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Las otras plagas que pasaron por Lugo

Pastillas Tirozetas, uno de los medicamentos para aquella gripe. EP
Pastillas Tirozetas, uno de los medicamentos para aquella gripe. EP
La gripe amarilla de 1957 se manifestaba con pérdida del olfato y gusto y se consideró leve pero dejó 10.000 muertos en España ▶ Esta epidemia, que provocó la suspensión de la Liga, se trataba con aspirina, antibióticos y también vino caliente con grasa de tocino

El coronavirus se está llevando la fama pero, echando un vistazo atrás, los lucenses sufrieron, a lo largo del siglo XX, la presencia de otros virus de la gripe de origen asiático que generaron preocupación entre la población.

En otoño de 1957, surgió en todo el país la epidemia de la gripe amarilla o asiática, cuyo virus procedía de China, producto de la mutación de otro virus común en patos silvestres que se cruzó con una cepa que afectaba a humanos. La incidencia fue muy alta en Asia, donde fallecieron millones de personas pero en España fue mucho menor, aunque en su momento más álgido, el 20 de octubre, llegó a provocar la suspensión de once partidos de fútbol de Primera y Segunda División.

En Lugo, se vivía cierta preocupación por la gripe, pero no tuvo consecuencias trágicas.

OLFATO. Lo cierto es que las consecuencias de aquella gripe amarilla pasaron desapercibidas para muchos y algunos la sufrieron de una forma leve como es el caso del historiador Adolfo de Abel Vilela que, pese a ser todavía un niño, sí guarda recuerdos en su memoria de aquella gripe asiática.

"O que lembro é que un dos seus principais síntomas era o mesmo que produce tamén o coronavirus. É dicir, que quitaba o gusto e o olfato. Aqueles días recordo que non tiña ningunha das dúas cousas. Iso foi o que me quedou, pero despois non percibín que fose un virus moi forte. Supoño que causaría mortes, como todas as gripes, pero daquela non se lle daba importancia", comenta.

SÍNTOMAS. La gripe amarilla de 1957 comenzaba de forma brusca, según explicaba entonces, desde las páginas de El Progreso, Ramiro Casas, médico forense de la cárcel de Monforte.

"Tiene comienzo brusco y se siente en todo el cuerpo como si le dieran a uno una paliza, escalofríos, fiebre moderada a veces elevada y remitente, cefalalgia, postración, rubicundez de la facies, cara de borracho, irritación de garganta, catarro. Suele durar tres días. Pronóstico leve, benigno", afirmaba en un artículo.

El tratamiento propuesto era simple. Infusiones, vino caliente con grasa de tocino y, en los casos más complejos, Cafiaspirina o antibiótico, las tabletas Tirozetas a base de tiratricina y vitamina C copaban varias de as páginas de los periódicos. Y otra recomendación básica: meterse en la cama.

"Al principio, tomar infusiones calientes, té solo o con gotas de anís, café solo o con leche. Los hombres acostumbrados a beber deben añadirle gotas o una cucharilla de coñac al café o a la leche. El sudar es mano de santo. Tomar un disco de Cafiaspirina. Este se deshace o diluye en medio vaso de agua, mejor con gotas de limón, se bebe y se toma una taza de té o manzanilla caliente o un ponche. Si hay buen estómago, es buena la medicina que se toma en las aldeas. En una taza de buen vino caliente azucarado, se echa pingo de tocino, se bebe a la noche estando en cama. Hace sudar", explicaba Ramiro Casas.

El médico monfortino daba, además, otra serie de recomendaciones higiénico-sanitarias, muy similares a las que se dan hoy en día sobre el coronavirus. "La habitación del enfermo no debe ser reducida y sí amplia, bien ventilada, sin que se exponga al sol ni a las corrientes, mejor orientada al mediodía. Es conveniente no levantarse y si se hace, se ponen los pies en una alfombra o en un paño, no en el suelo", indicaba.

CONTAGIOS. El doctor Ramiro Casas recomienda, asimismo, hacer vida "higiénica" para que no haya contagios, evitando además "los excesos", los enfriamientos y sin estar mucho al sol.

