La Xunta exige mover uno a uno gran parte de los 15.000 mejillones del caneiro de O Muíño

Autorizó mover 15.600 ejemplares de dos especies amenazadas en el caneiro de Acea de Lugo, gran parte de forma manual e individual ► Los mejillones deben trasladarse envueltos en paños húmedos y neveras
Estado del caneiro do Muíño.  SEBAS SENANDE / AEP
photo_camera Estado del caneiro do Muíño. SEBAS SENANDE (AEP)

La Confederación Hidrográfica del Miño-Sil tendrá que trasladar la colonia de alrededor de 15.600 mejillones de dos especies protegidas que habitan el caneiro de Acea —junto al antiguo restaurante O Muíño— para después poder restaurarlo. Gran parte de los ejemplares tendrán que ser retirados del lecho del río y recolocados en otras zonas de forma manual e individual.

Esta es solo una de las condiciones que la Consellería de Medio Ambiente e Cambio Climático establece en la autorización que acaba de conceder a la Hidrográfica para mover los bivalvos.

La traslocación es una excepción a la norma de protección de especies amenazadas, como son los 9.100 individuos de Potomida littoralis y los 6.500 ejemplares de Unio delphinus que se calcula que habitan en el caneiro y su entorno. Según la Xunta, en esta zona no hay Margaritifira margaritifera, una especie aún más vulnerable porque está en peligro de extinción.

¿Cómo debe ser el traslado de los mejillones?

La consellería autorizó la traslocación bajo unas detalladísimas y exigentes condiciones. El periodo que otorga para hacer el traslado es del 30 de abril al 30 de septiembre, aunque el objetivo es emplear el menor tiempo posible porque el arreglo del caneiro tiene que realizarse en época de estiaje.

Antes de iniciar el traslado, la Hidrográfica todavía tiene que presentar un cronograma de los días en los que pretende llevar a cabo esta labor, para que sea validado por la jefatura territorial de la consellería. La recolocación de los mejillones tiene que hacerse en el mismo día de la recogida y evitando jornadas próximas a lluvias fuertes, para evitar que sean arrastrados.

La consellería establece que la búsqueda de los mejillones debe realizarse manualmente, examinando el lecho del río Miño mediante técnicas de buceo no autónomo, combinado con visores subacuáticos en las zonas que son menos profundas. 

Cada parcela de río debe revisarse al menos tres veces y los mejillones deben depositarse uno a uno, en vertical y orientados

Los ejemplares que estén emergidos sobre el sustrato del río, y que por tanto sean visibles, se recogerán de forma manual e individual y en ningún caso con maquinaria pesada. Los que estén enterrados en el lecho se extraerán de la misma forma. Los de menor tamaño se retirarán utilizando cribas de entre 5 y 10 milímetros de luz de malla.

Para asegurarse de que no quedan ejemplares ocultos se cribarán los primeros 10 centímetros de sustrato en las zonas que se consideran favorables para el asentamiento de individuos jóvenes y más pequeños. 

Los mejillones se mantendrán en el propio río, en bolsas de malla o calderos perforados, sin amontonar más de una capa en cada recipiente. A mayores, para garantizar la mayor eficacia en el rescate se realizarán tres revisiones de cada parcela de suelo, con un intervalo de entre 48 y 72 horas entre cada una de ellas. 

El traslado se hará en el mismo día y en el menor tiempo posible. Los mejillones se envolverán en toallas o paños muy húmedos y refrigerados, en cajas con hielo o en neveras, y en pequeñas cantidades para que no resulten aplastados. En ningún momento pueden estar expuestos al aire.

¿Cómo deben depositarse?

Antes de ser instalados en las zonas del río que sean seleccionadas —deben ser hábitats favorables y tener capacidad suficiente—, deben marcarse como mínimo la mitad de los ejemplares de cada una de las dos especies y de todas las edades existentes. El fin es facilitar su seguimiento durante al menos cinco años. 

El depósito de los bivalvos también debe hacerse de forma individual, sujetándolos por la parte más larga de la concha, disponiéndolos en vertical y soterrando la mitad más corta en el sedimento. Deberá quedar cubierta por lo menos un tercio de su longitud y con el canal inhalante orientado de la misma forma y en la misma dirección que la mayor parte de los individuos que haya en ese tramo de río, según especifica la consellería.

El traslado de especies protegidas como estos mejillones de río es una medida excepcional y controvertida. Por un lado, hay especialistas y organismos como la Sociedade Galega de Historia Natural que son críticos porque consideran que se pone en riesgo especies que están amenazadas y que cumplen una función muy importante en el mantenimiento de la calidad del agua y del ecosistema fluvial. 

Por otra parte, hay ciudadanos que ven un proteccionismo excesivo, ya que supone gasto y frena actuaciones. A mayores, el gobierno local ve doble vara de medir de la Xunta, ya que, aguas abajo de donde se va a intervenir ahora, la consellería no autoriza esa misma medida de traslocación de mejillones para poder instalar piscinas flotantes en verano.

Filtran hasta seis litros de agua al día

La protección de los mejillones que habitan en el Miño a su paso por Lugo lleva años en el centro del debate. Desde el punto de vista científico y de conservación del medio ambiente su valor es indudable. Un individuo de 15 centímetros es capaz de filtrar hasta seis litros de agua al día y son indicadores de la calidad de los hábitats.

El hecho de que se cuenten por miles en colonias en distintos tramos de río, como se ha constatado en los últimos años, hace que haya quien cuestione el freno que suponen para algunas intervenciones, el gasto que ocasiona su traslado y contradicciones como que son especies que también habitan en el río Ulla en la zona donde se prevé retirar agua para la planta de celulosa y fibras que proyecta Altri.

La importancia de proteger estas especies se asienta también en el hecho de que su reproducción es complejísima, por lo que el índice de supervivencia es bajo, algo en lo que también influye la edad de muchos ejemplares, que ya superan los 50 años.

Equipos del campus lucense y de la Xunta llevaron a cabo en los últimos años trabajos de investigación y de cultivo de estas especies, en algún caso con financiación europea, como el proyecto Life Margal-Ulla.

En España solo hay mejillones en el Narcea (Asturias) y en los ríos gallegos que vierten al atlántico. En Galicia, se constataron en 55 ríos principales y afluentes, pero lo que antes eran alfombras ahora son solo trozos, explicaba ya en 2013 la especialista del campus lucense Paz Ondina. Son todas especies amenazadas.

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