Lluís Montoliu: "Que pueda hacer algo no significa que deba"

El científico del CSIC investiga enfermedades raras y ha escrito un libro para dejar claro que No todo vale, para disipar dudas y suscitar reflexión.

Lluís Montoliu
photo_camera Lluís Montoliu, investigador del CSIC.

Lluís Montoliu es biólogo y ha dedicado las últimas tres décadas a la investigación científica. Afronta a diario trabas para experimentar, límites legales que garantizan un trabajo bien hecho.

No todo vale, el título lo dice todo.
Lo que me empuja a escribir este libro es la sensación que percibo en la gente de que los científicos podemos hacer lo que queramos. No es así. La investigación está muy pautada. Hay límites muy definidos, especialmente cuando implica a personas o animales. La investigación con animales es la más regulada que tenemos, incluso más que los ensayos clínicos con personas.

¿Hay más restricciones con animales que con personas?
Así lo pide la sociedad. Yo seré el primero en saltar de alegría cuando pueda dejar de investigar con animales, pero de momento son necesarios, por ejemplo, si queremos seguir desarrollando vacunas. La legislación dice que solo se experimentará con animales cuando no haya otro modo de hacerlo, porque el objetivo es terminar con su uso cuando sea científicamente posible.

¿Estamos muy lejos de ese momento?
Sí, pero lo hemos estado más. Llevo más de 30 años investigando y hoy no necesitaría animales para algunos experimentos que hice en los años 90. Por ejemplo, hemos avanzado en los genomas y hoy, sentado ante un ordenador, puedo responder muchas preguntas que antes requerían usar animales.

Seré el primero en saltar de alegría cuando pueda dejar de investigar con animales

¿Utilizar animales es opcional?
No, la ley lo prohíbe si hay alternativas. Cada vez que alguien se plantea un experimento debe comprobar si hay opción de investigar sin animales. Entiendo el sentimiento animalista, pero hay que entender el origen de muchas cosas. Si no quieres que se experimente con animales, no pidas anestesia cuando vayas al dentista porque antes ha sido probada con ellos. Detrás de cada medicamento que compras en una farmacia hay mucha investigación y legislación que la regula.

De las malas prácticas nacen las restricciones.
Las hay. La profesión de investigador no es ejemplo de virtud, no somos ni mejores ni peores que los periodistas, los ferreteros o los taxistas. Siempre hay personas tentadas a tomar atajos, pero para quien se salta las normas tiene que haber consecuencias. Si te saltas un semáforo y te ve la Guardia Civil te pondrán una multa. La proporcionalidad de la infracción también está regulada. Si experimentas sin los permisos necesarios tendrás como mínimo el descrédito de la comunidad científica, pero dependiendo de la gravedad hay multas e incluso penas de cárcel.

Dígame algo que haya parado la bioética.
Muchas cosas. Por ejemplo, antes no había tantas restricciones para utilizar primates no humanos en investigación. Desde las regulaciones de 2010 y 2013, solo está contemplado para enfermedades muy graves, mortales, en casos imprescindibles. Otro ejemplo es la oveja Dolly. Cuando apareció la gente pensaba que se podrían clonar seres humanos y está totalmente prohibido.

Si hay capacidad para hacer algo puede haber quien lo intente.
Sí, pero deberá afrontar las consecuencias.

Si quien tiene una enfermedad rara es mi hijo poco me importarían las consecuencias.
Ahí entra la vulnerabilidad de quien sufre la enfermedad, que se agarra a un clavo ardiendo. Eso me lo he encontrado, pero frente a esa petición de ayuda desesperada tiene que haber normas que protejan a ese niño. El objetivo de la investigación es que no causemos más daño del que queremos resolver. Para utilizar cualquier medicamento, lo primero que hay que asegurar es la seguridad y la eficacia. Existe, no obstante, el uso compasivo, que se puede solicitar a las autoridades para un caso concreto. Por ejemplo, para usar un medicamento que no está aprobado, en fase experimental, para tratar a una persona que está desahuciada, que ya ha probado todos los tratamientos posibles y que se va a morir. En algunos casos se ha autorizado y han salido adelante.

El objetivo de mi investigación es mejorar la visión de las personas con albinismo

¿Qué investiga en estos momentos?
Yo trabajo con enfermedades raras, concretamente, con el albinismo. Las personas con albinismo no solo carecen de pigmentación en la piel, sino que presentan una discapacidad visual relevante, llegando a la ceguera legal. Mi objetivo es desarrollar estrategias terapéuticas que permitan mejorar la visión de estas personas. Para ello intento trasladar la mutación genética que provoca el albinismo a animales, para determinar por qué ocurre esa pérdida de visión y, a partir de ahí, intentar paliarla.

La inteligencia artificial abre otro frente de debate.
El problema es que no hay legislación que la regule. La inteligencia artificial puede resultar muy útil para procesar gran cantidad de información, para combinar bases de datos enormes, por ejemplo para un diagnóstico médico, pero su uso inadecuado es muy peligroso. El problema es que la legislación va por detrás del conocimiento y es muy difícil legislar cuando no sabemos por dónde irá la evolución. El avance es rapidísimo y dentro de seis meses la situación no será la de ahora. Lo que está claro es que va a haber quien la use mal, así que por lo menos hay que asegurarse que le sea difícil.

Al final, todo es cuestión de ética.
Es tremendamente importante. Que puedas hacer algo no significa que tengas que hacerlo. Hay experimentos que no se deben hacer. Por ejemplo, las quimeras en las que se mezclan especies. ¿Si usas células de humano y consigues una rata con un 20% de células humanas es rata o humano? Podemos aprender lo mismo si mezclamos rata y ratón.

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