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QUERIDO DIARIO: me acabo de dar cuenta de que es la primera vez en mi vida que escribo semejante majadería, "querido diario", porque hasta ahora nunca había escrito un diario y hasta hoy no me había dado por ahí en este. Pero supongo que tarde o temprano tenía que suceder, así que por qué no hoy.

El día se presta, además. Hace un sol que da gusto y en las huertas de O Carme, no sé si por la primavera, por el silencio o por la falta de actividad humana, el espectáculo de vuelos y trinos es impresionante. Yo debería ser capaz de poner nombre a buena parte de esos pájaros: de niño, en el pueblo, he disparado contra muchos de ellos con mi carabina de balines, pero he perdido la memoria, la costumbre y el oído.

María me dice que deberíamos grabar un audio y mandárselo al naturalista Ricardo Méndez Maroto, que seguro que por el trino reconoce a un montón de especies. No es mala idea. Ricardo tiene adoptada ahora a Cris, un ave migratoria que buscó cobijo entre viaje y viaje. Igual los llamo mañana y los pongo en videoconferencia con las huertas, a ver si ven a algún conocido. Y si no, pues nos tomamos un vermú oyendo pájaros.

ocarme

Hablando de animales, Elías ya mide casi como yo. Ha sido quitarle un par de días la vista de encima y salir de su habitación como decían antes las abuelas que pasaba cuando los chavales tenían paperas o sarampión o cosas de esas, que medraban.

Lo que pasa con los adolescentes es que crecen raro, a ratos y a trozos. Me recuerda a un mastín del Pirineo precioso que vive en Recatelo. Llegó al barrio de cachorro, un peluche, y lo veíamos pasar todos los días desde el Esquina de camino a su paseo por el Parque. Pero se puso a crecer, y un día llegaba con los cuartos traseros por encima del resto del cuerpo; otro, había estirado de cruz; a los tres días, era todo cabeza colgando de un cuerpo escuálido; al siguiente, tenía un pecho de gladiador y un tronco esmirriado... Y así, a trozos, hasta que se convirtió en el animal armonioso que es hoy. 

Con mi chaval, supongo que con todos, sucede igual. A veces lo veo andar por el pasillo y parece que se va a pisar las manos. Al día siguiente, los brazos son ridículamente cortos para esas piernas tan largas. Cada día que entra en la habitación sale una persona distinta. Le preguntaré a Ricardo.

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