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El colofón a una gran carrera

Pablo Rodríguez muestra un álbum con fotos de la época en la que competía. TOÑO PARGA
Pablo Rodríguez muestra un álbum con fotos de la época en la que competía. TOÑO PARGA

La Xunta entregará una distinción por los méritos deportivos al monfortino Pablo Rodríguez Vázquez, ciclista que participó en los Juegos Paralímpicos de Atlanta en 1996 y el Mundial

A sus 51 años, Pablo Rodríguez Vázquez casi hace un dibujo milimétrico de una experiencia que él mismo define como "espectacular". Tenía 29 cuando cruzó el túnel de vestuarios que le llevó hasta la pista de atletismo del estadio olímpico de Atlanta en 1996.

"Recuerdo el silencio posterior a salir y el contraste con el bullicio que escuché desde la grada una vez estaba fuera", describe Pablo Rodríguez, quien acompañado por un perro guía desfiló junto a sus compañeros del equipo español en la ceremonia de inauguración de los Juegos Paralímpicos de Atlanta. Llevaba desde 1991 compitiendo al más alto nivel. Aquello fue su cumbre.

"Uno siempre se pone metas y la mía era participar en unos Juegos. Una vez la cumplí, decidí que era el momento de parar", explica Pablo Rodríguez. Su disciplina era el ciclismo, que el año de los Juegos de Atlanta le obligó a recorrer un total de 18.000 kilómetros entre enero y septiembre. "No los hace un coche", afirma.

Su trayectoria deportiva no es una más. Por eso la Xunta de Galicia le ha incluido entre los 16 premiados de la gala Distinción aos Méritos Deportivos de 2018, que tendrá lugar el próximo martes en Santiago. Allí estará Pablo Rodríguez, un hombre con una impresionante historia de superación detrás.

El hecho de ser ciego no le impidió vivir su gran pasión. Fue un lustro intenso en el que este monfortino se convirtió en el primer ciclista español en ganar una etapa del Tour de Bélgica, la prueba más importante en tándem. Pablo Rodríguez se subió también a lo más alto del cajón en las vueltas a Madrid, Extremadura, Andalucía o Cantabria y terminó sexto en el campeonato del mundo de ciclismo.

Lo mejor estaba por llegar. Pablo Rodríguez se presentó en Atlanta con una bicicleta fabricada y montada en su Monforte natal. "Estaba valorada en unos 6.000 euros y me la hizo Manolo Díaz, de Bicicletas Integral", relata.

RESULTADO. Los Juegos Paralímpicos vieron a un vecino nacido a la sombra de la torre de A Homenaxe terminar en la duodécima posición la carrera de velocidad y en la decimoséptima la de persecución. Esa fue la cosecha en Atlanta de Pablo Rodríguez, la última de una carrera a la que pondrá una guinda con el reconocimiento de la Xunta.

Atrás quedan un sinfín de recuerdos, los más especiales dentro de la villa olímpica. "Allí no importa nada tu raza o el país del que provengas, todos los deportistas hacen una piña. Algunos compañeros míos me habían contado historias de Barcelona 92 y pude comprobarlo. Es lo más grande que viví en mi vida", expresa.

Aparte de las vivencias deportivas, Pablo Rodríguez tuvo la oportunidad de asistir en directo a un partido disputado por el mismísmo Michael Jordan. Los legendarios Chicago Bulls, que en los noventa ganaron seis anillos de la NBA, jugaron un partido de exhibición contra los Atlanta Hawks al que asistieron los deportistas paralímpicos.

"Terminé cansado después de aquello, pero mereció mucho la pena y estoy agradecido", concluye el deportista. Ya no conserva la bicicleta de Atlanta, pero el ciclismo lo lleva aún en las venas. Pablo Rodríguez guarda en su casa un tándem y un álbum de fotografías que inmortalizan un pasado cargado de éxitos.

El colofón a una gran carrera
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