Volven a Frigsa os bailes sen limitacións

Os maiores que acoden a bailar ao centro cívico da Milagrosa quéixanse pola limitación de aforamento, pero valoran que se aumentase  A sesión deste sábado celebrouse sen problemas logo de eliminarse a prohibición para persoas doutros municipios que impuxera o Concello de Lugo
Baile de mayores de Frigsa despues de las limitaciones de acceso. FLAVIA MACÍA
photo_camera Baile de mayores de Frigsa después de las limitaciones de acceso. FLAVIA MACÍA

A Miguel Ángel Souto no se le da bien la bachata. Acude a veces al baile de los sábados y domingos del centro cívivo de A Milagrosa. Le gustan el ambiente y la música. Le molesta la limitación de aforo que impuso la concejalía de Benestar Social la semana pasada para permitir el paso a 55 personas que estuviesen empadronadas en Lugo. "O sábado pasado intentei entrar ao baile pola ventá, pero non me deixaron. Era unha broma", reconoce. De 57 años, baja la media de edad.

La alcaldesa, Paula Alvarellos, mantuvo un encuentro con representantes de los usuarios. Aumentó el aforo a 140 personas. Un guardia de seguridad pedía este sábado el número de carné, pero no preguntaba la procedencia.

En la entrada, un señor se negaba a ceder al ruego de su pareja. "Deberíamos quedarnos todos fuera para que eliminasen el límite de aforo. Si no cabemos en el local, que busquen otro", alegaba.

Formáronse ringleiras de persoas de 80 e pico anos que estiveron esperando de pé máis dunha hora para entrar"
 

Había mujeres reticentes a dejar sus datos en la puerta. "Onde van despois?". "Penso que deberían darnos unhas tarxetas para entrar e non poñer tantos problemas. Para catro da nosa idade que saímos, onde queren que vaiamos? A Morango?", se pregunta José Antonio Pérez.

El lucense Juan Luis Gallego, de 78 años, recuerda "cando viñan autocares de Ourense, A Coruña e Pontevedra". Lleva "28 anos" yendo a bailar los fines de semana al recinto de Frigsa. "Sempre fun bailador, pero deume un ictus, quedei paralizado do lado dereito e tiven que aprender outra vez a bailar coa axuda dunha asistente social". No conoce límites: "Bailo pasodobre, bachata, merengue... o que me poñan".

Baile de mayores de Frigsa despues de las limitaciones de acceso. FLAVIA MACÍA (2)
Baile de mayores de Frigsa después de las limitaciones de acceso. FLAVIA MACÍA

"Prefiro a música de antes", señala Loli, que lleva veinte años asistiendo a los bailes. Loli nació de un baile en Lugo. "Os meus pais viñeron de Vilachá (Brollón) ás festas de San Lázaro. A miña nai estaba embarazada e tívome en Lugo". Su amiga Flora se anima a bailar. "Bailo soa na casa, como para non facelo aquí".

El que se niega a identificarse

Hay un lucense que rechaza identificarse. Viste una corbata con un pasador "co escudo real". Vivió 67 años en Madrid. Insinúa que tuvo relación con la Casa Real. "O periodista Jaime Peñafiel toureoume unha vez para quitarme información e non deu", afirma. A sus 88 años busca "mulleres que non perdan o compás. É un bo baile, pero esta broma do aforo vai acabar con el", protesta. A Ermitas le parece tan mal el máximo de 140 como el impedimento a foráneos. "Vou comer polbo a Castro e ninguén mo prohibe".

O sábado pasado intentei entrar pola ventá ao baile, pero non mo permitiron. Era unha broma nada máis"

Esther dice que "llegamos y nos encontramos con el límite de 55 plazas solo para vecinos de Lugo y protestamos". Llega al centro cívico junto a Mari Paz, que denuncia que "se formaron ringleiras de persoas de 80 e pico anos que estiveron esperando de pé máis dunha hora para poder entrar".
Al final, un centenar de personas bailaba a ritmo de 'Resistiré' del Dúo Dinámico: "Cuando pierda todas las partidas/ Cuando duerma con la soledad...".

Piden que se abra la cafetería o que se ponga una máquina para sacar bebidas

Una de las quejas más comunes de los mayores que acuden a bailar al centro cívico de A Milagrosa es que se recupere la cafetería. Lejos de solicitar bebidas alcohólicas, piden, cuando menos, que se sirva café, infusiones y auga.

Un usuario recuerda que hubo un servicio de bar "desde sempre". Valora "que estaba moi ben e era moi barato porque con 20 euros amañabas para convidar a catro ou cinco amigos".

Para María, el problema de que no haya atención hostelera es que "non hai quen o colla". Ella no es de bailar, como le pasa a sus amigas Ermitas y Matilde. Son "máis de mirar", pero les apetece tomar una consumición mientras contemplan a los bailantes.

Esther López cuenta que le pidieron a la alcaldesa que instalase una máquina expendedora de cafés, infusiones, refrescos y agua, y que "dijo que iba a mirar si era posible instalarla".

Su compañera en A Milagrosa, Mari Paz López, añade que Paula Alvarellos se mostró dispuesta también a incrementar los días de baile en el centro cívico sumando "os festivos e os días santos" a sábados y domingos.