sistema.

Voy pues a los matices. Son necesarios para entender en su totalidad el panorama global de la política española, sobre todo cuando, como en el caso de Pablo Casado, al día siguiente de las elecciones en Madrid habla de cambio de ciclo en alternativa a Sánchez. Le diría que barajar estos matices es imprescindible para ser alternativa de poder en el gobierno de España. Hay que entenderse porque la gran coalición —la Grossekoalition— es una quimera en España: ni el PP ni el PSOE están por la labor de facilitar la gobernación del más votado. Hay que buscar apoyos en el mercado de las minorías, a veces extremismos. Estaría por ver, además, si la Grossekoalition sería un camino de estabilidad a futuro.

Aznar habló catalán en la intimidad y negoció con Arzalluz para asegurar la Moncloa

Amistades fuera de Madrid


Al PP de Pablo Casado se le presentan al menos tres tareas para sedimentar bases para ser alternativa realista a Pedro Sánchez. El líder popular habrá de abandonar el zigzagueante camino que sigue entre los anuncios de moderación y la imitación de Santiago Abascal: habrá de definirse de una vez entre una línea de firmeza en la moderación, al modo Núñez Feijóo en Galicia, o el populismo nacionalista que imponen sectores de la derecha madrileña. No sé, señor director, si el éxito de Ayuso oscurece el planteamiento de la necesidad de centralidad o, incluso, supondrá mayores resistencias para tal objetivo. Hay un segundo matiz, con una pregunta inevitable: ¿se puede gobernar en España sin contar, en la forma que sea, con apoyos en Cataluña y en medida diferente con el País Vasco? En la particularidad de Cataluña, después de la hegemonía de CiU, aquello se ha convertido en un guirigay donde la derecha burguesa y la izquierda antisistema bailan juntas la danza independentista. Y en la singularidad de Euskadi, el PNV siente en el cuello el aliento de la izquierda soberanista y anticapitalista que en las últimas elecciones autonómicas se situó como tercera fuerza política con más de cien mil votos por encima del PSE-EE, la franquicia del PSOE en el País Vasco. Esta referencia a los nacionalismos vasco y catalán es obligada por dos razones. Una, hay mapas políticos diferentes en el conjunto español. España también en el comportamiento electoral no es una uniformidad. Lo que sucedió en las regionales de Madrid no tiene traslación a estos dos territorios. Está reciente el batacazo del PP en Cataluña y la irrelevancia en el País Vasco. El PP elige candidatos y discurso en estas comunidades para que satisfagan fundamentalmente a los sectores más nacionalistas de Madrid.

Los cambios que se registran electoralmente en Cataluña y Euskadi afectan al tradicional papel que jugó el centroderecha de esas nacionalidades para la gobernabilidad en España. Quiero decirle que difícilmente encontraría apoyos Pablo Casado para una investidura presidencial entre una representación de diputados catalanes como la actual en el Congreso. Sería imposible. Y difícil se le pondría ese papel al PNV con el escenario de fuerzas nacionalistas en Euskadi: la presión electoral de la izquierda soberanista. No olvidemos que el PNV dejó caer a Mariano Rajoy. Y esta sería la tercera tarea para Casado, construir puentes y presentar un discurso y practicar una política que atraiga al potencial electorado que pueda ganar o reconquistar espacio en Euskadi y Cataluña. No será con el discurso de Abascal.

No parece que el frentismo y el negacionismo de la realidad sean ni estrategia válida para quien busque ocupar la Moncloa ni, y esa es otra vertiente, para quien busque dar respuesta en positivo a la histórica tensión entre los nacionalismos en España, también el centralista-uniformista, que responde con banderas en las ventanas de Madrid a las esteladas en Cataluña: una vía sentimental a ninguna parte.

Con todo lo anterior pretendo decirle que Pablo Casado tiene por delante deberes de calado. El progresa adecuadamente que para el PP representa la victoria de Ayuso en Madrid no le libera de las tareas pendientes para construir una alternativa con opción de poder. Aznar llegó la primera vez a la Moncloa después de hablar (catalán en la intimidad) y pactar con Pujol, al que antes desde la calle Génova gritaban que aprendiese castellano, y con Arzalluz.

Quienes ven cambio de tendencia o final de ciclo en los resultados de las elecciones madrileñas más bien expresan deseos de verse en la Moncloa.

Cuestión diferente es que el PSOE y muy especialmente Pedro Sánchez se hagan mirar qué sucedió. Las explicaciones de la vicepresidenta Carmen Calvo —y dale con la extrema derecha y el fascismo— no sirven ni para consumo de una guardería infantil: no es Vox la causa de la catástrofe socialista. En todo caso será el obstáculo para que el PP no haya alcanzado la mayoría absoluta.

La desaparición de Iglesias es un detalle importante, supone la pérdida de un apoyo y un puente con Sánchez para los independentistas catalanes.

Los resultados de Madrid pueden pues tener consecuencias para el secesionismo catalán. La vía-puente que representó Iceta —el PSC— pasa a primer plano.

Nueva entrega de Sánchez


Ante las víctimas que se lleva el resultado del PSOE en Madrid, Pedro Sánchez, enigmático y frío según quienes le conocen, podría preparar una segunda entrega de Manual de resistencia. Se trataría de una ampliación del libro que publicó cuando llegó a la Moncloa. Si entonces sostenía que había roto tópicos y lugares comunes en la política española, ahora podría explicar cómo se elude toda responsabilidad después de haber capitaneado una catástrofe.

Plantearon una batalla de Madrid frente al peligro fascista; es lo que tiene confundir memoria histórica con reconstrucción interesada de la historia. No había trincheras en la Ciudad Universitaria. Iglesias imaginaba. En realidad se trataba de que los taberneros pudiesen abrir el negocio para sobrevivir y los tabernarios contar con trabajo para celebrar la fiesta de cada día y poder pagar impuestos sin que les asfixien quienes gastan sin hacer cuentas.

De usted, s.s.s.

La euforia no es el cambio de ciclo
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