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Cuando el covid llama a la puerta

Un operario desinfecta la entrada de un colegio en Lugo. ADRA PALLÓN
Un operario de Urbaser desinfecta la entrada de un colegio en Lugo. ADRA PALLÓN
Los lucenses contagiados en la segunda ola relatan cómo la enfermedad les cambió la vida y sembró sus días de dudas y miedo

LA SEGUNDA ola de coronavirus ya ha llegado pese a que las temperaturas son agradables y disfrutamos de un otoño especialmente cálido. Cuando el invierno aún no asoma sus orejas, el covid-19 avanza sin tregua y no conoce límites. En esta nueva etapa ha variado el perfil de los pacientes: hay más gente joven contagiada, se detectan más asintomáticos y la presión en las unidades uci menor a la de la primera ola. Pero la pandemia ya le ha jugado una mala pasada a muchos lucenses.

Al piloto de Lugo Jorge Prado el covid le ha dejado fuera del Mundial de motocross, una competición que se reanudaba en agosto con el Gran Premio de Letonia. En esa y en las siguientes carreras Prado cosechó grandes resultados, hasta que se contagió y tuvo que confinarse. Ya ha dado negativo, pero arrastra una infección de pulmón que le impide volver a la arena y le aleja por completo del título.

"Ya no estoy confinado, pero tengo una infección que si no cuido puede mermar mi capacidad pulmonar a largo plazo —explica por teléfono desde Italia—. Así que no tengo fecha de vuelta, el covid me ha dejado sin posibilidades de luchar por el Mundial".

Jorge Prado. RAY ARCHER_

Jorge tiene 19 años, está en buena forma física y en los últimos meses ha vivido en una burbuja. Sus rutinas se limitaban a los entrenamientos, las competiciones y la vida doméstica. Minimizó salidas y contactos e incrementó medidas sanitarias al extremo, pero aún así se contagió. "No me explico cómo pasó. Es una enfermedad muy desconocida y, por ejemplo, gente de mi burbuja con la que estuve el mismo tiempo y en las mismas condiciones, una se contagió y otra no", añade.

Jorge Prado: "El covid me alejó por completo de la posibilidad de luchar por el Mundial de motocross"

Dio positivo antes del Gran Premio de Lommel (Bélgica) y al instante se aisló. En las jornadas siguientes tuvo síntomas similares a los de un ligero resfriado, con unas décimas de fiebre y cansancio. Además, perdió el olfato y el gusto, pero en ningún momento se sintió especialmente enfermo. "Sin embargo, una placa determinó una infección pulmonar", resalta.

Reconoce que fueron semanas duras. Que el confinamiento se hizo cuesta arriba en algunos momentos y que le genera mucha angustia la posibilidad de haber contagiado a otras personas, pero también se siente un privilegiado por los medios que tuvo a su alcance y agradece especialmente las muestras de apoyo que ha recibido. "Es doloroso renunciar a los sueños que tenía para esta temporada, pero hay que afrontarlo", concluye.

Ildefonso Piñeiro. EP

TOCA PARAR. Del giro que da la vida cuando uno es positivo en covid también habla Ildefonso Piñeiro. Este chantadés, enfermero de profesión, lleva meses en primera línea de la pandemia. Desde el centro de salud de Chantada ha atendido a pacientes, organizado cribados y hecho seguimientos. También trabaja en la residencia de grandes dependientes de Bóveda, donde se ha registrado un brote en esta segunda ola.

Ildefonso Piñeiro: "Teño moita sensación de abandono. Os contaxiados somo números sometidos ao terceiro grao"

Pese a su estrecho contacto con la enfermedad, Ildefonso Piñeiro no se contagió en la primera ola. Le tocó ahora. De un momento a otro se ha visto encerrado en casa, sin apenas síntomas y todavía con el subidón de adrenalina de quien lleva meses al pie del cañón. Dice Ildefonso que este es su primer confinamiento (en primavera, cuando se cerró todo, él salía a diario para trabajar) y asegura que no se imaginaba lo lento que pasa el tiempo. "As horas semella que teñen 120 minutos", relata.

En las últimas semanas no llegó a ninguna conclusión sobre cómo y cuándo pudo infectarse y añade que en su caso, que solo perdió el olfato y el gusto un par de días, lo más duro es el aspecto psicológico.

"O illamento é duro, estás pechado nunha habitación e fóra de todo. Cansas de ver series, de ler e de todo, pero creo que o máis duro é o medo a ter contaxiado a alguén. Esa preocupación cómete", asegura. Como sanitario, sabe que la evolución del covid es imprevisible y eso también genera angustia a "como estarás dentro dunhas horas ou mañá. Somos adictos ao termómetro e ao pulsioxímetro", detalla.

