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Un bizcocho

HACÍA UN montón que no comía pescado rico. La plaza, que antes estaba a un paso, aquí al lado, ahora está en el otro extremo del mundo y los niños son casi exclusivamente carnívoros, hacerles comer peces es una tortura para ellos y para nosotros. Así que lo fuimos dejando, bastante castigo teníamos todos con estar encerrados.

El caso es que nos convencieron Ángel y Paula, que viven casi encima de la plaza y saben comprar. Bueno, sobre todo Paula, que es además la que sabe cocinar, aunque para ser justos hay que decir que a Ángel se le da estupendamente comer. En estos momentos y en viernes, el producto de los placeros es, nos dijeron, un espectáculo. Así que María se animó, por romper la rutina y dar un paseo un poco más largo, y Paula se ocupó de llamar a su pescatero/a de confianza por la mañana y hacernos un pedido a su gusto para cuando llegara María.

Hemos congelado para otro par de días y además nos hemos metido entre pecho y espalda un rape al horno que ni los niños han dicho una palabra más alta que otra. Para rematar, Paula se las ha apañado para hacernos llegar de extranjis un bicocho que nos había hecho esa misma mañana y que está para llorar. Le debo tantos besos a esa mujer que cuando la pille va a pensar que le ha pasado por encima uno de esos perros babosos que parece que se han comido una zapatilla y llevan colgando los cordones; con lo chiquitita que es, va a tener que marchar directa para la ducha, la pobre.

bizcocho

Hay cosas, como un rape al horno y un bizcocho casero, o personas, como Ángel y Paula, que tienen la virtud de ponerte el día de cara. Por la tarde, y después de muchas llamadas, pude contactar por fin con Ángel Carracedo, una de las mentes científicas más brillantes de Galicia y una opinión de las que interesan entre tanto ruido. Andaba muy liado, normal, pero se ha prestado a responder unas preguntas por mail. Estoy deseando leer las respuestas.

También he descubierto que es mucho más gratificante salir a aplaudir por la fachada de atrás, la que da a O Carme, que por la de la muralla. En esta, sin vecinos de frente, suenan más desangelados, pero por detrás se oyen los aplausos de un montón de barrios, y acogen y emocionan. 

Es viernes y tomaré una copa con los colegas. Parece que será un buen día. Ánimo.

Un bizcocho