El voto y el cambio de alcaldía espolean a PSOE y BNG en el rural de Lugo, granero del PP

El Bloque ha aumentado su presencia en las parroquias, a las que ahora lleva cursos, tras el conflicto por las fiestas ► Los socialistas abren nueva etapa con la veterana Ana González, la primera mujer al frente, y homenaje a pedáneos
La edil nacionalista Cristina López, en la clausura de un curso en Orbazai. EP
photo_camera La edil nacionalista Cristina López, en la clausura de un curso en Orbazai. EP

La zona rural de Lugo, formada por 54 parroquias con cientos de núcleos distribuidos a lo largo de una superficie de más de 300 kilómetros cuadrados, está recibiendo una mayor atención de los dos partidos que forman el gobierno municipal de un tiempo a esta parte. Ese interés se da tanto por parte del PSOE, que es quien se ocupa de esta parte del territorio, como del BNG, que nunca se ha caracterizado por estar muy pendiente de ella.

Algunas muestras de ese giro hacia la zona rural son que el área de gobierno del BNG está llevando actividades a las parroquias y que sus concejales están un poco más presentes en la vida social de estas, como fiestas y reuniones vecinales. Una de las que más está acudiendo es Cristina López. Es la concejala de Participación e Servizos á Cidadanía, departamento que este año destinará 30.000 euros a cursos que se impartirán en diez parroquias en colaboración con sus asociaciones vecinales.

El PSOE también está haciéndose ver más, en parte porque cuenta con una nueva concejala de zona rural a raíz de la reestructuración que se produjo en el equipo de gobierno por el cambio en la alcaldía. Miguel Fernández dio el testigo a Ana González. Es la primera vez que una mujer asume esta delegación y, aunque es la concejala del gobierno más veterana, siempre estuvo dedicada a áreas relacionadas con el bienestar social, la mujer y la juventud y su presencia en la zona rural era más bien modesta, por lo que tiene por delante el reto de darse a conocer y, sobre todo, de tejer relaciones.

Esa mayor atención a la zona rural, donde actualmente viven cera de 7.800 vecinos, se ha empezado a percibir tras el cambio en la alcaldía —ahora en manos de la socialista Paula Alvarellos tras la marcha de Lara Méndez al Parlamento gallego— y tras la reciente celebración de las elecciones autonómicas. En estas, el PP volvió a arrasar en las parroquias, ya que ganó en todas las mesas, al igual que en los comicios generales del pasado julio. En las municipales perdió en una, la de Saa, aunque solo por cuatro votos, y en el cómputo general mejoró resultados respecto a la anterior convocatoria local.

La zona rural es, tradicionalmente, feudo popular y ahora, además, la concejala del PP que se ocupa de ella desde las filas de la oposición es una vecina. Flor Rubinos es, junto al nacionalista Felipe Rivas, la única integrante de la corporación municipal que vive en una parroquia. Reside en Muxa y está al frente de su asociación de vecinos, así como de la de As Gándaras, desde finales de los años noventa. Es, por tanto, buena conocedora de la idiosincrasia de la zona rural y tiene experiencia en el movimiento vecinal. Es un perfil muy distinto al de González, aunque esta también creció en una parroquia, de A Chaira, y asegura que siempre participó mucho de las actividades del Concello de Lugo en la zona rural.

González destaca la labor realizada por sus predecesores y la atención y las inversiones que el Concello viene realizando en las parroquias de Lugo desde que está en manos del PSOE, bien en solitario bien en coalición con el BNG.

Sin embargo, los socialistas parecen ser conscientes de la importancia de trabajar más la zona rural y, sumando a que hay una alcaldesa nueva que también busca marcar su impronta, están haciendo algunos gestos hacia ella. Esta semana, Alvarellos y González mantuvieron una reunión con los pedáneos, vecinos que sirven de enlace del gobierno con sus conciudadanos y viceversa. La regidora quiere intensificar la relación del gobierno con estas influyentes figuras de representación vecinal y también visibilizarlas y reconocerlas. Para eso, el próximo 15 de mayo, Día do Mundo Rural, habrá un acto de homenaje en el Concello que se personificará en el último pedáneo fallecido y en el más longevo que sigue ejerciendo en la actualidad.

El impulso con el que Alvarellos parece estar iniciando su labor como alcaldesa, en esta y en otras áreas, está siendo también un acicate para el área nacionalista del gobierno. Porque el rural no es solo un área que cueste al BNG, sino que hace unos meses este abrió un frente con los vecinos a cuenta del cambio en el sistema para subvencionar las verbenas. En 2024 destinará 30.000 euros y las ayudas se dan por orden de solicitud. Van treinta.

Son 54 parroquias que en veinte años perdieron el 12% de su población

La zona rural de Lugo está distribuida en 54 parroquias donde actualmente viven 7.705 vecinos, según datos del padrón municipal. El 50,4% son mujeres. A pesar de estar en el entorno de una ciudad, el rural lucense sufre problemas comunes a los de otras zonas de la provincia, como la dispersión, el envejecimiento y la despoblación

La cercanía a la ciudad no es un factor suficientemente determinante para paliar esos problemas y, aunque en las parroquias más próximas a la urbe se ha ido sentando población nueva en las últimas décadas, otra ha ido falleciendo. En el cómputo general, la zona rural de Lugo perdió el 12% de su población en veinte años, según la estadística municipal. En 2004 tenía 8.903 vecinos, con una proporción de mujeres y hombres casi idéntica a la actual, del 50%. 

La falta de servicios, o al menos la gran diferencia que hay con los que existen en el ámbito urbano, suele ser la principal dificultad para que las áreas rurales conserven y atraigan población. Entre otras razones porque, como argumenta la concejala de zona rural, Ana González, hay ciudadanos que persiguen vivir con los mismos estándares que en la ciudad y garantizar eso es difícil por el coste. Más si se trata de una zona tan extensa como la de Lugo, que supera los 300 kilómetros cuadrados

Solo las parroquias, o algunos de sus núcleos, más próximas a la ciudad disponen de servicios básicos como red municipal de abastecimiento y alcantarillado o bus urbano

Aunque hay otro servicio que hoy en día quizás condiciona más la elección del lugar donde se vive, como es la conexión a internet. En muchos lugares del municipio, la conexión es mala o incluso inexistente y eso es un hándicap enorme porque es una herramienta profesional y personal fundamental. Y mientras otros concellos de la provincia han ido mejorando este servicio, en Lugo se ha avanzado menos. 

Lugo también ha tenido otra dificultad en los últimos años. Muchos núcleos rurales estuvieron pendientes hasta el año pasado de la aprobación del plan general de urbanismo, lo que frenó inversiones. Y, por otro lado, la obtención de permisos urbanísticos en el Concello sigue siendo lenta y farragosa. La consecuencia es que son concellos limítrofes quienes se llevan población.