Asegura que esta experiencia transformó su vida y que "anque estaba moi afeito ao covid non o vivira como paciente, e cámbiache totalmente a perspectiva das cousas. Eu estou ben de saúde, e con todo, teño moitos altos e baixos de ánimo, así que para unha persoa que sofre síntomas graves ten que ser unha situación aterradora. Hai que estar todo os días só, sen máis contacto cos teus ca o móbil no caso de que poidas usalo e somos persoas sociables, necesitamos dos demais, de falar, de querernos, de desafogar", insiste. "Cando entras na habitación dun paciente de covid os seus ollos están tristes e o xesto entregado, entregado a que lle fagas, o que sexa para saír desta. Agora que fun paciente, entendo mellor o seu sentimento, o seu estado emocional", detalla.

A este profesional, lo que le ha pasado también le deja una sensación especialmente amarga de descontento con la gestión de la pandemia y los protocolos: "A miña sensación é de abandono, de que os contaxiados somos números ou máquinas e que te someten a un terceiro grao. Cando te chaman hai unha serie de preguntas que son estúpidas ás claras. Eu compartín máis dunha vez despacho con dúas ou tres persoas para organizar traballo, quendas, probas médicas... e parece ata que che cuestionan que te xuntaras para iso. E xa nin che digo se tomas un café", valora. "Non poño en dúbida o traballo dos compañeiros, que fan enormes esforzos para que todo saía adiante, pero si cuestiono o sistema, os rastrexadores que non se sabe quen son, as diverxencias nos protocolos", denuncia.

EL RECHAZO. En el brote de Outeiro de Rei se contagió en el mes de septiembre Mercedes Roca Freijomil, auxiliar de enfermería de la residencia Domus Vi. Se levantó una día sin olfato ni gusto y, dado que el brote ya se había iniciado, se aisló de inmediato. "Llevaba desde finales de agosto sin reunirme con amigos y sin ir a visitar a familiares porque la situación en la residencia era complicada y ese día me metí en casa ya sin esperar lo datos de la PCR, que luego dio positiva", apunta.

Mercedes Roca: "Hay gente que te arropa, pero otra que huye de ti, aunque ya seas negativa"

Además de la pérdida de olfato y gusto, Mercedes tuvo conjuntivitis y diarrea leves, mucho cansancio y dolor muscular. "Los dolores todavía los noto en la actualidad", apunta. Esta mujer vive con su marido y sus dos hijos. De ellos, solo se contagió el mayor, que tuvo mocos y diarrea. La familia reside en el medio rural y eso "ayuda mucho en un confinamiento, nada que ver con aislarse en un piso", dice.

Mercedes Roca

Como todo paciente de coronavirus, el miedo también apareció durante los 22 días de enfermedad de Mercedes. "El temor a cómo va a evolucionar la salud de uno y a contagiar están ahí, pero por ejemplo ahora, que ya estoy recuperada, tengo miedo a volver a cogerlo, porque después de un primer contagio creo que puedo ser más vulnerable que una persona sin antecedentes. Están las cosas tan confusas en este ámbito que no sabes si estás más o menos preparado que una persona que no lo haya tenido. Mis niveles de inmunidad no eran muy altos en las últimas pruebas", apunta.

Esta profesional se enfrenta a otras dos cuestiones en las últimas semanas. De un lado, al rechazo social: "No escondo que tuve covid y aunque mucha gente me arropó, también hubo otra que se olvidó de mí y todavía hay alguna, incluso compañeros, que se apartan cuando me acerco. Tienen miedo a contagiarse". Además, le afecta el impacto de la pérdida de varios usuarios de la residencia. «Tenía muchas ganas de reincorporarme al trabajo, pero el regreso es complicado, hubo pacientes que no salieron y para nosotros son nuestra familia. Es doloroso", concluye.

Mateo Díaz: "Me genera angustia no entrenar, pero soy afortunado porque no tengo síntomas"

Mateo Díaz. ARCHIVO

ASINTOMÁTICO. El argentino Mateo Díaz llegó a Lugo en agosto para incorporarse a la plantilla del Leche Río Breogán, pero antes del partido ante el Leyma Coruña su PCR dio positivo. "Por suerte no tuve síntomas y estoy casi seguro de no haber contagiado a nadie, lo que me alivia. Ahora echo de menos no estar en la cancha con los compañeros entrenando y haciendo lo que más me gusta: jugar al baloncesto", afirma.  "Estoy disgustado, pero soy un privilegiado porque me encuentro bien de salud y hay gente que lo está pasando muy mal a causa del covid", valora.

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