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EPIDEMIA SILENCIOSA

Salto a una segunda vida

El subinspector José Antonio Lamas (izquierda) y un inspector adjunto del CNP, en el puente nuevo, donde evitaron varios suicidios. ANA SOMOZA
El subinspector José Antonio Lamas (izquierda) y un inspector adjunto del CNP, en el puente nuevo, donde evitaron varios suicidios. ANA SOMOZA
No pasa un mes sin que la Policía Nacional de Lugo acuda a una llamada por intento de suicidio. Los agentes lidian con personas que huyen de su propia vida y disponen de segundos para convertir su tragedia en una segunda oportunidad. Se dejan la piel en el intento, pero lo logran

No son médicos ni héroes, pero salvan vidas. Los agentes de la Policía Nacional de Lugo reciben multitud de llamadas por intento de suicidio, una problemática que perciben en aumento y contra la que resulta muy complicado lidiar. Aun así, lo intentan hasta la saciedad y su esfuerzo no resulta en vano, ya que desde que arrancó el año han logrado evitar que más de una decena de personas pusieran fin a su propia vida.

Hace apenas dos meses, el subinspector José Antonio Lamas y varios agentes del servicio de radiopatrullas acudieron al puente nuevo, donde un hombre se encontraba sentado sobre la barandilla y amenazaba con arrojarse al vacío. "Cuando nos encontramos ante una situación así", explica el subinspector, "lo primero que hacemos es hablar con la persona e intentar que desista, pero nunca podemos bajar la guardia. En aquella ocasión, el hombre saltó de repente y nosotros conseguimos agarrarlo por una pierna y ponerlo a salvo".

Para José Antonio Lamas, la situación no era nueva. "Cada vez tenemos más intervenciones de este tipo, y todas son diferentes. Recuerdo una vez que varios policías estuvimos más de hora y media en el domicilio de una mujer que amenazaba con suicidarse. Se sentó en el sofá y nos explicó tranquilamente que lo intentaría cuando estuviera sola. Cuando llegó la ambulancia accedió voluntariamente a ser trasladada al Hula, pero justo cuando llegamos a la puerta de entrada, se dio media vuelta, corrió hacia una ventana y se arrojó. Yo corrí tras ella y logré agarrarla por las piernas, pero me arrastró y otro compañero consiguió agarrarme a mí", recuerda.

En situaciones así, evitar el suicidio de un ciudadano implica para los policías poner en riesgo su propia vida, "aunque en ese momento no lo piensas, simplemente actúas", aseguran. El agente José Souto también sabe de primera mano lo importante que es mantener la calma en esa tesitura. "Cuando estuve destinado en Barcelona", recuerda, "una vez acudí a una llamada porque un hombre de origen japonés estaba en su domicilio desnudo y con una katana en la mano, amenazando con hacerse en harakiri. Fue una situación muy tensa, ya que el arma imponía y su familia también estaba en el domicilio. Al final, mis compañeros y yo conseguimos que se calmara y soltara la katana, pero son situaciones que se pueden complicar mucho en cuestión de segundos".

Los policías detectan un aumento de casos: "No escatimamos en medios y afrontamos todas las alertas como reales", dicen

José Souto evitó también el óbito de un lucense que se colgó de un árbol hace poco más de un año. "Yo estaba de servicio, aunque de paisano, y de repente vi a un hombre encaramado a un árbol y con una cuerda al cuello. Me detuve y comencé a hablarle, pero él quería que me marchara y me decía que no me bajara del coche. En esos casos no sabes muy bien qué hacer. Sabes que tienes que actuar y vas tomando decisiones sobre la marcha, esperando no equivocarte. En aquel caso", recuerda , "le dije que pensara en su familia, pero aún así se tiró de repente. Entonces corrí a cortar la soga y finalmente se salvó".

Tanto los agentes de la Policía Nacional como los de la Policía Local se movilizaron también este año para localizar a ciudadanos que escribieron notas manuscritas de suicidio o que dejaron mensajes inquietantes en las redes sociales. "Nunca se escatima en medios. Nos encontramos casos en los que la persona no tiene realmente la intención de quitarse la vida y solo reclama atención, pero nosotros nos tomamos en serio todas y cada una de las alertas y ponemos todos los medios a nuestro alcance para localizar a esa persona", explica el subinspector Lamas.

"En una ocasión", cuenta, "una chica lucense escribió en las redes sociales que se iba a quitar la vida en el mismo lugar en el que había muerto su amiga. Nos pusimos a investigar y descubrimos que la otra joven había fallecido en un accidente de tráfico en Muxía. Alertamos a los compañeros, pedimos de noche una orden judicial para rastrear urgentemente su móvil, revisamos las cámaras de tráfico de la autovía y comprobamos sus movimientos bancarios. Al final la encontramos en Lugo y no tenía ninguna intención de trasladarse a Muxía y suicidarse, pero nosotros afrontamos todos los casos como reales".

Los policías reconocen además que la mayor parte de las alertas son ciertas y además derivan de situaciones muy dispares. "Nos hemos encontrado con todo tipo de personas. No existen perfiles. Hay mujeres, hombres, jóvenes y mayores. A veces, cuando hablamos con ellos en plena crisis, nos cuentan cosas de su vida y vemos que realmente se sienten desesperados. Vemos que a mucha gente le afecta sobremanera la soledad y también los desengaños amorosos. Nosotros intentamos actuar como amigos, psicólogos... Cualquier cosa es válida con tal de evitar que una persona acabe con su vida", comentan.

En la mayoría de los casos, la actuación policial cumple su objetivo y los agentes evitan el desenlace previsto. Y aunque ellos le restan importancia y afrontan cada caso como una intervención más en su trabajo diario, a los afectados y sus familiares, su intervención les da una segunda oportunidad para seguir viviendo.

Salto a una segunda vida
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