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Una familia que hace banda

El matrimonio Rivera Rodríguez y sus dos hijas forman parte de la banda juvenil de Antas de Ulla. VICTORIA RODRÍGUEZ
El matrimonio Rivera Rodríguez y sus dos hijas forman parte de la banda juvenil de Antas de Ulla. VICTORIA RODRÍGUEZ
Hay dos razones que hacen singular a la banda juvenil de Antas de Ulla. Una es la presencia de los cuatro integrantes de una familia como músicos y la otra la feliz experiencia de dos adultos implicados en el aprendizaje musical rodeados de niños

Música y familia son dos conceptos que van de la mano para los Rivera Rodríguez. En su caso no se puede hablar de tradición familiar, ya que los padres comparten aprendizaje con sus dos hijas. Los cuatro son integrantes de la Diverbanda, como se denomina a la banda juvenil de Antas de Ulla.

"Antes de chegar á banda grande hai que comezar pola pequena, aprender a ler a música na clave deste tipo de agrupacións", asegura la madre, Ana Rodríguez, que toca el clarinete, al igual que su hija mayor, Sofía, de 11 años, que también actúa con la formación de los mayores.

Ellas fueron las primeras en sumarse al proyecto. Más tarde se incorporaron Marta, la hija menor de 8 años, que optó por la flauta travesera, y el padre, Miguel Rivera, que se inclinó por la trompeta. Desde octubre, la familia acude al completo a los ensayos y espera con ilusión que llegue su primer concierto juntos, algo que se retrasa por la pandemia.

Esta aventura se inició hace tres años, cuando el director de la banda de Antas, Javier González Borrajo, contactó con vecinos de Palas de Rei, donde Miguel y Ana tienen una gestoría, con la intención de sumar alumnos a la escuela de música. "Apuntáronse varios nenos, entre eles a miña filla Sofía, e como non había adultos, Miguel anotoume a min", precisa Ana Rodríguez, que escogió el mismo instrumento que su hija mayor, aunque su único bagaje musical anterior era como pandereteira.

"Os primeiros pasos do trompetista foron duros", bromean al unísono Ana y Sofía

"Empecei con dúbidas, condicionada polo tempo do que podía dispoñer para aprender o manxeo dun instrumento, pero acabei plenamente integrada na banda, na que exerzo de tesoreira", manifiesta Ana Rodríguez. Como son los dos únicos adultos del grupo juvenil, Miguel y ella se encargan también de recoger el local de la antigua escuela de Peibás al rematar los ensayos.

La afición musical se extendió, de forma casi espontánea, a toda la familia. El padre tampoco tenía experiencia musical previa. "aínda que sempre me gustou moito a trompeta. Despois de escoitar un concerto de Abraham Cupeiro coa banda de Antas, quedei tan impactado que decidín aprender".

"Os primeiros pasos do trompetista foron duros", bromean al unísono Ana y Sofía. La trompeta es un instrumento ruidoso y los acordes del principiante les sonaban desafinados. Ambas sostienen, en tono irónico, que unos vecinos que alquilaron un piso en el mismo edificio durante el confinamiento "marcharon por non escoitalo". Miguel les sigue la broma. Afirma que "desde que fun árbitro de fútbol, cando me vin nun campo vestido de negro e con pantalón curto, perdín a vergoña. Se cadra tocar o silbato valeume de algo coa trompeta".

El padre de familia le pone empeño y se muestra "satisfeito cos progresos, algo polo que me anima o director. Nunca pensei que fóra capaz de dominar un instrumento, pero vou encamiñándome", asegura.

"Pódese dicir que somos uns privilexiados, temos unha banda en miniatura na casa"

VALORACIÓN. Esta experiencia compartida "é xenial", subraya Ana Rodríguez, que se siente especialmente feliz cuando hace un dúo al clarinete con Sofía. "Pódese dicir que somos uns privilexiados, temos unha banda en miniatura na casa", añade.

"Para min a música é unha liberación, axúdame a desconectar", comenta Miguel, a la vez que resalta la importancia de "vivir esta experiencia na banda coas fillas. Sacas o neno que levas dentro".

Las niñas lo ven desde otra perspectiva. Para Sofía, "é un xeito de desfrutar e de facer amigos". Lo que más le gusta es cuando "soa todo o conxunto. É moi guai". A la pequeña Marta no le apetecía inscribirse en la agrupación, pero agora "sempre agardo que chegue o xoves. É un entretemento", recalca en alusión al día de ensayo semanal, de hora y media, a los que se suman otros 45 minutos de instrumento y otros 45 de solfeo.

Aunque la música les une, en casa ensayan por separado. "Só preparamos algo xuntos en Nadal, porque tiñamos que gravar unha peza para a escola", cuentan.

Los dos mayores están como pez en el agua entre la veintena de niños que forman la Diverbanda. "Ao principio facíase un pouco estrano, pero os nenos tomaronno con normalidade e, ao vernos a nós, xa se apuntou algún adulto a solfexo e algún máis está pensándoo", apunta Ana Rodríguez.

Una familia que hace banda
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