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''A maioría das praias son privadas e hai que pagar''

María del carmen López vive desde hace más de 40 años en el sur de Italia, donde ha formado su familia, y desde donde añora inmensamente su Mariña natal. Natural de Santa Cruz, en O Valadouro, se estableció cerca de Nápoles tras casarse con un italiano al que conoció en Londres, en una aventura que comenzó a mediados de los sesenta y que rememora con un profundo acento italiano. «Me marché con el Opus Dei cuando tenía 16 años. Estuve un año en Manchester para aprender inglés, pero no me gustaba mucho y volví a España. Aquí no había mucho trabajo, y una amiga me dijo que en Londres sí, así que me volví. Trabajaba en una residencia universitaria, y allí encontré a mi marido», cuenta.

Un año más tarde ponían rumbo a Striano, un pueblo de unos 7.000 habitantes en la provincia de Nápoles. La decisión no fue fácil de digerir para su familia, especialmente para su madre. «Yo era la única chica. Mi hermano estaba en Madrid y ella siempre había querido que aprendiera inglés y luego intentara colocarme allí para que estuviéramos los dos juntos». Sin embargo, cuando su camino se desvió hacia Italia su madre tuvo una actitud «muy razonable. me dijo que era mi vida y que pensara en ser feliz».

Así que María del Carmen se fue al país de la bota, segura de lo que hacía, pero a la vez con pena de dejar Galicia y a su familia. Eran finales de los sesenta y todo parecía «muy lejos y muy caro.Eran distancias muy grandes, y los aviones ni soñarlos». Tampoco había los medios de comunicación de hoy en día, que le permiten seguir al minuto todo lo que sucede en Galicia. Casi como si estuviera aquí.

Cuando María del Carmen llegó al sur de Italia no sabía una palabra de italiano. Con su marido, cada uno hablaba en su idioma y así se entendían. Con el tiempo, acabó hablando la lengua del país a fuerza de ver la televisión y leer revistas. «No me costó mucho, y creo que hoy domino el italiano mejor que el español. La lengua madre no se olvida nunca, pero hay expresiones o palabras de las que a veces no me acuerdo», reconoce.

Tradición

Desde que María del Carmen se estableció en su segunda patria, todo ha cambiado mucho. Al llegar se encontró con un lugar profundamente tradicional. Ella procedía de un pueblo pequeño, pero donde podía ir con sus amigas a tomar un café a los bares sin problema alguno. En Italia, sin embargo, el que una mujer entrara en un bar «era un escándalo», e incluso si iba acompañada de su marido la miraban raro.

Aún a día de hoy hay tradiciones que le chocan. «Por ejemplo, los niños tienen que llevar los nombres de los abuelos paternos; cuenta mucho la familia paterna, pero hablo sobre todo del sur de Italia, el Norte es distinto», dice. No solo la paterna, el apego familiar es una característica muy marcada de esta zona de Italia, reconoce María del Carmen. Su familia incluye cuatro hijos -dos hombres y dos mujeres- un nieto y una nieta.

De la zona en la que reside le gusta especialmente el cáracter de la gente: «Es muy paciente y muy luchadora; si les pasa algo enseguida se reponen y tiran para adelante. En general son muy hospitalarios y dispuestos a ayudar», dice.

Sin embargo, a una mariñana profundamente orgullosa de su tierra, una de las cosas que más le llama la atención es que «no hay apenas playas libres, tienes que pagar para usarlas. Están prácticamente todas privatizadas», cuenta. «Hay playas libres, pero son muchas menos y están más abandonadas», aclara. Con este sistema, bajar a la playa cuesta del orden de cinco euros por persona, además de pagar el aparcamiento. Estas zonas suelen contar con todo tipo de servicios, incluidas pequeñas casetas cuyo alquiler para todo el verano puede rondar los 500 o 600 euros.

El Vesubio determina el color de los arenales, que tienen un aspecto negruzco por su origen volcánico. Aunque Striano está a diez kilómetros de la costa, sí se sitúa en la zona de influencia del volcán, que registró su última erupción en 1944.

Si toda Italia es un museo en sí mismo, en el entorno de la zona donde vive María del Carmen se encuentran joyas muy destacables, como los vestigios de Pompeya, ciudad arrasada en una de las erupciones del Vesubio en el año 79. Tampoco Nápoles tiene desperdicio y, entre las múltiples visitas obligadas que ofrece la ciudad, María del Carmen sugiere el Museo de Capodimonte entre las visitas ineludibles, la zona portuaria de la Mergellina, la costa amalfitana o la isla de Capri. Aun con todo esto, ella suspira por A Mariña.

HÁBITOS
''Primero se compran la casa y luego se la compran a sus hijos''

De que la familia es una institución clave en la sociedad del sur de Italia dan fe algunos hábitos. La preocupación de las parejas, por ejemplo, por tener casa propia y formar una familia. Además, una vez que se ha logrado, se ahorra para comprar la de los hijos, Sin embargo ya es difícil ver las familias numerosas de antaño. La tradición también está arraigada en los hábitos culinarios y si la gastronomía italiana se encuentra entre las más reputadas del mundo, su fama se cimenta en los hogares. «Aquí hacen todo en casa; la salsa de tomate, la pasta, no se compra nada cocinado», asegura María del Carmen. Aunque echa mucho de menos los platos gallegos, especialmente «el cocido, la empanada o la tarta de Mondoñedo», reconoce el valor de la cocina italiana, a la que se acostumbró, dice, «en un 80%». En esta cultura, la pasta tiene un papel protatonista, «se come todos los días, pero nunca igual. Con guisantes, o con habas, mejillones, aceitunas, en lasaña, tallarines, ñoquis. Y para cocinarla, el mérito hay que dárselo ellos». A pesar de tener unos valores muy tradicionales, los hombres no tienen remilgos en meterse en la cocina.

Algunas urgencias se pagan

Los italianos disfrutan de educación y sanidad pública. El sistema de enseñanza no difiere mucho del español, indica María del Carmen, y en el sanitario hay algunas diferencias. Por ejemplo, la atención de urgencia es gratuita, salvo cuando se trata de casos leves. Además, el paciente puede escoger especialista e incluso el cirujano en el caso de operación, aunque eso puede repercutir en tiempos de espera más prolongados. Las esperas para el especialista, asegura María del Carmen, rondan el mes o mes y medio.

Salidas menos nocturnas

Los hábitos sociales han cambiado en los últimos años y los italianos cada vez se encuentran más en bares y discotecas en lugar de en sus casas. Sin embargo, dice María del Carmen, «salen hasta las dos de la mañana, no hasta tan tarde como en España».».

 

''A maioría das praias son privadas e hai que pagar''
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