"Los convalecientes que se ponen al sol, recaen. No se debe concurrir a cines, casinos, ni donde haya aglomeraciones de gente. Los sanos pueden contagiar la gripe al dar la mano o besar. El paciente debe estar solo en la habitación, con la persona que lo atienda y esta lavar con frecuencia las manos en agua a chorro y buen jabón. Una vez secas, rociarlas con alcohol. Tampoco se debe toser enfrente de otra persona sino que hay que torcer la cara a un lado. Al toser y aun al hablar, salen pequeños esputos, casi invisibles, que pueden hacer contagioso el aire de la habitación. Para esputar, conviene hacerlo en escupidera o vaso de noche, que contenga lechada de cal», decía.

La suerte fue que cuando la gripe amarilla llegó a España ya había vacuna, desarrollada en Estados Unidos, donde había llegado varios meses antes. La enfermedad se fue en poco tiempo, aunque volvería en enero y febrero de 1958 y aún tendría un rebrote en 1959.

TRANCAZO. Ramiro Casas se licenció como médico en 1890, un año después del trancazo de 1889, llamado así porque surgía bruscamente y dejaba tumbado al enfermo. En las páginas de El Progreso recordaba esa gripe entonces, en 1957, como más grave que la actual, sobre todo en los averiados, enfermos crónicos y viejos. En Madrid morían de pulmonía gripal 200 personas diarias.

También asistió a enfermos en la gripe española de 1918, de la que decía que tuvo mucha más incidencia entre la juventud que entre los mayores.

"Morían muchos jóvenes sanos y robustos. Se practicaba la sangría. Se usaba mucho coñac por los sanos. No evitaba la gripe pero sí combatía el miedo que infundía tan mortífera epidemia. En cambio, esta no atacaba a los viejos. Se dijo que estaban vacunados de la de 1889", decía Ramiro Casas.

HONG KONG. Además de la gripe amarilla de 1957, hubo otra epidemia más de gripe, también de origen asiático, en 1969. Se le llamó la gripe de Hong Kong. La cepa era similar a la anterior. Hubo un millón de muertos en todo el mundo. En Lugo, también pasó casi desapercibida para la mayoría de la población.

Hubo víctimas de la viruela, la polio y también del cólera
No solo la gripe causó epidemias el siglo pasado en Lugo. Otras enfermedades como la viruela, la poliomelitis y el cólera tuvieron una alta incidencia en la población, según refiere Fernando Pardo, en Historia de la medicina de Lugo y su provincia.

Entre 1941 y 1942, Lugo sufrió una epidemia de viruela con casos de mortalidad, que se logró vencer gracias a la obligatoriedad de vacunarse a costa de perder la cartilla de racionamiento de alimentos.

En 1959, hubo una epidemia de poliomelitis, que afectó a varios niños dejándolos discapacitados o con complicaciones neumonales, lo que obligó al hospital de San José a adquirir un pulmón de acero.

El cólera afectó a Lugo en 1971. En este caso, las autoridades ordenaron guardar silencio para evitar la alarma social, según Fernando Pardo.

 

Las primeras vacunas contra el sarampión fueron en Lugo
El primer plan de vacunación contra el sarampión en España se hizo en Lugo. Había una razón: en 1974, hubo una fuerte epidemia, con origen en la agrupación escolar de A Fonsagrada, que se llevó la vida de tres niños y muchos otros quedaron con secuelas.

"Se juntaron niños de pueblos de la montaña, que nunca habían tenido contacto con ningún virus, con otros y allí cogieron sarampión, paperas, varicela, rubeola... Fue una bomba. El sarampión se expandió por la provincia y, a raíz de eso, se instauró la vacunación contra esta enfermedad y la triple vírica, con una campaña piloto que comenzó en Lugo", explica Cándido Sánchez Castiñeiras, entonces jefe provincial de Sanidad.

GRIPE. Lugo también fue el primer lugar de España donde se identificó un virus de la gripe para preparar la vacuna. Ocurrió en 1971. Años antes, Sánchez Castiñeiras había recogido muestras de virus circulantes en el Centro Nacional de Virología.

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