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Así funcionará en Lugo el hospital de día de Psiquiatría para niños y jóvenes

Personal del hospital de día y del área de salud mental infanto-juvenil. SEBAS SENANDE
Personal del hospital de día y del área de salud mental infanto-juvenil. SEBAS SENANDE
Salud Mental detecta un aumento de los intentos de suicidio de hasta un 60 por ciento y cada vez en edades más tempranas

El área sanitaria de Lugo pone en marcha un hospital de día de Psiquiatría que dará tratamiento intensivo a niños y jóvenes con trastornos mentales graves, el cuarto de la comunidad según recordó este viernes el conselleiro, Julio García Comesaña. Que cada una de las áreas gallegas tuviera una de esas unidades se fijó en el plan de salud mental del Sergas aprobado antes de la pandemia, pero esta acabó por revelar hasta qué punto son necesarias.

"Especialmente este último año han crecido mucho los intentos autolíticos, diría que sobre un 60%. Y son más precoces, hemos tenido casos de niños de 11 años y hasta alguno de 10. También vemos muchos más trastornos de la alimentación, del espectro autista sin diagnosticar y de ansiedad. Han crecido los ingresos", explican Yolanda Carballeira y Cristina Lastra, psiquiatra y psicóloga clínica de la unidad de salud mental infanto-juvenil, cuyos pacientes tienen hasta 16 años.

La atención psiquiátrica a jóvenes en Lugo se completaba con el programa de transición a la vida adulta, un dispositivo temporal para aquellos pacientes que, al cumplir los 16, no están aún preparados para acudir a las consultas de adultos, que es lo que les correspondería por edad. Atienden a pacientes de entre 16 y 21 años.

Ahora se le suma el hospital de día, del que se lleva casi un año preparando un plan funcional y que se ubicará físicamente, al menos por el momento, en una unidad de hospitalización de Pediatría con escaso uso. Allí acudirán los pacientes con trastornos graves, que se puedan beneficiar de una intensificación del tratamiento, que requieren más tiempo del que se ofrece en una consulta.

ALIMENTACIÓN. La psiquiatra de esta unidad, que es también la del programa de transición a la vida adulta, Cristina Casal, explica que, fundamentalmente, dará atención a tres grupos. Uno de ellos serán las pacientes que tienen trastornos de alimentación, de los que ha habido "una verdadera explosión" en los dos últimos años. Doce incluso requirieron un ingreso. El tratamiento para estas pacientes —son chicas en una abrumadora mayoría— comienza con un proceso de acogida diario, según explica la enfermera especialista Elvira Pértega. Se ayudará al grupo a conocer la enfermedad o hacer reflexión emocional. Habrá psicoterapia y también harán en la unidad el momento de la comida en sí, para avanzar en normalizar la relación con la comida, que está muy dañada. "El objetivo es revertir esa idea de la comida como invasión y que la perciban como cuidado", explica.

También se incluye un período de reposo tras la comida, en el que se hará una actividad relajante como ver una película o seguir una sesión de midfulness. Comer provoca culpa en estas pacientes por lo que en el momento inmediatamente posterior tienden a vomitar o hacer ejercicio por lo que se considera clave que tengan ese espacio de reposo.

El segundo grupo de pacientes que constituirá el grueso de los que acudan al hospital de día será el de trastorno mental grave. Los profesionales están viendo más brotes psicóticos entre jóvenes, también más trastornos de conducta y más graves, así como diagnósticos de trastornos de espectro autista que ocurren más tarde y con pacientes que manifiestan más problemas. La doctora Casal explica que todos están relacionados con el parón en la socialización al que obligó el confinamiento y la actual exigencia de recuperar esas habilidades sociales que no se pudieron aprender gradualmente.

Por ejemplo, a algunos niños con un trastorno del espectro autista, el confinamiento les alivió la presión de las relaciones sociales. La psicóloga clínica del hospital de día, Delia Guitián, explica que a aquellos que tenían problemas para relacionarse y socializar esa medida se los evitó. Pero también les restó una aproximación progresiva a ellos, hizo que no se enfrentasen poco a poco a todas esas situaciones en las que los adolescentes aprenden a moverse por el mundo y a tratar con los demás.

