Objetivo primate

El lucense Álex Fernández llevaba 15 años sin un mes de vacaciones y quiso resarcirse. Se adentró en la selva del Congo y cumplió su sueño de estar con los gorilas, además de acercarse a la vida de tribus como la masái.

 

Álex Fernández Digón, con nenos dunha tribu masái.
photo_camera Álex Fernández Digón, con niños de una tribu masái. A.D.

Dice que ha sido el viaje más agotador de su vida, "pero el más auténtico". El lucense Álex Fernández Digón tiene la sensación de haber cambiado de mundo, "de continente, de clima, de moneda, de lengua. Éramos los únicos blancos, el raro era yo", resume. Viajó a África por "inquietud científica" y logró su objetivo: estar con los gorilas.

La aventura fue especial por muchos motivos. "Llevaba 15 años sin unas vacaciones decentes, trabajando de lunes a lunes y solo con alguna semana suelta de descanso. Este año pude parar un mes completo y me fui 20 días a la sabana de Tanzania, a ver todo tipo de animales, y seis al Congo, en busca de los gorilas de la montaña. Fue el viaje más largo y más lejano de mi vida".

No estuvo solo en esta aventura, sino acompañado por Fernando Alén, con quien comparte trabajo y el gusto por los animales. "Los dos trabajamos los fines de semana en el centro de salud de Bóveda". Allí germinó la idea.

Entre Tanzania y el Congo 

Los 20 días de Tanzania fueron increíbles en cuanto a contenido. Fueron jornadas intensas de safari por la sabana para ver todo tipo de animales. "Tanzania es un país seguro, con mucho turismo y parques naturales privados. El Congo es todo lo contrario. Tiene la desgracia de ser el país más rico del mundo y por eso lleva 40 años en guerra. Tiene petróleo, oro, diamantes, esmeraldas, litio, uranio, wolframio... ¡de todo! Las guerrillas subvencionadas por Rusia, China, Estados Unidos o Ucrania, entre otros países, se disputan el territorio, pero no por un ideal, sino por el control de una mina que les interese", explica.

Pero además de materia prima muy preciada, El Congo tiene gorilas y el objetivo de Álex Fernández y Fernando Alén era llegar hasta ellos. Para conseguirlo buscaron un contacto. Ese hombre se encargó de organizar la expedición a través de la selva. "Fuimos con militares, rangers y guardabosques. A simple vista no se distinguen unos de otros porque todos van armados hasta los dientes".

Llegar a los gorilas no fue fácil. Pronto se acabaron los caminos transitables y tuvieron que adentrarse en la selva a pie. "En cuanto avanzas 30 metros por la selva ya no eres capaz de salir. Confías en que los guardabosques sepan hacerlo. Había telas de araña de tres metros de ancho. Me sorprendió ver las lianas colgando de los árboles e impresiona ver bajando por ellas un gorila de 200 kilos".

Gorila

Los dos aventureros consiguieron su objetivo. "Estuvimos a dos metros de los gorilas. No es muy seguro, pero todo fue bien. Para acercarnos tuvimos que llevar mascarilla. Ya era obligatorio antes del covid porque son animales propensos a las enfermedades respiratorias".

Los guardabosques los visitan con frecuencia. Su misión es proteger a los primates del furtivismo. "Hay quien paga 300.000 euros por una mano de un gorila, tres millones por los colmillos de un elefante y cantidades elevadísimas por un cuerno de rinoceronte. Por ese motivo casi no quedan. El rinoceronte fue el único animal al que no nos dejaron acercarnos. Solo lo vimos con prismáticos".

Álex Fernández comenta que en el Congo "todo funciona a base de sobornos, de propinas. Un blanco es un cajero con patas, aunque el ánimo de lucro es moderado". Y por supuesto es imposible moverse sin escolta armada. "No hay una agencia que te lleve hasta allí. Tienes que llegar tú. El último día tuvimos que correr para salir del país porque a las tres de la tarde cerraban la frontera. Al día siguiente mataron a 23 personas".

Pero antes de salir, hicieron amigos. "Yo llevaba lápices del Real Madrid y del Barça y mi compañero un balón. Se los dimos a los niños, en los colegios. Primero se escondían, pero en cuanto veían los lápices ya teníamos 200 alrededor".

La expedición por Tanzania fue más tranquila. "Nos levantábamos muy temprano para recorrer la sabana. Pasábamos diez u once horas dentro de un todoterreno y logramos ver de todo. Los animales están acostumbrados. Un coche ni se come ni ataca. Para ellos es como un árbol que se mueve, lo ignoran. Un día, después de cazar y darse un festín, una leona se acostó a la sombra de nuestro todoterreno para descansar. La tuve a 60 centímetros, pero ni se inmutó, aunque probablemente me arrancase el brazo si llego a sacarlo por la ventanilla".

En Tanzania descubrieron un país que aprovecha el turismo, "con mano de obra abundante y tan barata que en los hoteles ni compran una lavadora. Les resulta más barato tener gente para lavar a mano, una persona para regar las plantas, otra para limpiar la fuente y otra para barrer el camino". 

Ruanda no quiere plástico

Para llegar a su destino, pasó por otros países. "Cada uno es un mundo. En el Congo apenas hay asfalto, es todo barro, pero la gente consigue caminar sin mancharse, no sé cómo lo hacen. Pero lo que más me sorprendió fue la limpieza que hay en Ruanda. Está prohibido el plástico. Yo llevaba ropa limpia en una bolsa y sucia en otra. En la frontera me la mezclaron y me retiraron las bolsas porque no se puede entrar con plástico en el país".

Estos días, el viajero intenta poner orden en sus recuerdos. "Llevé de todo, desde la cámara Leica hasta el Iphone. Tengo miles de fotos", comenta. Las imágenes le ayudarán a contar su historia, pero las sensaciones son intransferibles, hay que vivirlas.

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