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Cs quema en Madrid su penúltimo cartucho

Edmundo Bal. ALEJANDRO MARTÍNEZ
Edmundo Bal. ALEJANDRO MARTÍNEZ
Una nueva derrota electoral deja al partido hundido

Ciudadanos ha vuelto a encadenar en la Comunidad de Madrid una nueva derrota electoral y esta vez incluso pasa a ser una fuerza extraparlamentaria después de haber sido la tercera fuerza madrileña y haber compartido gobierno con el Partido Popular.

Es la quinta derrota de Cs en poco más de un año, empezando por el hundimiento con Albert Rivera en las últimas generales (10 noviembre 2019, los fracasos previsibles en Galicia y el País Vasco y la debacle en las catalanas.

Ahora el partido naranja ha perdido Madrid, una de sus principales plazas, un golpe durísimo anunciado por la mayoría de las encuestas, que no ha podido parar Edmundo Bal pese a inmolarse para conseguir un reto que se intuía imposible.

Y así ha sido, de 26 diputados autonómicos y el 19,46 por ciento de los votos en las autonómicas de 2019 a cero escaños y el 3,56 por ciento de los sufragios, lejos del 5 por ciento necesario para haberse podido mantener en la Cámara regional aunque fuera por la mínima.

Ciudadanos se queda tambaleando, aunque Bal, tras asumir esta inmensa derrota, ha expresado su determinación, en su caso desde el Congreso, y la de su partido, a seguir trabajando para que el espacio de centro tenga su hueco en la política y sea "el antídoto frente a los extremismos".

Muy tocado se queda también el liderazgo de Inés Arrimadas, aunque las fuentes de la dirección consultadas apuestan por su continuidad al mando del proyecto y aseguran que nadie va a dimitir porque "Madrid no es España".

Pese a la nueva debacle, Cs sigue apostando por esa misma estrategia que con Arrimadas había reorientado en el centro después de que Rivera lo escorara a la derecha y justo estaban inmersos en ese proceso de asentamiento ideológico cuando se produjo el paso en falso de la moción de censura en Murcia, en marzo, y de un plumazo lo han perdido casi todo.

Este es el escenario en el que se ve Ciudadanos tan solo dos años después de haber tenido la posibilidad de llegar a la Moncloa con Pedro Sánchez y gobernar con una comodísima mayoría absoluta, pero Rivera se empecinó en el veto al líder socialista y, a partir de ahí, el partido ha ido desescalando hasta llegar al 4M y a su desaparición de la política madrileña.

Por delante, Ciudadanos tiene en principio dos años hasta las próximas generales y autonómicas para intentar recuperar algo del patrimonio perdido y poder mantenerse a flote tirando de lo que aún retiene: Andalucía, Castilla y León, el ayuntamiento de la capital y algunos otros municipios pequeños más el altavoz que le dan los nueve escaños del Congreso (perdió uno en la fuga de cargos que siguió a la moción fallida de Murcia, que se pasó al Grupo Mixto).

Es un contexto muy difícil para repescar a esos votantes naranjas que ha ido perdiendo en estos meses y que en la jornada de este martes han votado en masa a Isabel Díaz Ayuso, que culmina en Madrid el proceso de absorción de los naranjas.

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