Para los que tienen trastornos severos la vuelta a la normalidad tras la ‘burbuja’ del confinamiento puede ser especialmente dura. Para los que los tenían leves, la pérdida de oportunidad de hacerse con todas esas habilidades sociales les pesa ahora en mayor medida que si hubieran ido haciéndose con ellas poco a poco y pudo haber retrasado su diagnóstico.

AUTOLESIONES. El tercer grupo de pacientes que se tratará en el hospital de día será el que tiene inestabilidad emocional y riesgo de suicidio. Es el que registra un mayor aumento de casos desde la pandemia, junto con los trastornos de la alimentación. Los profesionales ven intentos autolíticos así como muchos casos en los que el niño o el joven, sin llegar aún a intentarlo, tiene ideación suicida. También les llegan muchos casos de autolesiones. "Te lo cuentan ellos, que lo que les está pasando se les hace tan difícil de asumir que prefieren el dolor físico", apunta la doctora Casares. Después de que les funcione una vez, de que la autolesión les evada de esa situación anímica que les abruma, tienden a repetir y a convertirlo en una adicción.

La falta de socialización del confinamiento y a la que obligaron posteriores restricciones de la pandemia ha perjudicado muy especialmente —según explica Guitián— a los niños que empezaron la pandemia con 13 y tienen ahora 15 años. Ese es el período en los que los jóvenes empiezan a relacionarse sin supervisión paterna, a adquirir habilidades sociales y a ampliar su círculo. Pero estos lo pasaron, en gran medida, en soledad. Ahora las relaciones son fuente de dudas, sufrimiento e inseguridades. "Te cuentan que tienen miedo a hablar demasiado o muy poco, no saben si cansan a los demás...", explica y añade que "se refugiaron en las pantallas, algo que ya venía pasando pero que aumentó muchísimo en la pandemia". Dentro de ese grupo de pacientes hay otro que presenta varios de esos problemas a la vez: ideación suicida, problemas alimentarios que no llegan a ser trastornos graves, autolesiones...

El hospital de día viene a completar la cobertura psiquiátrica de menores en el área sanitaria y a atender una necesidad evidente. El hecho de que sea preciso deja patente, según recordó Pértega, grandes carencias en materia de prevención en salud mental de niños y jóvenes. A eso se le suma que las medidas tomadas en la pandemia se acordaron teniendo en cuenta únicamente la perspectiva de los adultos, perjudicando de forma clara a los niños y por eso ahora están aflorando tantos casos de problemas iniciados o consolidados en ese período.

Aun así Pértega insiste en que el problema es anterior y de base. "La pandemia pudo suponer un pico, pero llevo 15 años trabajando y el crecimiento de la problemas de salud mental en niños es progresivo y constante", dice.

Un mínimo de nueve meses
Para ser eficaces, los tratamientos que se administren en el hospital de día tienen que tener una duración mínima. La psicóloga clínica Delia Guitián explica que suele considerarse como tal los nueve meses.

"Tres son para acogida, la toma de contacto, otros tres de tratamiento intensivo y otros tres de despedida", apunta. Podrán tener otras duraciones, en caso de que un paciente requiera más o menos tiempo, pero lo habitual será ese mínimo.

Agudos en Santiago
Los pacientes psiquiátricos lucenses que tienen que ser hospitalizados y que son menores de edad o bien son derivados a la unidad de agudos del hospital de Santiago o lo hacen en la de adultos de Lugo o, en algunos casos de niños, son hospitalizados en Pediatría del Hula. El Sergas abrirá otra unidad de agudos para niños y jóvenes en Vigo.

Menos ingresos
Las hospitalizaciones de los menores se edad seguirán haciéndose como hasta ahora, pero se espera que la actividad del hospital de día ayude también a reducir los ingresos de este grupo de pacientes.

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