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Rehabilitación cardíaca

El ejercicio físico y el cambio de hábitos de vida para combatir hipertensión, diabetes o tabaquismo son claves en la rehabilitación del paciente tras sufrir alguna cardiopatía

LAS ENFERMEDADES cardiovasculares son la primera causa de mortalidad en los países desarrollados, en especial la cardiopatía isquémica, originando un gran porcentaje de discapacidad y un enorme gasto económico.

Por eso es necesario promover estrategias de intervención que disminuyan la morbimortalidad por este tipo de enfermedades, aumenten la calidad de vida y faciliten la reintegración social y laboral, pero que además tengan una eficacia demostrada. Para ello se han diseñado los Programas de Rehabilitación Cardiaca (PRC).

¿Qúe es un PRC? Es un conjunto de medidas que pretende modificar el estilo de vida del paciente hacia un hábito cardiosaludable. Un PRC se fundamenta sobre dos pilares: el ejercicio físico y la educación sanitaria para la concienciación del control de los factores de riesgo cardiovascular como hipertensión, diabetes, dislipemia, tabaquismo, sedentarismo u obesidad.

¿Desde cuándo se utilizan? El uso de esta terapia comenzó a finales de los años 70, tras comprobarse que el reposo prolongado tras un infarto agudo de miocardio, tratamiento estándar en ese momento, tenía peor pronóstico que la movilización precoz y el ejercicio físico.

¿En qué consiste el entrenamiento físico? En un entrenamiento de tipo aeróbico que se ha de realizar 3-5 veces/semana durante 4-12 semanas, en sesiones de 45-60 minutos, cada una de las cuales consta de 3 fases: 10-15 primeros minutos de ejercicios de calentamiento, 30-45 minutos de endurecimiento en bici o cinta rodante a la intensidad de la frecuencia cardíaca pautada y últimos 10-15 minutos de enfriamiento y ejercicios de relajación. Además, se instaura un programa domiciliario de marchas. Este entrenamiento está diseñado individualmente para cada paciente según su riesgo, que viene determinado por el tipo de cardiopatía, sus complicaciones y los resultados de las pruebas complementarias.

¿En qué consiste la educación sanitaria? En charlas informativas, generalmente grupales y con periodicidad semanal, en las que se tratan temas como conocimiento de la cardiopatía isquémica, factores de riesgo cardiovascular, beneficios del ejercicio físico o técnicas de relajación.

¿Dónde se desarrollan? Los pacientes de alto riesgo deben realizarlo en ámbito hospitalario. En los últimos años han salido estudios que avalan su aplicación extrahospitalaria en pacientes de bajo riesgo o sin cardiopatía pero con factores de riesgo cardiovascular. No debemos olvidar que el ejercicio físico es solo una parte del tratamiento, por lo que aunque un paciente no pueda realizarlo, sí puede beneficiarse del resto del programa.

¿Qúe pacientes pueden realizarlo? Inicialmente se indicaban casi exclusivamente en pacientes que habían sufrido un infarto agudo de miocardio. A día de hoy, esa sigue siendo su principal indicación, pero estudios posteriores han permitido ampliar las indicaciones a otro tipo de patologías cardiacas, como la insuficiencia cardiaca crónica, las valvulopatías, el transplante cardiaco o postangioplastia coronaria. Asimismo, también lo pueden realizar aquellos sujetos sanos con factores de riesgo cardiovascular.

¿Cuáles son sus contraindicaciones? No deben realizarlo aquellos pacientes con aneurisma de aorta, estenosis severa al tracto de salida del ventrículo izquierdo o enfermedades cardiacas o metabólicas no controladas.

¿Presentan complicaciones? Las complicaciones más frecuentes que obligan a la interrupción del ejercicio son menores, como mareo, fatiga respiratoria, cansancio, palpitaciones, hipertensión o hipoglucemia. Las complicaciones mayores como la parada cardiaca son poco frecuentes, estimándose que ocurren eventos fatales en el 0,02% de los sujetos que lo realizan.

¿Realmente funcionan? Existe evidencia científica que demuestra que los PRC disminuyen la mortalidad por cualquier causa en un 27%, disminuyen la mortalidad de origen cardíaco en un 31%, mejoran el control de los factores de riesgo cardiovascular y aumentan la capacidad funcional.

Esto hace que disminuya el número de eventos coronarios y la hospitalización consiguiente, mejore la calidad de vida del paciente y facilite su reinserción social y laboral, siendo por tanto económicamente rentables.

En definitiva, es recomendable que aquellos pacientes que presenten factores de riesgo cardiovascular o hayan sufrido un infarto agudo de miocardio soliciten una consulta médica con el rehabilitador, que le ayudará a conseguir y mantener un hábito de vida cardiosaludable.

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