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Un magnate de Triacastela

El municipio es la cuna de Antonio López de Quiroga, nacido a principios del siglo XVII. El hombre emigró a América y se acabó convirtiendo en un magnate en la villa imperial de Potosí, donde se dedicó a las minas de plata

El municipio de Triacastela es la cuna de un Amancio Ortega, aunque del siglo XVII. En la parroquia de Cancelo nació todo un magnate, Antonio López de Quiroga, quien triunfó en los negocios en la villa imperial de Potosí dedicándose a las minas de plata.

En esta ciudad de Bolivia, a 9.000 kilómetros de su tierra, fue un reconocido personaje. Nació alrededor de 1620 en la Casa de los Quiroga y emigró en un primer momento a Sevilla, donde tenía "buenos contactos" con los comerciantes de las colonias, siéndole "muy útil para sus empresas", tal y como recoge el autor Peter Bakewell en el libro Plata y empresa en el Potosí del siglo XVII. La vida y época de Antonio López de Quiroga y del que se hace eco el investigador Luis López Pombo en las obras Lucenses de cuna o vínculo e Hidalgos y casas señoriales de la provincia de Lugo.

Ya en los años 40 se trasladó a América desde la capital andaluza, primero a Lima y luego a Potosí. En la ciudad boliviana triunfó y llegó a ser "el mayor productor de plata de la región", donde tuvo hasta doce minas, apunta López Pombo. El poder económico del vecino de Triacastela fue "muy grande" y una muestra de ello es que en 1648 realizó un préstamo de 38.000 pesos, cuantía suficiente para comprar unas 10.000 llamas, explica.

El de Triacastela comenzó a participar directamente en la metalurgia de plata allá por el año 1657 y la primera la obtiene en 1659, indica el catedrático Manuel Castillo Martos en una biografía recogida por la Real Academia de la Historia. Más tarde registra minas en Cerro Rico y alquila al menos diez al rey. Poco a poco continúa extendiendo su poderío y haciéndose con otras. También tuvo propiedades mineras fuera de Potosí.

Fue el "mayor productor de plata de la región" y llegó a abonar "casi la tercera parte de los quintos" recaudados por la Corona en Potosí

El profesor ve "difícil" conocer la cantidad exacta de plata que pudo producir, aunque algunos datos pueden dar una idea de su poder en el sector. Según recoge el investigador, hasta 1690 el empresario dio a la Corona seis millones de pesos en quinto (tributo que se pagaba al monarca), por lo que se estima que su producción bruta de plata era de unas 930 toneladas, que valdrían en moneda actual "unos cuatro millones de euros". Se trata de "casi la tercera parte de los quintos" recaudados en Potosí entre los años 1660 y 1690, lo que muestra su relieve, indica. En un retrato se recoge la leyenda de que dio "21 millones de quintos", lo que ve exagerado.

FORTUNA "MERITORIA". Para este catedrático, la fortuna del empresario fue "muy grande" y, además, "meritoria" porque la obtuvo en una época en la que "el Potosí esplendoroso no lo era tanto, ya que estaba inmerso en una decadencia". "Fue una fuerza estabilizadora poderosa en la minería y metalurgia de Potosí, y por ende en aquel virreinato durante al menos 30 años", afirma.

López de Quiroga no solo se dedicó al sector minero, sino que antes de esto tuvo una tienda de diversos artículos, desde tejidos hasta especias, tocas, pasamanos, papel, zapatos, hierro y acero. Este negocio, señala, le "facilitó contactos con la aristocracia comercial" de Potosí y le permitió conocer al mercader de plata Lorenzo de Bóveda, casándose con su hija, Felipa, recuerda Manuel Castillo. Además, se dedicó a la ganadería y agricultura, y concedía préstamos.

Al fallecimiento de López de Quiroga, quien tuvo cuatro hijos, las minas y demás industrias relacionadas con la obtención y la comercialización de lingotes de plata quedaron en manos de sus familiares, principalmente de sus sobrinos, que, "según parece, no prosperaron en dichas empresas", afirma Luis López Pombo.

El de Triacastela también fue un mecenas, pues, por ejemplo, financió una expedición en 1689 que tenía como objetivo descubrir el imperio del Gran Paitití, el Dorado, aunque no tuvo éxito

MAESTRE DE CAMPO. El empresario tuvo unas buenas relaciones con la corona, principalmente con el virrey de Perú, Pedro Fernández de Castro y Andrade, mandando a través de él una relación de méritos para solicitar el título nobiliario de conde de Pilaya y Pazpaya, aunque no le fue concedido, explica el estudioso lucense. Sin embargo, sí fue nombrado maestre de campo, un rango militar creado en el siglo XVI por el rey.

El de Triacastela también fue un mecenas, pues, por ejemplo, financió una expedición en 1689 que tenía como objetivo descubrir el imperio del Gran Paitití, el Dorado, aunque no tuvo éxito. Participó, además, en "obras y acciones de piedad", como en la construcción y ornamento de templos, y en la conquista y defensa de los territorios, según la historiadora Eugenia Bridikhina en unas declaraciones recogidas por el diario digital boliviano Opinión.

Esto fue lo que llevó a que a su muerte, en junio del año 1699, fuera enterrado en la iglesia de San Francisco de Potosí, el convento más antiguo del país andino y en cuyas obras había colaborado. Allí también recibió sepultura la espora del empresario de Triacastela. En su tierra natal no hay ningún reconocimiento a esta destacada figura, aunque desde el Ayuntamiento no descartan hacer algo tipo de recuerdo en su memoria.

Sí se conserva la casa de Quiroga de Cancelo, que perteneció hasta hace pocos años a la familia. Esta vivió en ella por lo menos desde el siglo XVI, aunque López Pombo ve posible que los Quiroga ya se establecieran antes en Cancelo. En este inmueble se conservan dos escudos, uno de los cuales representa las armas del linaje Quiroga de Cancelo.

Un magnate de Triacastela
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