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La muerte de un sacerdote de 36 años eleva a cuatro los fallecidos en la explosión de Madrid

Efectivos de Bomberos, Policía y equipos de emergencias trabajan en la calle Toledo de Madrid tras la explosión. EFE
Efectivos de Bomberos, Policía y equipos de emergencias trabajan en la calle Toledo de Madrid tras la explosión. EFE
Bomberos y técnicos planifican su actuación en el edificio, aunque todavía no se ha decidido si se demolerá el inmueble

 Los bomberos y técnicos del Ayuntamiento de Madrid planifican este jueves por la mañana su actuación en el edificio que este miércoles sufrió una explosión de gas en la calle Toledo de la capital que dejó cuatro víctimas mortales y una decena de heridos, y en el que desde primera hora se han reanudado las labores de saneado y desescombrado.

La Archidiócesis de Madrid ha informado a primera hora de este jueves de la muerte del sacerdote Rubén Pérez Ayala por las heridas sufridas a causa de la explosión de una residencia sacerdotal situada en el número 98 de la calle Toledo de la capital, elevando a cuatro las víctimas mortales. 

Según ha informado la propia Archidiócesis en su cuenta de Twitter, el sacerdote de 36 años habría fallecido a las 1:42 horas de la madrugada de este jueves después de haber sido trasladado al hospital por las heridas. 

Pérez Ayala fue ordenado sacerdote por el arzobispo de Madrid, el cardenal Carlos Osoro, el pasado mes de junio tras formarse en el seminario Redemptoris Mater de Madrid. La parroquia de Virgen de la Paloma, según ha apuntado la institución, era el primer destino como sacerdote de Pérez Ayala. 

La explosión se produjo este miércoles en un edificio perteneciente a la Parroquia de la Virgen de la Paloma y San Pedro el Real, donde se encontraban los salones y la vivienda de los sacerdotes. Hasta ahora, entre las víctimas figuran un hombre de 85 años que transitaba por la calle en el momento de la deflagración y otro que también pasaba por la vía urbana. El tercer muerto fue el técnico de calderas

DESESCOMBRO. Los bomberos han permanecido toda la noche en la zona del edificio de forma preventiva, y con las primeras luces del día se han reanudado las labores de desescombro y saneamiento de todos los elementos inestables dañados por la onda expansiva, tareas en las que colaboran otros organismo municipales con maquinaria pesada de obra.

Además, según fuentes de Emergencias Madrid, hay también técnicos del ayuntamiento y de la compañía de gas colaborando en la revisión del edificio, analizando la situación para planificar los trabajos que se van a realizar a lo largo del día.

Todavía no se ha tomado la decisión de si se va a demoler el inmueble siniestrado y de momento se trabaja para desescombrar la zona con el fin de que pueda recuperar la normalidad.

La calle de la explosión amanecía con la presencia de vehículos de emergencias de Madrid capital y del 112, de la Policía Nacional y de los agentes de movilidad, que evitaban el paso de curiosos o que se acercase demasiado el nutrido grupo de periodistas que se encuentra en el lugar. Varias cintas colocadas por los agentes apartan a los informadores y viandantes para facilitar el paso de una excavadora, que ha seguido retirando escombros del suelo, y de camiones de obra.

Un vecino que vive "justo delante de donde ha pasado todo esto", Miguel Rodríguez, ha explicado a los medios que él se estaba preparando para una clase "online" con la universidad cuando notó "cómo había una nube de polvo gigante" y vio "trozos de paredes volar", algunos de los cuales llegaron a sus balcones.

"En ese momento yo y mi compañero nos vestimos al instante, cogimos lo primero que teníamos, unas pocas botellas de agua en caso de que alguien necesitara para limpiar heridas o lo que fuera, y nos fuimos al instante", ha relatado.

El joven dice desconocer si su edificio ha sufrido daños estructurales, por lo que tanto él como su compañero de piso han decidido dormir en casa de familiares; de momento tampoco sabe cómo está su piso. "Hablaremos después con los policías a ver qué se puede hacer y cómo actuar ahora".

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