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Santiago estuvo a salvo en Samos

Monasterio de Samos.EP
Monasterio de Samos.EP
Un plan establecía que el monasterio fuera refugio del patrimonio de Compostela en caso de guerra en el régimen de Franco, según documentación inédita hallada por un investigador

El monasterio de Samos podría haber sido un refugio del patrimonio de Santiago si llegara a estallar una guerra durante el régimen de Franco. Así lo desvelan una serie de documentos inéditos estudiados por Francisco Prado- Vilar, doctor en Historia del Arte por la Universidad de Harvard e investigador del Real Colegio Complutense de Harvard.

Al terminar la Segunda Guerra Mundial, la Comisaría de la Primera Zona del Servicio de Defensa del Patrimonio Artístico Nacional, que encabezaba Manuel Chamoso Lamas, elaboró un plan para proteger el arte de Compostela en caso de conflicto bélico. Son unos "informes secretos producidos para uso del gobierno y la comandancia militar", apunta el estudioso.

El documento, que data de mayo de 1946, propone dos opciones: declarar Santiago como "ciudad abierta" y trasladar el patrimonio a Samos. Según Prado- Vilar, se trataba de "buscar un lugar idóneo para la evacuación del patrimonio artístico mueble".

El comisario propone la abadía "por su localización alejada de vías importantes y de objetivos militares". El plan recoge que el cenobio "cuenta con un aislamiento perfecto y personal competente que vigile y cuide de la conservación del conjunto evacuado". Sin embargo, Chamoso ve un problema a esta propuesta, la posibilidad de que en las tierras que rodean el monasterio "puedan cobijar elementos rebeldes capaces de integrar un peligro de quinta columna en un momento dado".

A la abadía se trasladaría, según recoge el plan, el tesoro de la catedral; los libros raros, códices, incunables y documentos más importantes del Archivo Diocesano y la Biblioteca Universitaria, y las piezas más importantes del Museo Diocesano (esculturas y tapices).

La segunda opción era declarar a Compostela "ciudad abierta", una forma de "hacer saber al enemigo que no había en ella objetivos militares y que no se ofrecería resistencia en caso de invasión", con lo que se evitarían bombardeos que pusiesen en peligro al patrimonio monumental y la población, señala Prado-Vilar.

Al principio del plan ya se hace referencia a lo "difícil" que sería salvar una ciudad por los "poderosos medios de destrucción que tuvieron harto funesta ocasión de ser experimentados en la pasada guerra y que hoy la propaganda les atribuye siniestra perfección", en clara alusión a las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki, detonadas un año antes, explica.

Las propuestas fueron criticadas en algunos puntos por el Jefe de la Defensa Pasiva Nacional, el general Salvador García de Pruneda. Veía Samos como una "buena elección", aunque consideraba que estaba demasiado lejos de Santiago para trasladar el patrimonio artístico y propone buscar un edificio alternativo, un pazo o monasterio, más cercano.

No creía que la posibilidad de que hubiese rebeldes escondidos en la zona fuese un problema para descartar el cenobio, ya que eso "podría ocurrir en cualquier lugar de Galicia", indica en el informe este militar, cuya biografía, señala Prado-Vilar, es "muy interesante" ya que, como aficionado, desde su perspectiva de ingeniero, publicó sobre el patrimonio románico de la Costa da Morte.

Este plan para salvar el arte de Santiago fue localizado hace unos meses por el investigador en el Arquivo de Galicia durante el estudio de los fondos de la Comisaría de la Primera Zona para buscar documentación sobre la historia y titularidad de las esculturas de los profetas del maestro Mateo, en poder de la familia Franco, y "ayudar a su recuperación para nuestro patrimonio", relata.

El doctor amplió la investigación a otros trabajos realizados por Chamoso y entre todos los informes localizó el plan. El documento estaba "perfectamente clasificado gracias a la extraordinaria labor de los profesionales del archivo, aunque no se habían difundido sus contenidos ni estudiado en profundidad", afirma. Ahora, más de 70 años después, se puede ver en la página web del Consello da Cultura Galega, lo que es posible con la colaboración del Arquivo de Galicia.

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